El bolívar cerró 2025 con una devaluación del 82,7% frente al dólar estadounidense en el mercado oficial, registrando una brecha significativa respecto a la tasa paralela.
Al finalizar la última jornada laborable del año, el tipo de cambio oficial fue de 301,37 bolívares por dólar, un aumento notable frente a los 52,02 bolívares de inicios del año.
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En contraste, en el mercado paralelo el dólar superó los 560 bolívares, ampliando la diferencia entre ambas tasas de cambio.
El dólar oficial en Venezuela sirve de referencia para la fijación de precios de bienes y servicios en el país. La disparidad entre la tasa oficial, determinada diariamente por el Banco Central de Venezuela (BCV), y el valor del mercado paralelo genera incertidumbre y afecta la economía cotidiana de la población.
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Mientras el BCV ubicó el dólar en menos de 302 bolívares en el cierre anual, la cotización paralela rebasó los 560 bolívares, lo que ha incrementado la dificultad para cubrir necesidades básicas.
El salario mínimo en Venezuela permanece estancado desde 2022 en 130 bolívares, lo que equivale a solo 0,43 céntimos de dólar, según el tipo de cambio oficial más reciente.
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Para enfrentar las consecuencias de este bajo ingreso, las autoridades han implementado bonos gubernamentales de hasta 160 dólares mensuales, calculados al tipo de cambio oficial: uno denominado “ingreso de guerra económica” de 120 dólares y otro bono de alimentación de 40 dólares, que también se otorga a trabajadores privados.
A pesar del apoyo que ofrecen estas asignaciones, no forman parte del salario base ni impactan en el cálculo de los beneficios laborales.
El incremento de la brecha cambiaria y la rigidez de los ingresos ha tenido un efecto directo en los precios y en el poder de compra. El dirigente opositor y diputado electo Henrique Capriles señaló que “los precios se fijan al dólar más alto, pero los ingresos se ajustan al más bajo”, y advirtió que este diferencial actúa como un “impuesto silencioso” que incrementa la pobreza y deteriora las condiciones de vida de quienes perciben remuneraciones en bolívares.
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Actualmente, el país afronta una falta de datos oficiales sobre inflación, ya que el Banco Central de Venezuela suspendió la publicación de estos indicadores desde octubre de 2024, coincidiendo con la expansión de la brecha cambiaria.
Esta ausencia de cifras limita el análisis sobre el comportamiento real de precios y el impacto en el poder adquisitivo de la población.
El sostenido diferencial entre el tipo de cambio oficial y el paralelo se consolida como un factor que profundiza la crisis para quienes dependen de ingresos en moneda local, restringiendo la capacidad de afrontar el aumento de los precios y acentuando las dificultades sociales y económicas en Venezuela.
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