5 estrategias recomendadas por expertos para dividir en familia las tareas del hogar

Un conjunto de testimonios y voces especializadas propone pautas para ordenar responsabilidades de cuidado y organización cotidiana sin depender de reglas rígidas, desde reuniones breves hasta el reparto alternado de actividades diarias

Un niño limpia una mesa con un trapo, una mujer sostiene un rociador, una niña lleva un plumero y un hombre pasa la aspiradora.
Las familias buscan acuerdos sostenibles para distribuir las responsabilidades del hogar. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Repartir la carga mental y las tareas domésticas en una familia no siempre pasa por una división exacta en partes iguales. Sino por acuerdos que cada hogar perciba como justos y sostenibles en el tiempo.

1. La división no tiene que ser 50/50, pero sí percibirse como justo

Una mujer y un hombre están en una cocina moderna; ella limpia la encimera con un pulverizador y un paño, mientras él carga platos en el lavavajillas.
La equidad doméstica no siempre requiere dividir las tareas en partes idénticas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La idea de que toda tarea doméstica debe dividirse en mitades exactas aparece cuestionada Good Housekeeping, revista especializada en limpieza y estilo de vida, que recogió la mirada de la autora y especialista Eve Rodsky sobre la organización de la vida familiar.

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Según explicó, “lo igual no siempre es justo, y lo justo no siempre es igual”. Una definición que apunta a distinguir entre una distribución matemática y otra que contemple el peso real de cada responsabilidad.

Una persona está colgando ropa blanca y de color en un tendedero en un jardín verde. Al fondo se ven casas de ladrillo y un cielo con nubes.
La organización diaria ayuda a coordinar traslados, comidas y necesidades de los hijos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Rodsky advirtió que actividades como lavar los platos, hacer la ropa, ordenar rutinas nocturnas o coordinar la logística de los hijos no demandan el mismo tiempo ni energía. Por eso, sostuvo que una división formalmente simétrica puede no traducirse en equilibrio.

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La especialista planteó que, aun cuando uno de los adultos tenga menos tareas por razones laborales o de horario, ese esquema debe seguir siendo percibido como equitativo por ambas partes.

2. Las reuniones breves ayudan a revisar cargas y anticipar cambios

Una mujer cocina junto a la estufa y un hombre barre el suelo cerca de una mesa con una computadora portátil y papeles.
Las reuniones breves permiten revisar las cargas y anticipar cambios en la rutina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre las experiencias relevadas, varias familias describieron sistemas de coordinación periódica para revisar qué está funcionando y qué aspectos generan sobrecarga.

Lindsay Daudistel, madre de 8 hijos en el área de Cincinnati, contó que junto con su pareja realiza una reunión diaria de “inventario y logística” antes de que los chicos se despierten. De acuerdo con ese testimonio, ese momento temprano sirve para ordenar traslados, definir quién acompaña a cada hijo y repasar las necesidades del día.

La terapeuta ocupacional pediátrica Sydney Bennett sostuvo en la misma publicación que incluso una instancia semanal de 10 minutos puede ser útil. Con preguntas concretas sobre qué tareas pesan más y dónde hace falta ayuda adicional. El planteo parte de una premisa: las necesidades de los niños cambian rápido y el reparto requiere ajustes frecuentes.

3. Alternar tareas durante el día puede evitar acumulaciones invisibles

Un hombre y una mujer de pie en una cocina moderna con ollas, hojas impresas, temporizadores, una tableta y un parlante inteligente sobre la mesada.
Algunas parejas distribuyen las responsabilidades según sus habilidades y conocimientos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Otra de las formas de organización mencionadas en la nota consiste en resolver la jornada con un sistema de alternancia. Ese modelo supone que una tarea ejecutada por un integrante tenga como contraparte otra asumida por el otro. De modo que el esfuerzo no se concentre siempre en la misma persona.

La organizadora profesional Liora Seltzer describió una rutina de ese tipo: mientras uno pasea al perro, el otro despierta a los hijos. Después ambos reparten el desayuno y las viandas. A la noche, una parte se ocupa de la cocina y la otra acompaña la preparación para dormir.

El objetivo no es replicar cada movimiento, sino sostener relevos que reduzcan la sensación de que una sola persona debe preverlo todo.

4. Repartir por habilidades, aunque exige controles periódicos

Hombre y mujer con guantes de protección limpian la sala de estar; ella rocía insecticida en aerosol cerca de un sofá, él limpia una mesa de centro.
El intercambio de habilidades fortalece la autonomía de cada integrante del hogar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La nota también mostró que muchas parejas terminan distribuyendo áreas según afinidades o conocimientos previos. En el caso de Seltzer, su marido concentra las actividades deportivas de los hijos, desde la inscripción hasta la organización de traslados, mientras ella asume los temas médicos.

Esa división puede simplificar la gestión cotidiana, aunque abre otra discusión sobre el riesgo de consolidar cargas fijas difíciles de revisar.

Sobre ese punto, Rodsky señaló que apelar a la habilidad de uno de los adultos no debería convertirse en una justificación permanente para asignarle más tareas. Una persona “mejor” en cierta función no necesariamente debe absorberla de forma automática.

La clave, según la especialista citada por Good Housekeeping, pasa por volver sobre esos acuerdos y comprobar si siguen resultando razonables para todos.

5. Aprender tareas del otro y usar herramientas compartidas

Una mujer con moño cocina en una olla, sosteniendo una laptop con una mano, mientras un bebé rubio se aferra a su pierna y un niño hace tareas en la mesa.
La planificación conjunta ayuda a responder ante enfermedades, urgencias y cambios inesperados. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La terapeuta familiar Angela Caiazza, de Oregón, propuso en la publicación la práctica de “skill swapping”. Se trata de un intercambio de habilidades que busca que cada integrante aprenda funciones que antes resolvía exclusivamente el otro.

Para la especialista, ese entrenamiento cruzado fortalece la capacidad de respuesta del hogar cuando aparece una enfermedad, una urgencia o un cambio brusco de rutina.

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