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Vinos argentinos más allá del Malbec: diez tintos de variedades originales para descubrir

El país ofrece una amplia diversidad, con propuestas que reflejan lugares, estilos y la mano del hacedor. Cada etiqueta revela características únicas que las transforman en excelentes alternativas para disfrutar y compartir

Ocho botellas de vino de varietales Bonarda, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Merlot, Syrah y Petit Verdot en una mesa de madera, con un viñedo y montañas lejanas.
Bonarda, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Merlot, Syrah, Petit Verdot, Tempranillo, Sangiovese, Nebbiolo, Ancellotta, Garnacha, Tannat y Criollas son algunas de las variedades tintas que enriquecen la diversidad del vino argentino (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Si bien los grandes vinos del mundo se conocían por su origen, gracias a los americanos, que “inventaron” los varietales en la década del sesenta, las variedades de uva cobraron gran importancia porque simplificaron la elección para millones de consumidores. Los estadounidenses advirtieron que no tenían historia para contar ni lugares prestigiosos a los cuales hacer referencia. Así, palabras simples y directas como Cabernet Sauvignon, Merlot o Chardonnay captaron la atención de los nuevos consumidores y las ventas se multiplicaron en tiempo récord.

De esta manera, el varietalismo llegó a la Argentina con fuerza a fines de los noventa y fue clave en el posicionamiento del nuevo vino argentino. Tras una etapa enfocada más en el volumen que en la calidad, durante la cual algunos de los pocos vinos destacados llevaban nombres de terruños franceses, italianos o españoles, las mejoras vínicas alcanzaron todos los segmentos. La forma más adecuada de comunicarlo en las etiquetas era a través de la variedad de uva con la que se elaboraba el vino.

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Así, los varietales rápidamente se ubicaron en los primeros puestos del ranking de preferencias. Esto impulsó la aparición de los bi-varietales, tri-varietales, entre otros, y la comunicación resultó más contundente que la ley, que permite a un vino con un 85% de una variedad adoptar el nombre de esa uva, aun cuando el 15% restante corresponda a otra u otras. Por eso, comenzaron a aparecer los varietales puros, cien por ciento.

Dos racimos de uvas rojas oscuras en una vid, una copa de vino tinto y una botella con etiqueta Bonarda Argentina frente a un viñedo.
Un vino puede llevar el nombre de una uva si contiene al menos un 85% de esa variedad, según la legislación vigente (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por otra parte, la efectividad de cada varietal dependió en gran medida de la propuesta de las bodegas, aunque siempre queda claro que el poder lo tiene el consumidor. El Malbec abunda porque se vende mucho, y se vende porque gusta, y gusta porque se logra bien. En cambio, cepas de origen más noble, como el Merlot, perdieron espacio en las góndolas porque no tenían buena salida o porque no alcanzaban la calidad esperada. Las explicaciones eran diversas.

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Por un lado, la mayor atención se centraba en el Malbec, lo que hizo que los productores desviaran su foco. Eso explica que el auge de los varietales comenzara a desacelerarse. Algunas cepas están camino al olvido, mientras otras surgieron con fuerza, como el Cabernet Franc, actualmente uno de los fetiches de muchos enólogos.

Ellos saben que es imposible vender un vino que no se produce, y también resulta muy difícil vender uno que no se elabora bien. La primera botella puede venderse fácilmente, pero si el vino no cumple con las expectativas, la segunda será más difícil y la tercera, imposible.

Muchas veces son los enólogos quienes proponen vinos, otras veces los bodegueros, y en ocasiones el departamento de marketing. Sin embargo, la verdadera razón por la que desfilan infinidad de etiquetas en las góndolas y cartas de vino es la aceptación del consumidor.

Interior oscuro de una bodega tradicional con paredes de piedra, mostrando filas de barricas de roble. Una botella y copa sobre una mesa, con telarañas.
El Malbec se mantiene como la variedad más elegida por consumidores y bodegas en la Argentina (Imagen Ilustrativa Infobae)

Con el Malbec consagrado y en otro nivel de concepción, surge la necesidad de lograr otros grandes vinos argentinos. El Bonarda, con sus numerosas hectáreas plantadas, avanza por un camino prometedor. También el eterno Cabernet Sauvignon, rey de los vinos tintos en el mundo, aunque con un desarrollo más lento. El Pinot Noir tiene presencia principalmente en la Patagonia, mientras que cepas como Merlot, Syrah y Petit Verdot —por mencionar algunas de las uvas tintas que se adaptan muy bien al suelo argentino— no logran gran repercusión en el mercado.

Hoy, la caída del consumo, la baja en las ventas y el hecho de que el Malbec ya no está de moda en los Estados Unidos obliga a las bodegas a mirar más allá. A diferencia de lo que ocurrió a principios del milenio, durante el auge del varietalismo, cuando todos producían de todo para ganar espacio en las góndolas, actualmente el foco está puesto en la calidad.

