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Por qué tener más tiempo puede hacernos llegar tarde, según un estudio

El estudio examinó de qué manera un cambio repentino en la agenda modifica la percepción de los minutos disponibles y empuja a tomar decisiones que pueden ser contrarias a las esperadas

Imagen de una persona ansiosa mirando el reloj, mostrando signos de estrés. Otras opciones: preocupación, gestión del tiempo, ansiedad diaria. - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Un estudio de la Universidad de Toronto indicó que el tiempo libre inesperado suele percibirse como más amplio de lo que realmente es (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Queda un hueco en la agenda y la sensación es inmediata: ahora sobra tiempo. Aparecen unos minutos libres para mirar el celular, arrancar otra actividad o hacer una parada extra. Según un estudio de la Universidad de Toronto, esa impresión puede engañar, porque el rato ganado de forma inesperada suele percibirse como más amplio de lo que en realidad es.

Uno de los resultados más claros fue conductual. En una prueba de laboratorio con estudiantes, quienes recibieron 10 minutos libres sin aviso previo tardaron cerca de 14 % más en salir del edificio que los que ya sabían de antemano que tendrían ese margen al final de la sesión.

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La investigación, publicada en el Journal of the Association for Consumer Research, reunió siete estudios. Según el trabajo, cuando el tiempo libre aparece por sorpresa, la mente lo compara con la expectativa previa de no tener ningún minuto disponible y ese contraste agranda la percepción del intervalo.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La investigación publicada en el Journal of the Association for Consumer Research reunió siete estudios sobre la percepción subjetiva del tiempo libre (Imagen Ilustrativa Infobae)

El tiempo inesperado lleva a elegir actividades más largas

El estudio fue realizado por Sam Maglio, profesor de marketing y psicología en la Universidad de Toronto Scarborough y en la Rotman School of Management, junto con otros investigadores. La idea central, explicó el equipo, es que el tiempo no se expande de verdad, pero la sorpresa hace que se sienta más grande, del mismo modo en que un billete hallado en un bolsillo viejo puede parecer más valioso sin que cambie su monto.

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Esa sensación de amplitud modifica la conducta. En vez de interpretar que dispone de un lapso breve, muchas personas actúan como si tuvieran bastante margen: bajan el ritmo, empiezan algo más largo o eligen opciones que consumen más minutos.

Entre los hallazgos, los participantes aceptaban caminatas 10 % más largas cuando el tiempo libre surgía de manera imprevista que cuando ese mismo espacio había sido anticipado. En otras pruebas, también preferían una cafetería más lejana o una tarea de 45 minutos frente a otra de 30.

Un joven de cabello castaño claro yace boca abajo en su cama, leyendo un libro rojo. La luz del sol ilumina su rostro y la habitación.
Los estudiantes que recibieron 10 minutos libres sin aviso previo tardaron cerca de 14 % más en salir que quienes conocían ese margen de antemano (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los autores también evaluaron si esa reacción dependía del estado de ánimo. La respuesta fue negativa: el efecto aparecía tanto si la persona se sentía aliviada por el cambio de planes como si reaccionaba con molestia, lo que sugiere una forma de procesar el tiempo más que una emoción puntual.

La percepción subjetiva del tiempo puede desordenar la agenda

Otro de los datos del estudio indica que el efecto aumenta a medida que crece el lapso liberado. Cuanto mayor es el tiempo obtenido de forma inesperada, mayor puede ser la sensación de abundancia, y con ella el riesgo de calcular mal cuánto entra realmente en ese tramo.

Ese desajuste ayuda a explicar escenas habituales. Si una videollamada termina 15 minutos antes, muchas personas no usan ese margen como reserva para llegar con calma al compromiso siguiente: revisan el teléfono, arrancan una tarea corta o se entretienen con algo más, y el hueco desaparece.

Maglio señaló que el tiempo ganado puede funcionar a la vez como alivio y como trampa. Para quien vive apurado, encontrar media hora libre puede bajar la presión y ofrecer una pausa mental, pero el problema aparece cuando esa calma hace creer que hay más capacidad de la que existe en realidad.

Persona sentada en mesa de madera, sosteniendo un celular con ambas manos. Sobre la mesa, un cuaderno, una pluma y una taza de café. Fondo con pared de ladrillo y luces borrosas.
El equipo de Sam Maglio explicó que la mente compara el tiempo libre inesperado con la expectativa previa de no tener minutos disponibles y agranda ese intervalo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación subraya que esto no implica una mala administración deliberada de la agenda. Lo que muestra es que la experiencia subjetiva del tiempo puede no coincidir con el reloj, y esa diferencia basta para alterar una salida, una reunión o un viaje.

Frente a ese sesgo, los autores proponen una medida concreta: no confiar solo en la intuición cuando aparece un espacio inesperado. Usar recordatorios externos, como alarmas o temporizadores en el teléfono, aporta una referencia objetiva y reduce la posibilidad de que la sensación de holgura engañe.

La recomendación, según plantea la Universidad de Toronto, cobra más peso en compromisos sensibles como tomar un vuelo, presentarse a una entrevista o llegar a una cita laboral. En esos casos, el tiempo extra puede aprovecharse, pero solo si no hace perder de vista el límite real.

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