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Por qué los expertos desaconsejan cocinar con agua caliente de la canilla

Aunque muchas personas creen que ganan tiempo y que el hervor soluciona cualquier problema, no siempre ocurre de ese modo. Qué tener en cuenta

Unas manos llenan una olla de metal con agua de un grifo. Se ven azulejos verdes, una tabla de cortar y un hervidor rojo en la cocina.
Los expertos recomiendan usar agua fría para cocinar y luego calentarla. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Cuando toca hervir agua para pasta, arroz o verduras, usar agua caliente de la canilla para cocinar puede aumentar la exposición a plomo y otros contaminantes, una advertencia que desde hace años repiten organismos sanitarios y especialistas en calidad del agua.

La recomendación es simple: llenar la olla con agua fría y calentarla después. La guía figura en documentos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) y aparece también en materiales difundidos por autoridades de salud pública que retoman criterios de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

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Ilustración de canilla vertiendo agua en olla hirviendo, símbolos de riesgo, cañería oxidada, termotanque, olla tachada, vaso de agua fría, grifo con herramientas, lupa y texto.
El agua caliente puede disolver metales con mayor rapidez dentro de la plomería. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La advertencia ganó nueva visibilidad a partir de un artículo publicado por EatingWell, que reunió opiniones de investigadores y expertos en seguridad química. De acuerdo con ese reporte, el problema no radica en la red de suministro en sí, sino en lo que ocurre dentro de las instalaciones de cada edificio y en los calefones o termotanques.

La EPA responde de forma directa a esa duda en su sitio oficial: “El agua caliente disuelve el plomo más rápidamente que el agua fría”, motivo por el cual indica no usar agua caliente de la canilla para beber, cocinar ni preparar fórmula infantil.

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Qué ocurre dentro de las cañerías

Primer plano de manos de persona abriendo un grifo de acero inoxidable; agua cae en una pileta metálica sobre mesada de mármol.
La calidad del agua puede cambiar por el recorrido interno de cada edificio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El argumento central tiene base física y química. Según explicó a EatingWell Andrew Whelton, profesor de la Purdue University y especialista en ingeniería civil y de construcción, el agua caliente extrae sustancias de los materiales de plomería con mayor rapidez que el agua fría.

Eso incluye metales provenientes de tuberías, uniones, soldaduras y accesorios. En viviendas antiguas, el riesgo suele asociarse con componentes que contienen plomo; en instalaciones más nuevas, persiste la posibilidad de lixiviación desde piezas de latón o bronce.

Una olla de metal con papas peladas cortadas en cubos grandes hirviendo en agua sobre una hornilla de cocina. Hay vapor visible.
Las tuberías, uniones y accesorios influyen en la posible lixiviación de materiales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La propia EPA sostiene que el agua caliente tiene más capacidad para disolver plomo y, por esa razón, insiste en una pauta doméstica precisa: si se necesita agua caliente para cocinar o tomar, hay que sacar primero agua fría y luego calentarla. Un afiche de educación pública del organismo resume la instrucción en una frase: “Usar solo agua fría para cocinar y tomar”.

A ese recorrido por las cañerías se suma el paso por el tanque del calentador. Según los especialistas citados, allí pueden acumularse sedimentos con el paso del tiempo. El ingeniero químico Tom Neltner, enfocado en seguridad química, señaló al medio que ciertos ánodos de sacrificio usados para proteger los tanques pueden constituir otra fuente potencial de metales.

Por qué hervir no resuelve el problema

Dejar correr el agua tras horas sin uso ayuda a renovar el contenido estancado. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Dejar correr el agua tras horas sin uso ayuda a renovar el contenido estancado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una confusión frecuente consiste en creer que la ebullición corrige cualquier riesgo. En este caso, no. El calor elimina muchos microorganismos, aunque no quita metales como el plomo que ya están presentes en el agua. Esa precisión aparece en la orientación sanitaria que citan autoridades locales basadas en lineamientos de CDC y EPA: hervir agua con plomo no reduce su concentración.

Ese punto resulta relevante porque el hábito de cocinar con agua caliente suele justificarse como una forma de ahorrar tiempo. La indicación oficial mantiene el mismo criterio incluso en tareas cotidianas como preparar café, té, sopa o mamaderas.

La respuesta pública de la EPA sobre este tema no deja margen para ambigüedades: “Nunca utilice agua de la canilla de agua caliente para beber, cocinar o preparar leche de fórmula para bebés”.

Microplásticos y materiales plásticos bajo estudio

Una olla de metal con arroz blanco hirviendo y vapor sobre una estufa, con una mano removiendo con cuchara de madera. En la encimera hay aceite, sal y ajo.
Hervir agua no reduce la concentración de metales ya presentes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además del plomo, la discusión reciente incorporó otro foco: los microplásticos. El artículo menciona investigaciones que analizan el desgaste de superficies plásticas en contacto con agua y el posible aumento de liberación de partículas a temperaturas más altas. Esa línea de estudio todavía convive con preguntas abiertas sobre magnitud de exposición y efectos clínicos.

En el plano internacional, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó evaluaciones sobre microplásticos en agua potable y señaló que la evidencia disponible aún presenta limitaciones, aunque recomendó ampliar el monitoreo y la investigación. La OMS reconoce que los materiales de distribución y almacenamiento forman parte del análisis de exposición.

Qué recomiendan los expertos en casa

pava, canilla, limpieza, agua caliente-VisualesIA
Las evaluaciones sobre microplásticos en agua potable piden más monitoreo e investigación. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las indicaciones prácticas son breves:

  • Empezar siempre con agua fría para cocinar o tomar.
  • Dejar correr el agua un corto lapso cuando la canilla estuvo varias horas sin uso, ya que el agua estancada puede incorporar más contaminantes desde las cañerías. Documentos sanitarios basados en CDC y EPA sugieren ese purgado previo, con tiempos que varían según la instalación.
  • Revisar el mantenimiento del calentador de agua.

Se detalló que la purga periódica del tanque ayuda a retirar sedimentos acumulados y a mejorar el funcionamiento del equipo. Para quienes priorizan velocidad, los especialistas consultados por el medio mencionan una alternativa: calentar agua fría en pava eléctrica o en una cocina de inducción, dos opciones que permiten reducir tiempos sin recurrir al agua caliente de la canilla.

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