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Qué dice la psicología sobre tu forma de escribir: cómo se reflejan la personalidad y las emociones

El modo en que cada persona plasma palabras en el papel puede mostrar aspectos profundos de su mundo interno. Especialistas explican cómo se revelan matices de la identidad y estados anímicos

Primer plano de una persona escribiendo con una pluma fuente en un cuaderno con texto en español; una taza de café humeante y gafas están cerca.
La tinta sobre el papel genera una satisfacción especial en quienes escriben a mano, dejando una marca personal que trasciende el simple contenido del texto (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un cuaderno abierto y una mano que tiembla recorriendo la hoja: así comienza muchas veces el diálogo con uno mismo. La manera en la que escribimos revela huellas invisibles de nuestra historia personal y emocional, una puerta abierta a mundos íntimos que la psicología intenta descifrar. No se trata solo de lo que decimos, sino de cómo dejamos nuestra marca, en la tinta y en la pantalla.

¿Por qué el trazo, la forma y el ritual de escribir nos conectan con lo más íntimo?

Para Juan Eduardo Tesone, psiquiatra, profesor emérito y miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), escribir a mano tiene un valor especial, incluso en tiempos donde la mayoría utiliza el teclado. Tesone explicó a Infobae que no solo se trata de lo que se escribe, sino también del acto físico de hacerlo.

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Según sus palabras: “Al placer de la escritura en cuanto a su contenido, se agrega en estos casos, el placer de dejar sobre el papel, la traza escrita, la huella en la tinta de la pulsionalidad del escritor”. Es decir, además de disfrutar el contenido, hay una satisfacción particular en ver cómo la tinta queda en el papel, como si cada trazo dejara una señal única y personal.

Un lápiz amarillo con goma de borrar rosada, un lápiz de grafito antiguo, un libro abierto, papeles, un tintero con pluma de ave en un escritorio de madera.
Aunque el teclado domina la vida cotidiana, persiste una preferencia por la escritura manual en quienes valoran el vínculo físico y emocional con lo escrito (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tesone aclara que, aunque muchos usan teclado, todavía existen quienes “prefieren la escritura a mano”. Y esa preferencia, más allá de la costumbre, también tiene que ver con la forma en que sentimos y nos expresamos. Para la psicología, no hay manuales universales que expliquen cada letra, pero sí señales: “el trazo es siempre individual y trasunta, de alguna manera la personalidad de cada uno”.

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¿Qué pueden decir las mayúsculas, minúsculas y formas de la letra sobre nosotros?

El psiquiatra Diego López de Gomara, miembro de la APA, explicó a Infobae que la forma en que escribimos dice mucho sobre quiénes somos. Según sus palabras, “el estilo es del hombre, le pertenece, es su propiedad más íntima, aquello que no se le puede quitar aunque se le quite todo lo demás”.

Para López de Gomara, el estilo no es simplemente una decoración: “no es un adorno que se le agrega al pensamiento, sino el modo en que el sujeto se juega, se compromete, se expone en lo que dice”. Es decir, cada persona imprime en la escritura una parte de sí misma, y esa huella es tan personal que no puede ser separada de su identidad.

Manos de dos personas sostienen teléfonos móviles; en la pantalla de uno se lee 'EXTORTION' con texto borroso debajo.
En los chats y redes sociales, las mayúsculas y minúsculas se han transformado en un territorio de expresión similar al tono de voz en la comunicación oral (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hoy, en el mundo de los chats y las redes sociales, López de Gomara señala: “La mayúscula y la minúscula se volvieron un territorio expresivo nuevo, algo parecido a lo que antes era el tono de voz”.

Por ejemplo: “Pensemos en alguien que escribe absolutamente todo en minúsculas, incluso los nombres propios y el comienzo de las oraciones. Ese gesto que no es un simple descuido o una economía del lenguaje, suele transmitir una búsqueda de horizontalidad, de bajar el volumen y de no imponer ningún elemento. A veces es una marca generacional, una estética compartida por jóvenes que asocian la mayúscula con la formalidad de las instituciones, con la voz del padre o del profesor”.

