Compartir la vida pero no la cama: cuándo el “divorcio del sueño” puede ayudar a la pareja

Especialistas sostienen que priorizar el descanso individual puede reducir tensiones vinculadas con las noches interrumpidas

Ilustración en acuarela de un hombre y una mujer durmiendo en una cama con pijamas a rayas, junto a una mesa de noche con lámpara y una alfombra.
El descanso separado permite adaptar las rutinas nocturnas a las necesidades de cada integrante de la pareja. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Dormir en habitaciones distintas no equivale, por sí solo, a una ruptura. Puede ser un acuerdo para proteger el descanso de ambas personas cuando los hábitos nocturnos vuelven difícil compartir la cama.

El descanso separado aparece en casi un tercio de los adultos estadounidenses

La llamada “separación del sueño” describe la decisión de dormir en camas distintas dentro de una misma habitación o en espacios diferentes del hogar para acomodar las necesidades de la pareja.

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Una encuesta de 2025 de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM) indicó que el 31% de los adultos de Estados Unidos recurre a esa alternativa. El estudio, realizado en línea a 2.007 personas, tuvo un margen de error de dos puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%.

Ilustración de una pareja en una cama dividida, la cifra del 31 por ciento e íconos informativos sobre los hábitos nocturnos.
El 31% de los adultos estadounidenses recurre a camas o habitaciones distintas para dormir. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La medida no permite extraer conclusiones sobre la situación afectiva de quienes la adoptan. Sus motivos pueden ser prácticos y recurrentes, entre ellos:

  • Ronquidos u otras interrupciones nocturnas
  • Horarios distintos para acostarse o despertarse
  • Movimientos durante la noche
  • Diferencias respecto de la luz, ruido o temperatura del cuarto
  • La necesidad de leer o utilizar una alarma sin alterar a la otra persona

El mismo relevamiento señaló que el 37% de los encuestados se acuesta a una hora distinta de la que preferiría para adaptarse a su compañero o compañera de cama. Entre las personas de 35 a 44 años, el 39% informó que duerme en otra cama o en otro espacio para acomodar a su pareja.

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Los resultados corresponden a una muestra estadounidense y no representan por sí mismos a otros países. La encuesta de la AASM sobre el fenómeno detalla su metodología y alcance.

Hombre durmiendo plácidamente en una cama blanca junto a una mujer despierta, con el cabello suelto, apoyando la barbilla en su mano, en una habitación oscura.
Los ronquidos y los movimientos nocturnos figuran entre los motivos para dormir separados. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La calidad del sueño tiene efectos que exceden la rutina nocturna

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que el sueño es una necesidad humana básica, vinculada con la salud, calidad de vida y desempeño diurno. En un informe técnico sobre sueño y salud, el organismo relacionó el descanso insuficiente o fragmentado con somnolencia, fatiga, deterioro de la atención y dificultades para regular las emociones.

El documento también recoge asociaciones entre los trastornos del sueño y problemas cardiovasculares, diabetes y obesidad, sin presentar esas relaciones como una causalidad automática. Además sobre el impacto de la falta de descanso en la seguridad y el rendimiento durante el día.

Esa dimensión sanitaria explica por qué una pareja puede discutir su organización nocturna sin convertirla en un indicador de cercanía o distancia emocional.

Vista cenital de una cama doble. Mujer duerme boca arriba, hombre boca abajo, ambos con pijama y cubiertos, en una habitación oscura por la noche.
La luz, el ruido y la temperatura influyen en la organización del sueño de las parejas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

AD Magazine recoge las declaraciones de Wendy Troxel, investigadora en ciencias del comportamiento, donde sostuvo que el sueño saludable es un requisito para la salud, rendimiento y una vida larga.

Troxel también señaló que dormir mal puede volver a las personas más impacientes y reactivas, con consecuencias para la comunicación y conexión dentro de la relación.

La propuesta no consiste en establecer dormitorios separados como regla. Sino en reconocer que la convivencia nocturna exige acuerdos compatibles con las necesidades de sueño de cada integrante.

Una pareja duerme en una cama, el hombre boca arriba y la mujer boca abajo, cubiertos con sábanas grises. La luz del sol entra por la ventana.
Las parejas pueden establecer acuerdos nocturnos sin interpretar la separación como una ruptura. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los acuerdos de pareja pueden priorizar necesidades distintas

El especialista en medicina del sueño Ingo Fietze comparó el descanso con otros hábitos de prevención, como la alimentación y actividad física. Las parejas ya aceptan que cada persona puede tener rutinas diferentes en esos ámbitos. Según expresó al medio, ese criterio también podría aplicarse al sueño.

Compartir habitación puede seguir siendo la preferencia de muchas parejas y, como recoge el texto citado, la cama compartida puede transmitir protección y seguridad.

Sin embargo, quienes afrontan interrupciones frecuentes pueden evaluar alternativas concretas. Horarios coordinados solo en algunos días, camas separadas, tapones auditivos, una segunda habitación o la consulta con un profesional de la salud si hay ronquidos persistentes, insomnio u otros síntomas.

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