
En el barrio residencial de Suginami, en el corazón de Tokio, se levanta una construcción que desafía la noción convencional de hogar: House NA, una vivienda completamente transparente de estructura de acero blanco y vidrio que el arquitecto Sou Fujimoto completó en 2011 para una joven pareja. Con apenas 85 metros cuadrados (914 pies cuadrados) de superficie y tres plantas de altura, la obra del estudio Sou Fujimoto Architects representa uno de los experimentos domésticos más radicales de la arquitectura contemporánea.
La casa contrasta de manera marcada con el entorno urbano donde se emplaza. Mientras los edificios vecinos recurren a los bloques de hormigón y las paredes de madera habituales en las áreas residenciales densas de Japón, House NA prescinde casi por completo de muros, y expone su interior a la mirada de peatones y conductores que circulan por la zona. La única barrera entre la vida privada y la calle son cortinas opacas que los habitantes pueden correr a voluntad.
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Un árbol hecho de acero y vidrio
La premisa conceptual que guía el proyecto parte de una analogía con la naturaleza. Según detalló Fujimoto en la memoria del proyecto publicada por Archello, vivir en una vivienda dentro de la densidad urbana tokiota puede compararse con habitar un árbol: “Un árbol tiene muchas ramas, cada una como un lugar para actividades de distintas escalas. Lo que resulta fascinante es que esos lugares no están herméticamente aislados, sino conectados entre sí en su propia relatividad”.
Para traducir esa idea al espacio construido, el estudio organizó el interior en 21 plataformas de piso independientes dispuestas a distintas alturas, todas ellas interconectadas mediante escaleras, escalones cortos y escaleras de mano. Las plataformas varían en superficie: las más pequeñas miden alrededor de 2 metros cuadrados y las mayores alcanzan los 7,5 metros cuadrados. Esa gradación de escalas permite que un mismo espacio funcione como asiento, escritorio, zona de tránsito o área de reunión según las necesidades del momento.
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La estructura de acero blanco de sección delgada, posible gracias a los cortos tramos entre apoyos, se complementa con un suelo de abedul teñido de blanco. El resultado, tal como lo describió Archello, es “una unidad de separación y coherencia”: la casa puede entenderse como un gran ambiente único o, al mismo tiempo, como una mansión de habitaciones múltiples.

Transparencia, privacidad y vida cotidiana
La radical apertura visual de House NA plantea interrogantes prácticos sobre la intimidad de sus habitantes. La solución adoptada por Fujimoto fue minimalista: cortinas instaladas tanto entre las distintas plataformas como en la fachada exterior, que interrumpen la visión desde la calle cuando la pareja así lo requiere. La vivienda fue diseñada para alojar a dos personas con capacidad para recibir hasta dos personas más, de modo que los 21 espacios resultan suficientes para esa escala de ocupación.
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El sistema de climatización también refleja la voluntad de mantener la estética al mínimo. Algunas plataformas cuentan con calefacción integrada en el suelo para los meses de invierno, mientras que la ventilación en verano depende exclusivamente de la apertura estratégica de los paneles de vidrio. El equipamiento de fontanería, los sistemas de climatización y el almacenamiento se concentran en el muro norte de mayor espesor, situado en la parte posterior de la vivienda, fuera de la vista.
La rigidez lateral necesaria para la estructura se complementa con una estantería de altura completa y paneles de hormigón liviano integrados en las fachadas laterales.
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Entre el mueble, la habitación y la ciudad
Más allá de su impacto visual, House NA propone una reflexión sobre las escalas de la arquitectura doméstica. Archello recoge la explicación del arquitecto: los escalones entre plataformas funcionan a la vez como asientos, como escritorios, como dispositivos que delimitan territorios y como elementos que filtran la luz hacia el interior, a la manera de las hojas de un árbol.
Esa superposición de funciones lleva a Fujimoto a situar la obra en un espacio intermedio: “Es una existencia entre la ciudad, la arquitectura, el mobiliario y el cuerpo, y también entre la naturaleza y la artificialidad”. La estructura de acero blanco no imita formalmente a un árbol, pero la vida que transcurre en su interior reproduce, según el arquitecto, la riqueza espacial que los seres humanos experimentaron cuando habitaban en los árboles.
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La vivienda fue fotografiada por Iwan Baan y se convirtió en referencia internacional tras su difusión en publicaciones especializadas en 2012. Desde entonces, recibe visitas de estudiantes y profesionales de la arquitectura que se acercan al barrio de Suginami para observar desde la calle una construcción que, por su propia naturaleza, no oculta nada.
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