En el otro extremo: “El uso sostenido de las mayúsculas, que casi universalmente se lee como un grito. Ahí no hace falta mucho psicoanálisis, el cuerpo entra en la letra. La mayúscula sostenida suele aparecer en momentos de urgencia, de enojo, de necesidad de ser escuchado. Es interesante notar que quien recurre a este recurso muchas veces no puede sostener el mismo tono en una conversación cara a cara; la escritura le presta una intensidad que la voz, contenida por la presencia del otro, no se permite”.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Escribir todo en minúsculas, incluso nombres propios, suele señalar una búsqueda de horizontalidad y rechazo a la formalidad institucionalizada (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Se podría imaginar que aquel o aquella que utiliza caracteres grandes o en mayúsculas tiene un narcicismo más desarrollado que aquel o aquella que utiliza caracteres pequeños que dan cuenta de cierta inhibición”, agrega Tesone. Así, la letra manuscrita y sus detalles muestran mucho más que un simple trazo.

López de Gomara también describe lo que ocurre cuando aparece una mayúscula “en un lugar inesperado. Alguien que en medio de una frase en minúsculas coloca una palabra en mayúsculas sin saberlo del todo, señalando dónde pesa el acento de su discurso. Ahí la ortografía funciona como el lapsus. No como error, sino como verdad que se cuela por una grieta de la norma”.

Agrega que no existe un significado fijo ni universal para estos usos, pero sí muestran cómo cada uno se relaciona con las reglas, la autoridad y el propio modo de comunicarse: “No hay diccionario de la mayúscula. Pero si el modo en que cada quien maneja las convenciones revela su relación particular con la norma, con la autoridad, con el lugar que se otorga a sí mismo y al otro en el acto de comunicar”.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Las emociones, como la angustia o la alegría, suelen manifestarse antes en la forma de escribir que en la conciencia de quien redacta (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Cómo afectan las emociones la forma en que escribimos?

A veces, el malestar o la alegría se cuelan en la forma en que escribimos mucho antes de que podamos reconocerlo. López de Gomara lo explica así: “Cuando alguien atraviesa angustia, ansiedad o un estado de conmoción emocional, suelen aparecer marcas bastante reconocibles: oraciones que se cortan antes de terminar, un uso errático de la puntuación, repeticiones de palabras, y una sintaxis que pierde linealidad, como si el pensamiento no alcanzara a organizarse en la frase antes de que la mano ya esté escribiendo la siguiente”.

En los casos de depresión, se observa “el fenómeno inverso. Menor cantidad de palabras, vocabulario más restringido, oraciones cortas y una tendencia notable al uso de la primera persona del singular, combinado con un vocabulario centrado en la queja, la falta, la pérdida”. Además agrega que: “las personas con mayor malestar emocional usan más pronombres en primera persona del singular y menos en primera del plural, como si el ‘nosotros’ se volviera menos disponible cuando el sujeto está absorbido en su propio dolor”.

Vista superior de manos humanas tecleando en un teclado de computadora. Las teclas son negras y la base del teclado es blanca. Un anillo simple está en el dedo anular izquierdo.
En situaciones de ansiedad o conmoción, el texto se vuelve errático, con frases que se interrumpen, repeticiones y una sintaxis desordenada (Imagen Ilustrativa Infobae)

En estados de euforia o manía, “aparece la fuga de ideas trasladada al papel: frases larguísimas, encadenadas por ‘y’ o por guiones, saltos de tema abruptos, un ritmo acelerado que a veces se nota incluso en la cantidad de signos de exclamación”.

Tesone también recuerda que antes la caligrafía era parte fundamental de la formación en la escuela: “Antiguamente, formaba parte de las materias del secundario, la caligrafía, palabra en desuso, formaba parte de la formación. Se utilizaban lapiceras de tinta, y además distintas plumas, en función de cada letra”. Para muchos, ese ritual dejaba una huella emocional y visual que, según Tesone, aún hoy despierta nostalgia y placer.

La escritura, entonces, es ese espacio donde cada uno se expone, se esconde, se protege o se busca. Allí, en la forma de nuestras letras y en los silencios entre las palabras, quedan señales de lo que sentimos, de lo que no podemos decir en voz alta y de lo que todavía no logramos entender. Cada texto es una invitación a mirarnos de cerca, a descubrir historias propias en los detalles más simples. Quizás, al releer lo escrito, cada lector encuentre no solo un mensaje, sino también un eco de su propia manera de estar en el mundo.

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