La Selección Argentina remontó otro partido épico, venció a Inglaterra y se clasificó para la final del Mundial 2026, que va a disputar el domingo contra España.
Tras un nueva contienda para el infarto, el foco se vuelve a poner en el DT de la Selección, Lionel Scaloni y en la Albiceleste que consiguieron la “Triple Corona” consecutiva, bicampeones de América, ganadores de la Finalissima y Campeones del Mundo, y se preparan para una nueva final.
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Más allá de los nombres propios en el plantel, la base de los logros alcanzados se encuentra en un liderazgo de trabajo, discreto y positivo, que ha resultado clave para consolidar un equipo con grandes figuras, según explican los expertos en managment, psicología y neurociencias.
¿Qué es lo que Scaloni hace diferente?
En diálogo con Infobae, el doctor Claudio Waisburg, médico neurólogo y neurocientífico, director del Instituto Soma (MN 98.128), afirmó que Scaloni hace cosas que “casi ningún líder hace. No grita, no impone miedo. Cuando Argentina perdió contra Arabia Saudita en el Mundial de Qatar, Scaloni no entró al vestuario a explotar, sino a contener, a generar seguridad, a sostener emocionalmente a sus jugadores antes de pedirles algo. Eso no es debilidad. Eso es neurociencia aplicada al liderazgo", detalló el experto.
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Por su parte, el doctor José Eduardo Abadi, médico psiquiatra, psicoanalista y escritor, explicó a Infobae que Lionel Scaloni representa un nuevo concepto de liderazgo que se aleja del modelo autoritario y cerrado, todavía presente en algunas estructuras.
El liderazgo tradicional se basaba en “un autoritarismo, en un cierto blindaje, en el que la opinión, refutación o agregado que el otro tenga para hacer no son escuchados”. En la actualidad, el liderazgo efectivo se caracteriza por la apertura y la transversalidad, detalló.
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“Son liderazgos donde aquel que forma parte del equipo que coordina y que dirige ese líder es no solo oído, sino escuchado, al que se le pregunta, al que se le permite dudar, con el que podemos debatir una determinada idea", dijo Abadi.
Y completó: “No hay el ‘obedecé’ como una forma de sometimiento que garantiza la seguridad del líder, como era antes, sino que existe una libertad para crear y aceptar el movimiento creativo, sin perder la conciencia de los roles que se tienen en el grupo, en el que quien tiene la última palabra es el líder coordinador, pero sí con la permeabilidad para escuchar y cambiar de acuerdo a lo que le digan los otros. El nuevo líder de hoy crea pequeños líderes alrededor, no sometidos".
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Y continuó Abadi: “Él tiene un equipo, él coordina un equipo. Él no es un ajedrecista que pone a los jugadores como si fueran fichas del ajedrez y las mueve a su antojo, sino que tiene un equipo donde escucha, coordina, debate y donde hay una situación de respeto y de agradecimiento recíproco“.
Aunque tiene la última palabra, las decisiones finales surgen del intercambio y la construcción conjunta con los jugadores, afirmó el psiquiatra: ” Es verdad, su rol es dirigir y tener la última palabra, pero como parte del equipo hay una mucha mayor simetría, respeto por la opinión y la libertad creativa del otro".
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Este modelo de liderazgo otorga permiso para equivocarse sin temor a castigos o humillaciones, señaló el experto: “Habrá que aceptar y aprender de la frustración. Él lo ha dicho y es importante: si no sale, no sale. Scaloni ha entendido que cada cuatro años hay un mundial, que lo interesante es que estos torneos donde la competitividad no es hostilidad, no son una sola vez en la vida, sino que cada cuatro años. Esto no hay que olvidarlo, y Scaloni lo entiende y tiene una capacidad para transmitir también al equipo el permiso para tolerar y manejar una frustración, a no ganar, pero también a festejar como un logro, porque también implicó aprendizaje una victoria".
El estilo Scaloni, según los expertos en liderazgo
Lionel Scaloni convirtió su forma de liderar a la Selección argentina en un caso de análisis para consultoras de talento y reclutadores, que observan en su conducción una combinación de cultura de equipo, vulnerabilidad y claridad de objetivos como base para sostener resultados bajo presión.
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“Lionel Scaloni viene demostrando que no arma planteles pensando únicamente en las estrellas. Su método parece responder a una lógica simple: primero el equipo, después los nombres”, señaló un informe de la consultora Michael Page.
Andrés Hatum, profesor de Management y Organización de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) y autor de libros sobre liderazgo sostuvo: “Hubo un momento en el que casi nadie apostaba por Lionel Scaloni. Incluso Diego Maradona fue uno de sus críticos más duros".