Dentro del mundo varietal, esto implica no solo elaborar un vino aceptable desde lo cualitativo, sino resaltar las características propias de cada variedad. Para lograrlo, es necesario retroceder un paso y encontrar el lugar indicado para cada uva. No todos los sitios son igual de especiales ni igual de aptos para todas las uvas. El suelo y el clima resultan factores determinantes en el ciclo de maduración de la vid, y esto impacta de distintas formas en cada una de las cepas.

Múltiples racimos de uvas oscuras cuelgan de las vides con hojas verdes y ramas marrones, en un viñedo con colinas al fondo bajo el sol.
El Bonarda es una de las variedades con más hectáreas plantadas y gran potencial fuera del Malbec (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por eso hoy llegan al mercado vinos tintos y blancos elaborados con variedades alternativas, provenientes de lugares aptos. Los Pinot Noir más destacados provienen de la Patagonia, al igual que los Merlot. Los Cabernet Sauvignon se lucen tanto en Agrelo (Mendoza) como en Cafayate (Salta), donde los Tannat marcan la diferencia. En Jujuy, especialmente en la Quebrada de Humahuaca, el Syrah llama la atención, junto con las Criollas, que también se destacan en el Valle de Calingasta (San Juan).

La Bonarda de La Rioja tiene menor protagonismo que la mendocina, pero no por eso deja de ser atractiva. Además, aparecen otras variedades como Petit Verdot, Tempranillo, Sangiovese, Nebbiolo y Ancellotta. Entre las más novedosas figura la Garnacha, una uva tinta tradicional de España y Francia, con la que se elaboran cada vez más vinos.

Todos estos ejemplos confirman una oferta de vinos argentinos que va más allá del Malbec, con calidad y un carácter distintivo que vale la pena descubrir.

10 vinos tintos de variedades originales para descubrir

Cuatro personas, incluida una mujer con top blanco, y un camarero en una mesa con vino, copas, tabla de charcutería, dos cubos y botellas en un viñedo.
El varietalismo llegó a la Argentina a fines de los noventa, impulsando el posicionamiento del vino argentino en el mundo (Imagen Ilustrativa Infobae)
  • Callia Criolla 2025

Callia, San Juan, Valle de Pedernal $6000

Este vino no para de traerle satisfacciones a la bodega. En primer lugar, porque ya se ganó la admiración de todos, por lo bien logrado que está. Pero, además, porque la cosecha que viene (2026) obtuvo 95 puntos en Decanter World Wine Awards, dentro de su categoría. Su aspecto color cereza traslúcido es inconfundible. Y, tanto en nariz como en boca, ofrece notas de fruta, con texturas mordientes que amplifican su mensaje. Quizás en esta cosecha con su acidez más marcada. Beber entre 2026 y 2027.

Puntos: 90

  • A Contramano Ancellotta 2024

Jorge Rubio Vinos de Autor, Mendoza, Oasis Sur $15.000

En esta línea, el enólogo Jorge Rubio elabora vinos varietales jóvenes, también con variedades alternativas como esta, que de a poco se va popularizando. Acá hay un tinto de buen cuerpo, con buena fruta y dejos herbales marcados. Los taninos también aportan lo suyo, más allá de ser un tinto ágil y no muy profundo. Beber entre 2026 y 2027.

Puntos: 89,5

Hombre caucásico de barba corta y camisa de mezclilla azul lee la etiqueta de una botella de vino tinto en un pasillo de supermercado iluminado.
El Cabernet Franc es uno de los varietales que más interés despierta en la actualidad (Imagen Ilustrativa Infobae)
  • Alta Yarí Reserva Cabernet Franc 2024

Alta Yarí, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $21.000

El Cabernet Franc y Gualtallary siguen dando que hablar, porque es evidente que esa uva se potencia en ese lugar. En este tinto que se mantiene joven, mandan la frescura y la tipicidad varietal. Pero también se percibe la crianza (50% del vino fue añejado durante 12 meses en barricas de roble francés), y eso le aporta un perfil más amable a su final de boca. Beber entre 2026 y 2028.

Puntos: 91

  • Universo Paralelo Sangre de Júpiter Malbec Sangiovese 2024

Universo Paralelo, Mendoza, Luján de Cuyo $25.000

Cuenta la leyenda que el dios romano Júpiter, rey de los cielos, derramó su sangre sobre la tierra y de su vitalidad nació la uva Sangiovese. Su nombre en latín, que se traduce como Sangre de Júpiter, evoca no solo el mito, sino la misma naturaleza de este vino. Que combina dos variedades que en la familia conocen muy bien. De paladar fluido, con cierta consistencia. Hay una buena acidez, que resalta su trago mordiente y costado vegetal. Ideal para acompañar pastas con salsa tipo fileto. Beber entre 2026 y 2027.

