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Cómo guardar las colchas y mantenerlas en buen estado durante generaciones

Instituciones dedicadas a la preservación textil difundieron pautas para reducir riesgos frecuentes en el almacenamiento doméstico

Armario de estantes blancos con ropa de cama doblada, almohadas, cestas de mimbre y cajas. Una escalera cuelga dos mantas y una cama se ve parcialmente.
La revisión inicial confirma que la colcha está limpia y completamente seca antes del guardado. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La forma de guardar una pieza puede definir su estado durante décadas: la conservación de quilts o colchas textiles depende de una revisión previa, materiales adecuados y un ambiente estable, según guías de preservación y recomendaciones de especialistas e instituciones dedicadas a la conservación textil.

Qué conviene hacer antes de guardarlas

El primer paso consiste en revisar si la pieza está limpia y seca. Southern Living, revista de estilo de vida estadouidense, señaló, a partir de la consulta con la curadora de textiles Elizabeth Jentleson, que los restos de suciedad pueden atraer plagas y agravar el deterioro con el paso del tiempo.

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Ese mismo medio indicó que, antes de cualquier lavado, conviene comprobar si los colores son firmes para evitar transferencias entre telas claras y oscuras.

Dicho criterio coincide con pautas de conservación más amplias. La National Quilt Museum advirtió que no todos los textiles antiguos toleran el agua del mismo modo y que, en piezas de valor histórico o familiar, la evaluación de un conservador textil puede evitar daños en costuras, acolchado y fibras. La manipulación inicial, por sí sola, puede alterar la estructura del tejido si la pieza ya presenta fragilidad.

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Infografía con título "Cómo conservar colchas por generaciones". Ilustra una mujer doblando una colcha. Presenta seis secciones con íconos sobre cuidado de textiles. Logotipo Infobae.
La suciedad residual atrae plagas y acelera el deterioro de fibras y costuras con el tiempo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo almacenarlas sin acelerar el desgaste

Las guías especializadas coinciden en que el almacenamiento ideal es plano, aunque no siempre resulta viable en una vivienda. Un documento de la University of Nebraska–Lincoln Extension sobre cuidado de quilts indicó que, si la pieza debe doblarse, conviene reducir al mínimo la cantidad de pliegues y cambiar la posición de forma periódica para repartir la tensión en otras zonas de la tela.

Y añadió que los dobleces prolongados pueden generar marcas permanentes y, con el tiempo, quiebres en las fibras.

Armario de madera abierto con prendas de vestir colgadas, pilas de camisetas y pantalones doblados, mantas, almohadas y un vaso de agua en un estante, durante la noche.
El almacenamiento plano minimiza tensiones y disminuye marcas permanentes en el tejido. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando no hay espacio para guardarlas extendidas, también aparece la opción de enrollarlas. La University of Nebraska–Lincoln Extension precisó que ese método puede funcionar si se usa un tubo de gran diámetro, más largo que el ancho de la colcha, protegido con capas neutras como muselina lavada o papel libre de ácido.

La guía aclaró además que no conviene enrollar una pieza ya doblada, porque esa combinación concentra tensión en la línea del pliegue.

Southern Living recogió una valoración similar de Jentleson: doblar o enrollar puede ser seguro si se acompaña con soportes adecuados. Entre ellos mencionó papel libre de ácido o Tyvek para recubrir cajas y rellenar los pliegues, con el objetivo de amortiguar la presión sobre la tela.

Mujer con delantal a cuadros tiende una sábana blanca en tendedero de azotea. Un cesto de ropa al lado y edificios urbanos de fondo.
La prueba de solidez del color reduce el riesgo de transferencias entre telas claras y oscuras. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué materiales y espacios hay que evitar

Uno de los puntos más repetidos en las recomendaciones técnicas apunta al plástico. Se remarcó que ese material puede retener humedad y favorecer la aparición de moho.

La University of Nebraska–Lincoln Extension coincidió al señalar que las bolsas plásticas selladas dificultan la circulación de aire, pueden acumular humedad y hasta atraer polvo por electricidad estática.

Las superficies de madera, cartón común y ciertos papeles también aparecen entre los riesgos. La guía de la University of Nebraska–Lincoln Extension explicó que esos materiales liberan subproductos ácidos a medida que envejecen, con potencial para dañar textiles almacenados durante largos períodos.

Por esa razón, recomendó aislar las piezas con muselina de algodón lavada o papel libre de ácido cuando se usan estantes, cajas o baúles.

Una persona con camisa de pana beige rocía un spray blanco sobre una cama con sábanas y almohadas blancas en un dormitorio, con cabecero verde.
El plástico sellado retiene humedad, limita la ventilación y favorece la aparición de moho. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las condiciones del ambiente importan tanto como el envoltorio. La National Quilt Museum resumió esa idea con una referencia sencilla: las colchas “prefieren” entornos parecidos a los que resultan cómodos para las personas, sin calor extremo, humedad excesiva ni sequedad marcada.

En la misma línea, la University of Nebraska–Lincoln Extension aconsejó evitar áticos, sótanos, cocinas y sectores sin climatización estable. La luz intensa, las variaciones de temperatura y la humedad elevan el riesgo de decoloración, moho y debilitamiento de las fibras.

Armario de madera amarillo con puertas abiertas lleno de textiles doblados en estantes, con un jarrón y una cesta. Un taburete de madera se sitúa delante. Paredes texturizadas.
La madera y el cartón común liberan compuestos ácidos que pueden dañar textiles durante años. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mantenimiento, control y registro de la pieza

El guardado no termina cuando la colcha queda en una caja o sobre un tubo. Las pautas de conservación consultadas recomiendan inspecciones periódicas para detectar plagas, polvo, manchas nuevas o signos de fatiga en las telas.

La Historic Quilts and Bedcovers in the British Isles indicó en una guía para el hogar que la vigilancia regular permite advertir actividad de insectos y cambios de condición antes de que el daño avance.

Además del cuidado físico, algunas fuentes subrayan el valor documental. Southern Living destacó la conveniencia de dejar constancia de quién hizo la pieza, en qué fecha y con qué historia familiar o técnica se la vincula. Ese registro puede incluir nombre de la autora, fecha, patrón y procedencia, datos que ayudan a preservar no solo el objeto sino también su contexto.

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