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“Pero el liderazgo no se mide por las opiniones del comienzo, sino por la capacidad de construir un equipo, generar confianza y sostener un proyecto en el tiempo", describió Hatum en un posteo en Instagram.
Según posteó Hatum, “el liderazgo no se mide por un partido ni por una copa. Después de años observando a Lionel Scaloni, creo que su mayor logro no fue levantar un trofeo, sino construir una cultura donde la confianza, la cohesión y el propósito se sostienen incluso cuando las cosas dejan de salir según lo planeado".
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Y agregó: “En un contexto donde muchas organizaciones siguen premiando el ego, la autopromoción y la falsa invulnerabilidad, Scaloni demuestra que se puede liderar desde la humildad, la vulnerabilidad y la autoridad bien entendida. Porque los grandes equipos no son los que nunca se equivocan, sino los que siguen creyendo cuando aparece la adversidad".
Patricio Fay, profesor y director del área de Comportamiento Organizacional del IAE Business School, destacó cuatro aspectos del liderazgo de Scaloni que son claves para cualquier compañía: confianza, buen manejo del conflicto, compromiso y un adecuado manejo de las emociones. Todas estas cualidades permiten que el equipo funcione y que se obtengan resultados que son mayores al aporte individual de sus integrantes.
Scaloni, según la neurociencia

Según el doctor Waisburg, la neurociencia del liderazgo muestra que el cerebro humano no puede aprender, crear ni rendir al máximo cuando percibe amenaza social: “Scaloni construyó lo que los investigadores llaman seguridad psicológica: un entorno donde los jugadores pueden equivocarse, hablar, proponer y ser vulnerables sin miedo a ser juzgados o excluidos".
El experto citó a Amy Edmondson, de la Universidad de Harvard, quien demostró que los equipos de alto rendimiento no son los que tienen menos errores, son los que tienen más seguridad para reconocerlos y corregirlos rápido.
“Messi lo dijo en pocas palabras: 'Con Scaloni me sentí libre’. Esa libertad tiene un nombre en neurociencia: activación de la corteza prefrontal lateral, el área del pensamiento creativo, la toma de decisiones y el juego espontáneo", detalló Waisburg.
El especialista afirmó que Scaloni también hace algo que parece simple pero es muy poderoso: “los hace sentir parte de algo más grande que ellos mismos. Cada vez que habla de “este grupo”, de “estos chicos”, de “la familia”, está activando uno de los mecanismos neurobiológicos más poderosos del ser humano: la pertenencia tribal".
Como mencioné en la nota sobre la felicidad que genera el Mundial “cuando miles de personas celebran juntas un gol, el cerebro libera oxitocina, la hormona del apego y la confianza. Esto no es solo para los hinchas. Pasa adentro del vestuario también. Los equipos con alta oxitocina tienen mayor coordinación, mayor tolerancia al dolor del esfuerzo y mayor disposición al sacrificio por el otro. Eso es exactamente lo que se vio en el Mundial", señaló Waisburg.
Otro concepto clave en neurociencia, según el doctor es la co-regulación emocional. “Los estados emocionales se contagian. Si el líder entra al vestuario con ansiedad, el equipo se desregula. Si entra con calma, el equipo se regula. Scaloni es un maestro de la regulación descendente. Su tono de voz, su postura, su presencia comunican “esto está bajo control”, incluso cuando no lo está“, advirtió Waisburg.
Y completó: “Esto activa el sistema nervioso parasimpático de quienes lo rodean. Baja el cortisol. Estabiliza el ritmo cardíaco. Mejora la claridad cognitiva en momentos de alta presión”.
Uno de los desafíos más complejos del liderazgo moderno es gestionar egos, indicó Waisburg, pero señaló que Scaloni lo resolvió de una manera elegante y neurológicamente inteligente: “Convirtió el ego individual en orgullo colectivo. Nadie brilla más que el equipo. Nadie sufre más que el equipo. El BIRGing — ese mecanismo psicológico por el que uno se identifica con la gloria del grupo — opera hacia adentro del vestuario también".

Otra característica de los grandes líderes es no solo gestionar el presente sino también lo que el equipo espera del futuro, afirmó el neurocientífico: “Scaloni siempre habla de procesos, de crecimiento, de construir. Nunca promete victorias — promete pertenencia. Esa distinción es neurológicamente crítica", afirmó.
Y completó Waisburg: “La dopamina se libera en la anticipación, no solo en el resultado. Un equipo que anticipa positivamente su futuro tiene más energía, más motivación y más resiliencia ante la adversidad".
“Eso es exactamente lo que Scaloni construyó en el equipo después de la derrota con Arabia en el Mundial de Qatar. No los dejó instalarse en la catástrofe. Los hizo volver al presente, al siguiente partido, al proceso”.