Puntos: 90

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El 15% de un vino etiquetado como varietal puede contener otras uvas distintas a la principal (Imagen Ilustrativa Infobae)
  • Pascual Toso Gran Syrah 2023

Pascual Toso, Mendoza, Maipú, Barrancas $33.000

Elaborado con uvas de un viñedo nuevo, del cuartel 16 (de 71) y fruto el quinto verde de las plantas, que fueron concebidas en el vivero que posee la bodega a partir de la reproducción de sus propias vides, para resaltar el carácter de la variedad en el lugar. Es un tinto con buen carácter de fruta y cierta fluidez, de trago consistente y agradable, en el que la fruta roja, las especias y la madera, se llevan muy bien. Beber entre 2026 y 2028.

Puntos: 91

  • Miras Joven Trousseau 2025

Miras, Río Negro, Alto Valle de Río Negro, Mainqué $34.000

La historia de esta uva, que solo se encuentra en Mainqué (donde la han multiplicado), es curiosa. Para Marcelo Miras es como un Pinot Noir –variedad con la que se confundía el Trousseau– con alma de Cabernet Sauvignon, porque las uvas no maduran parejo en el mismo racimo, y tiene muchos más taninos que un Pinot Noir. Como ya es su costumbre, está elaborado con un 30% de racimo entero y fermentado en tanque de acero. De aspecto tenue y aromas austeros, con dejos de combustión. Paladar franco y fresco, con final mordiente. Beber entre 2026 y 2027.

Puntos: 90

Vino vertiéndose en una copa en una cocina. La imagen destaca las gotas de vino, acompañadas por uvas y una botella. (Imagen ilustrativa Infobae)
Las bodegas apuestan cada vez más por variedades alternativas como Tannat, Petit Verdot y Garnacha (Imagen ilustrativa Infobae)
  • El Enemigo Single Vineyard Los Paraísos Bonarda 2022

Aleanna, Mendoza, Zona Este, Rivadavia $35.000

Es un Bonarda que nace en la parte más baja del viñedo, y sobre los suelos más arcillosos de toda la Zona Este, según asegura Alejandro Vigil. Quién no solo ha logrado una línea de Bonarda Single Vineyards sino de vinos que también reflejan la cosecha. En este, los aromas son equilibrados, pero en boca se abre, y despliega su carácter varietal. Es un vino más apoyado en sus texturas y de trago no muy profundo. Ideal para lucirse en la mesa. Beber entre 2026 y 2028.

Puntos: 92

  • Colomé El Camino Tannat 2024

Bodega Colomé, Salta, Valles Calchaquíes $40.000

Las uvas de “El Camino” Tannat provienen de la “Finca Colomé” a 2300 msnm, y el vino luego reposa doce meses en barricas de roble francés de 500 y 225 litros, de 1° a 4° uso, en busca de domar sus taninos naturales. No obstante, es un vino fluido y de trago ágil, también consistente gracias a sus texturas incipientes. Y si bien se siente la potencia, hay buena frescura en cada trago. Beber entre 2026 y 2029.

Puntos: 91

Cuatro personas brindando con copas de vino tinto. Mesa con botellas de vino, hielo, tablas de quesos y embutidos. Viñedo y montañas nevadas al fondo.
La región de Agrelo en Mendoza es reconocida por sus Cabernet Sauvignon de alta calidad (Imagen Ilustrativa Infobae)
  • Disruptivo Petit Verdot 2022

Anaia Wines, Mendoza, Luján de Cuyo, Agrelo $52.000

Si bien se trata de una variedad difícil de domar para lograr vinos varietales, se nota que es una de las uvas tintas que mejor se está adaptando a Agrelo, ya que de allí surgen los exponentes más representativos. Como este de Anaia, elaborado por el enólogo Gonzalo Serrano Alou, que posee su carácter varietal bien marcado. Algo más maduro que en su edición anterior (2021), pero mejor logrado en su paso por boca, ya que se lo siente fluido y con buen agarre. Y sobre el final, persisten notas de frutas pasas. Beber entre 2026 y 2028.

Puntos: 91

  • 45° Rugientes Merlot 2024

Otronia, Chubut, Sarmiento $60.000

El enólogo Guido Malacalza hace años que trabaja en la bodega, y conoce muy bien los desafíos que el lugar presenta. Y, en ese camino de conocer el lugar, hay variedades que se van adaptando mejor. Este es el Merlot más austral de la Argentina (¿y del mundo?). Y se muestra con buena fluidez y un agarre fino. Hay una madurez de frutas negras muy bien llevada, con la frescura integrada. Es cierto que las texturas sobresalen un poco en el final de boca, pero eso favorece su tomabilidad. Beber entre 2026 y 2028.

Puntos: 91,5

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