
Durante generaciones, los jardines se cuidaron sin manuales ni aplicaciones: solo con el conocimiento transmitido de abuelos a nietos, estación tras estación. Muchas de esas prácticas parecieron quedar en el pasado con la llegada de los fertilizantes sintéticos y los pesticidas industriales.
Hoy, los especialistas en horticultura vuelven a ponerlas en valor. La evidencia científica respalda, en buena parte, lo que aquellos jardineros domésticos hacían por intuición.
PUBLICIDAD
1. Alimentar el suelo, no solo la planta

Mary Phillips, responsable de estrategia de hábitat de plantas nativas en la National Wildlife Federation (NWF), recuerda que el lema de sus abuelos era claro: alimentar la tierra, no solo la planta. En lugar de recurrir a fertilizantes químicos, incorporaban compost, estiércol madurado y mantillo de hojas al suelo cada primavera y otoño.
La Royal Horticultural Society (RHS) respalda este enfoque desde su proyecto de salud del suelo iniciado en 2025 en RHS Wisley: el organismo afirma que la materia orgánica mejora la estructura del suelo, su fertilidad y la actividad microbiana. “Un suelo sano sostiene un ecosistema diverso, mejora la retención de agua y reduce la dependencia de fertilizantes sintéticos“, declaró Phillips en declaraciones recogidas por The Spruce.
PUBLICIDAD
2. Nunca dejar el suelo al descubierto

La misma experta de la NWF transmite otra enseñanza de sus abuelos: jamás exponer la tierra a la intemperie. Sus mayores cubrían el suelo con paja, hojas trituradas o astillas de madera sin tintes; cuando no disponían de mantillo, plantaban cubiertas vegetales.
La Universidad de Minnesota documenta que el acolchado reduce la evaporación superficial, suprime las malezas al bloquear la luz solar y contribuye a formar suelos vivos más resistentes a la compactación y la erosión. “El suelo desnudo se erosiona con facilidad y se seca rápidamente”, advirtió Phillips.
3. Usar pelo humano para repeler plagas, con reservas

Linda Vater, diseñadora de jardines, conoció de sus abuelos el uso de pelo de cepillo para ahuyentar plagas mediante el olor humano. Si bien reconoció el arraigo generacional de la técnica, Vater expresó sus reservas, ya que el método exige renovar el cabello con frecuencia y carece de evidencia sólida.
PUBLICIDAD
La RHS, por su parte, recomienda incorporar plantas resistentes a plagas —aquellas con espinas o texturas ásperas difíciles de masticar— como barrera perimetral alrededor de flores, frutas, verduras y hierbas más vulnerables. “Hay soluciones con un historial probado de éxito”, señaló Vater al medio.
4. Enterrar cáscaras de banana junto a los rosales

Wes Harvell, experto en rosas de la tienda especializada Jackson & Perkins, aprendió de sus abuelos a enterrar cáscaras de banana al pie de los rosales para estimular floraciones más abundantes. La práctica tiene fundamento: las cáscaras aportan potasio. Sin embargo, Harvell advierte que ese mineral es solo uno de los nutrientes que los rosales requieren, y recomienda siempre realizar un análisis de suelo antes de cualquier enmienda.
PUBLICIDAD
En su propia rutina, tritura o licúa las cáscaras antes de incorporarlas al compost, o las remoja en agua varios días para obtener un abono líquido. “Es una forma simple y sostenible de reutilizar residuos y alimentar el suelo de manera natural“, declaró.
5. Capturar y retirar plagas pequeñas a mano

El arquitecto paisajista y autor, Pieter Croes, recuerda que su abuelo recorría el huerto cada mañana, antes del desayuno, para recoger caracoles y retirarlos del jardín. Esa rutina no solo mantenía las plagas a raya, sino que convertía el mantenimiento en un momento de observación y quietud.
La RHS coincide con este enfoque al aconsejar a los jardineros tolerar cierto nivel de daño en las hojas y evitar el uso de pesticidas ante los primeros signos de afectación, con el fin de sostener la cadena alimentaria del jardín. “Te conecta con el jardín y transforma el mantenimiento en un instante de calma y alegría“, señaló Croes en declaraciones recogidas.
PUBLICIDAD
6. Recordar que la jardinería es, ante todo, alegría

Phillips, de la NWF, rescata la lección más intangible que su abuelo le transmitió: la importancia de convivir con la fauna y cultivar un vínculo con el entorno natural. Para él, el jardín era un sistema vivo en el que todo estaba interconectado.
La RHS refuerza esta visión al señalar que los jardines pueden funcionar como microhábitats que sostienen la biodiversidad local cuando se diseñan con criterios de convivencia con la vida silvestre. “El jardín es un sistema vivo, donde todo está interconectado”, afirmó la experta en declaraciones a The Spruce.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
5 errores habituales de higiene tras regresar de un viaje: de apoyar la valija en la cama a no revisar sus costuras
Una serie de medidas sencillas permite organizar las pertenencias tras un traslado y proteger las áreas de descanso

Cómo es la alimentación intuitiva, la tendencia que un estudio relacionó con menos casos de hipertensión
Los resultados obtenidos en Estados Unidos, con más de mil adultos encuestados, sugieren asociaciones con presión alta, colesterol elevado y diabetes tipo 2, aunque el diseño transversal del trabajo impide establecer una relación de causalidad

La rutina de 4 ejercicios que promete fortalecer el core sin hacer un solo abdominal
Domingo Sánchez, licenciado en Ciencias de la Actividad Física y máster en Actividad Física y Salud, propone movimientos en suspensión, con un solo apoyo y en posición de plancha que exigen sostener el control del tronco en cada repetición

Cuál es el té que ayuda a cuidar la salud cardiovascular y cerebral, según expertos
Contiene antioxidantes, compuestos que bajan la presión y un aminoácido contra el estrés: así actúa sobre uno de los factores de riesgo más frecuentes de los accidentes cerebrovasculares

7 hábitos de desorden cotidianos que dan una imagen de una casa descuidada
Pequeñas acumulaciones y objetos fuera de lugar pueden modificar la percepción del hogar, incluso tras completar las tareas habituales de limpieza.



