Aumenta la lectura en la Generación Z: un estudio identificó cuáles son las formas más elegidas por los jóvenes

Las visitas a librerías y bibliotecas crecieron de forma notable entre 2022 y 2025, en medio de un fenómeno que los especialistas vinculan con la búsqueda de una pausa frente a la hiperconexión constante

Ilustración de un hombre leyendo un libro en un sillón, con estanterías de madera al fondo y siluetas de teléfonos con notificaciones.
Un estudio de Cambridge University Press sostuvo que la Generación Z sigue leyendo y mantiene una preferencia por los libros impresos (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La discusión sobre si los jóvenes dejaron de leer sumó un dato que obliga a revisar varios diagnósticos instalados. La Generación Z no solo sigue leyendo, sino que además muestra una preferencia sostenida por los libros impresos, según un estudio reciente sobre hábitos de lectura de los nacidos entre 1997 y 2012.

La pregunta de fondo no es menor. Durante años, buena parte del debate cultural dio por hecho que las pantallas, las redes sociales y los consumos breves habían desplazado a la lectura más tradicional. Pero los nuevos datos sugieren que esa conclusión puede haber partido de una mirada incompleta sobre cómo leen hoy los jóvenes.

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Esa tendencia aparece en un estudio publicado por la Cambridge University Press, donde las investigadoras Kathi Inman Berens y Rachel Noorda, profesoras de Portland State University, analizaron encuestas nacionales realizadas en 2020, 2022 y 2025. Las especialistas señalaron que, entre nativos digitales, el papel conserva un atractivo fuerte.

Mujer joven con cabello ondulado y gafas leyendo un libro en una mesa de madera. Hay pilas de libros y una taza humeante de té.
Las investigadoras Kathi Inman Berens y Rachel Noorda analizaron encuestas de 2020, 2022 y 2025 sobre hábitos de lectura de jóvenes nacidos entre 1997 y 2012 (Imagen Ilustrativa Infobae)

El nuevo estudio discute la idea de que la Generación Z abandonó la lectura

Uno de los aportes del trabajo es que cuestiona las herramientas con las que suele medirse el vínculo de los jóvenes con los libros. Las investigadoras explicaron que varios relevamientos influyentes no captan bien una experiencia de lectura que hoy circula entre libro impreso, libro electrónico, audiolibro y plataformas digitales.

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Ese punto importa porque modifica el diagnóstico. Si se cuentan solo las formas más clásicas de lectura, parte del fenómeno queda fuera de cuadro.

Según explicaron las autoras, la lectura multimodal, es decir, la que alterna soportes y contextos para una misma obra o para distintos textos, es una práctica habitual en esta generación.

Una mujer joven de cabello castaño corto, vestida con un suéter verde, lee un libro azul en una mesa de madera en una biblioteca. Hay otros libros y una taza de té.
El trabajo cuestionó que los relevamientos tradicionales midan de forma incompleta la lectura de la Generación Z entre libro impreso, libro electrónico, audiolibro y plataformas digitales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, indicaron que el 66% de la Generación Z se identifica como lectora, 14 puntos porcentuales más que en 2022. A la vez, señalaron que el 65% leyó al menos un libro impreso en los 12 meses previos, un resultado que contradice la idea de que el papel quedó relegado entre quienes crecieron conectados.

El auge del papel reordena un debate atravesado por pantallas, redes e inteligencia artificial

La preferencia por el libro impreso es, en este contexto, el dato más significativo de agenda. No se trata solo de un cambio de soporte, sino de una señal que entra en una discusión más amplia sobre atención, fatiga digital y formas de consumo cultural en una etapa marcada por redes sociales, recomendación algorítmica e inteligencia artificial.

Las especialistas señalaron que una parte de esa inclinación puede vincularse con la búsqueda de una pausa frente a la hiperconexión.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Las autoras señalaron que la lectura multimodal es una práctica habitual en la Generación Z y cambia el diagnóstico sobre los hábitos de lectura (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según sus datos, el libro físico ofrece una experiencia menos atravesada por notificaciones, seguimiento automático y estímulos constantes. En lugar de un rechazo de lo digital, lo que aparece es una convivencia entre formatos con funciones distintas.

Ese movimiento también asoma en antecedentes cercanos: un comunicado de la American Library Association indicó que los encuestados de Generación Z y millennials leyeron y compraron, en promedio, el doble de libros impresos por mes que de otras categorías.

Una buena noticia: las generaciones más jóvenes están leyendo libros, comprando libros y visitando bibliotecas”, afirmó Rachel Noorda, profesora asociada de publicación en Portland State University, en ese comunicado.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El 66% de la Generación Z se identificó como lectora y el 65% leyó al menos un libro impreso en los últimos 12 meses, según el estudio (Imagen Ilustrativa Infobae)

La coincidencia entre el estudio reciente y ese antecedente refuerza una misma lectura: la relación entre jóvenes y libros ya no puede describirse como una sustitución lineal del papel por la pantalla. El consumo digital sigue siendo central, pero eso no impide que el objeto físico conserve valor cultural y práctico.

Bibliotecas y librerías vuelven a pesar en cómo los jóvenes descubren qué leer

El trabajo también sugiere que la discusión no pasa solo por formatos, sino por lugares. Berens y Noorda indicaron que en 2025 los miembros de la Generación Z visitaron más librerías y bibliotecas públicas que en 2022.

Además, señalaron que cerca de un tercio compró un libro en una librería física, que apareció como su vía preferida para descubrir nuevas lecturas, por delante de plataformas de venta.

Una joven con auriculares y anteojos observa libros sobre una mesa en un evento al aire libre con la catedral al fondo.
La preferencia por el libro impreso reabrió el debate sobre pantallas, redes sociales, inteligencia artificial, atención y fatiga digital en los consumos culturales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las bibliotecas, en particular, ganan relevancia en ese mapa. Berens y Noorda señalaron que el 36% de los jóvenes encontró un libro a través de un bibliotecario, frente al 15% registrado en 2022. El dato indica que, incluso en un entorno dominado por sistemas automáticos de recomendación, la orientación personal sigue teniendo peso.

Ese hallazgo conecta la lectura con una preocupación más amplia sobre los espacios de encuentro. Berens y Noorda indicaron que el 85% de los encuestados dijo que quería encontrar otro lugar para relajarse fuera de su casa, y que quienes no visitaban bibliotecas mostraban niveles más altos de soledad.

El trabajo no presenta esa relación como una prueba definitiva de causa y efecto, pero sí marca una asociación que amplía el papel de estos espacios.

Vista panorámica de una biblioteca universitaria con techos abovedados y grandes ventanales, repleta de estanterías de madera, mesas y estudiantes leyendo o usando ordenadores.
El estudio indicó que en 2025 la Generación Z visitó más librerías y bibliotecas públicas que en 2022 y que la librería física fue su vía preferida para descubrir lecturas (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la misma línea, Emily Drabinski, presidenta de la American Library Association, sostuvo que las bibliotecas significan más que libros para estas generaciones y remarcó que los programas para adolescentes y familias, junto con el espacio físico para conectar y colaborar, también atraen a quienes no se definen como lectores, según el comunicado de prensa.

En conjunto, los datos reubican la discusión: más que anunciar el fin de la lectura, abren una pregunta más actual sobre cómo medirla, dónde ocurre y por qué el libro impreso recupera valor en plena vida digital.

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