
"No es lo que dijo, sino cómo lo dijo". ¿Cuántas veces la forma en que transmitimos lo que pensamos ha sido el desencadenante de una pelea con nuestra pareja, amistades o en el trabajo? A veces, lo que puede molestar en una conversación son los gestos y actitudes con los que se acompaña el discurso.
La comunicación no verbal ha empezado a ser analizada hace unas décadas al reconocerse como una parte fundamental del "cara a cara". Mover la cabeza para afirmar o negar, fruncir el ceño en señal de enfado, levantar las cejas como desaprobación, encogerse de hombros indicando no comprensión, son sólo algunos de los gestos que ya se transformaron en universales al no depender del idioma típico de cada cultura.
Por eso, la interpretación de estos movimientos sutiles es fundamental para potenciar nuestras relaciones sociales, ya sea en el ámbito del trabajo, del estudio o el familiar. Porque la habilidad para desentrañar los gestos no es otra cosa que aquel denominado "sexto sentido".

Aprender a recibir adecuadamente los mensajes de la comunicación no verbal del otro y, a la vez, poder controlar nuestros ademanes, es esencial para afirmarnos en una posición de entendimiento y diálogo. Desde el ámbito de la psicología, Albert Mehrabian, profesor emérito de la Universidad de Los Ángeles, Estados Unidos, llevó a cabo experimentos sobre actitudes y sentimientos, y dilucidó que muchas veces la comunicación verbal es ambigua.
Sólo el 7% de la información es atribuida a las palabras, mientras que el 38% se concentra en la voz, conformada por la entonación, proyección, resonancia, tono; y el 55% al lenguaje corporal, es decir, a los gestos, posturas, movimiento de los ojos, respiración, acompañamiento de las manos.
A través de esta afirmación, se pudo descubrir el poder de los gestos: mientras el componente verbal se utiliza para brindar información, el no verbal es expresado para comunicar estados y actitudes personales.
Forma vs. contenido

Tanto si somos emisores como receptores, ¿cómo hacemos para mantener las formas y modales en situaciones delicadas? ¿Cómo interpretamos lo que se dice, y cómo se dice, sin caer en confusiones?
La psicóloga Gabriela Fernández, del Centro de Estudios para el Estrés y la Ansiedad HEMERA, advierte que todo mensaje está compuesto de dos partes: forma y contenido. Cuando éste es "amigable", no hará tanta falta poner el acento en cuidar aquélla, aunque si se trata de un mensaje que busca poner límites, determinar posturas, o presentar un desacuerdo, hay que prestarle mucha atención a la forma. Pero…¿qué significa "cuidar la forma"?
Para Fernández, se trata de "buscar que nuestro interlocutor no se distraiga con otra cosa que no sea el mensaje que queremos que le llegue. Significa ser claros y respetuosos, tanto como receptores como siendo emisores. El límite que queremos poner tiene que estar acompañado por una actitud tranquila pero firme".
Estilo propio
Por otro lado, la psicoanalista y coordinadora de Fundación Buenos Aires, Adriana Martínez, reafirma que "es indispensable tener de antemano lo más claro posible qué es lo que queremos decir, en qué términos, cuáles son las razones que nos inspiran en nuestra decisión. Entender y hacer entender que cada uno es libre de elegir y, consecuentemente, de hacerse responsable de lo que elige".
Entonces, el primer paso para una comunicación efectiva es pensar y analizar cuál es la postura que queremos tomar y qué gestos acompañarán nuestras palabras. En segundo lugar, debemos estar atentos y abiertos a tratar de comprender lo que el otro tiene para decirnos, gestual y verbalmente. Martínez aclara que las formas y los modales se relacionan con el estilo de cada persona, siendo más o menos parcos, efusivos, empáticos o reservados. Lo importante es mantener una coherencia entre lo que se dice y lo que se expresa con los gestos.
Estar abiertos a las formas y maneras de cada persona es fundamental para poder entablar una conversación o discusión basándose en el respeto, sin caer en ningún tipo de agresión.
Los más comunes

Hay ciertos modos, posturas y hasta expresiones que dicen más que las propias palabras. Te presentamos los más generales, para que te ayuden a interpretar a quienes te rodean en tu vida cotidiana.
-Gestos que denotan mentira: rascarse el cuello, tirarse del cuello de la camisa, apretar los dientes, reírse con la boca muy cerrada y los dientes apretados.
-Muestras de inseguridad y de nerviosismo: morderse las uñas, chasquear los dedos o repicarlos sobre la mesa en medio de una conversación.
-A la defensiva: cruzar los brazos o mantener los puños cerrados no sólo son signos que pueden presentar desprecio, preponderancia o aburrimiento, sino que se asocian a una actitud hostil, dependiendo siempre de las circunstancias.
-Miradas cruzadas: mientras que los ojos muy abiertos denotan sorpresa y admiración, los ojos forzadamente cerrados denotan desconfianza, seriedad o desaprobación.
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