“Esa capacidad de regular el tiempo psicológico — no quedarse en el pasado ni adelantarse al futuro — es una de las habilidades más sofisticadas de la corteza prefrontal. Y Scaloni la modeló constantemente", resaltó Waisburg.
Lejos del autoritarismo, cerca de la confianza
La consultora internacional Michael Page también identificó en Scaloni un estilo de conducción alejado del mando autoritario. Su informe remarcó que construyó una relación basada en cercanía, confianza y credibilidad, y que incluso expuso su vulnerabilidad cuando reconoció en público que dejar futbolistas afuera es una de las decisiones más difíciles de su función.
Prueba de ello, es la confesión del DT en la conferencia de prensa posterior al partido Argentina-Egipto, donde Scaloni reveló el divertido apodo que le pusieron dentro del vestuario, debido a su sensibilidad.
“Siempre me emociono, lo que pasa es que a veces salen las lágrimas. Hoy salieron en el vestuario también. Los chicos hasta me dicen ‘La llorona’, pero no me importa porque vivir esta emoción para mí, para el Ratón, para Pablo, para Walter, para todos los que hemos jugado durante 20 años al fútbol, volver a sentir lo que sentimos hoy es algo increíble", declaró.

Y añadió: "Yo no sé lo que pensarán los demás entrenadores pero creo que la mayoría de los que se hicieron entrenadores lo hicieron por momentos como el de hoy, por la adrenalina de llegar a ganar algo, por intentar darlo vuelta cuando vas perdiendo. Eso lo hicimos toda la vida y lo vamos a seguir haciendo".
En el campo de juego, después de la remontada en 13 minutos del partido con Egipto, al técnico casi no le salían las palabras por la emoción: “No puedo ni levantar la mirada, lo siento, estoy muy emocionado. ¡Qué grupo de jugadores, hermano! Me tengo que ir, disculpame”.
En la conferencia posterior, el entrenador ligó la reacción del equipo con un rasgo que excede la táctica. “La magnitud de lo de hoy es comparable con muchísimas cosas que hemos vivido porque es un equipo que no deja de ir para adelante, el fútbol es esto. La táctica y la estrategia son importantes, pero si no tenés esto que tuvimos hoy nosotros hubiésemos quedado eliminados”, dijo.
La relación con los jugadores
Esa construcción de un entorno de confianza también fue descrita por los jugadores. Rodrigo De Paul, el futbolista con 92 partidos en el ciclo, resumió así el efecto de esa conducción: “Me hizo entender que la vida se puede ver desde un montón de lugares, incluso el fútbol. Como yo ya lo dije, lo más importante es que no somos jugadores de fútbol, sino personas que juegan al fútbol”.
El volante agregó que detrás de cada integrante del plantel hay “muchos problemas, satisfacciones y desilusiones”, y que cuando quien conduce entiende eso, el jugador se siente ‘en un lugar mucho más acogedor’”. Para el mediocampista, esa percepción permite desplegar mejor las virtudes individuales.
Por su parte, Lionel Messi, luego del partido contra Egipto declaró: “Yo ya lo he dicho muchas veces, soy muy agradecido de este grupo. Soy feliz de pertenecer. Sé que ellos siempre tienen unas palabras de cariño para mí. Y no solo palabras, me lo demuestran con hechos. Hace mucho tiempo que venimos compitiendo juntos y para mí es un orgullo poder competir al lado de ellos porque siempre entregan todo y creo que hoy fue una muestra más de todos”, reflexionó el capitán de la Selección tras la victoria.
Al respecto, Hatum afirmó en relación a las figuras del plantel: “Cuando tenés una estrella indiscutida como Lionel Messi, lo que le pase a él impacta en el resto. Pero en este caso, Scaloni cuenta con otro líder en la cancha con el que comparte esa vocación de humildad y permite que sea el equipo el que se destaque. Todo se festeja en equipo”, agregó en un artículo en la Universidad Di Tella.
Las 6 enseñanzas de Scaloni para todo líder de equipo
El doctor Waisburg brindó las siguientes claves:
- La seguridad psicológica rinde más que el miedo. Un equipo que no tiene miedo de equivocarse aprende más rápido y rinde mejor bajo presión.
- El estado emocional es contagioso. “Antes de hablarle a tu equipo, regulate vos. El tono, la postura y la calma comunican más que las palabras”, dijo Waisburg.
- La pertenencia es el motor más poderoso. "Las personas no dan lo mejor de sí por dinero o miedo — lo dan cuando sienten que son parte de algo significativo", señaló.
- El ego individual se gestiona con orgullo colectivo. “Haz que cada persona sienta que su contribución importa al conjunto”, recomendó.
- Anticipar positivamente. Los equipos que tienen algo por lo que esperar rinden mejor. La dopamina de la anticipación es tan poderosa como la del resultado.
- La derrota bien procesada es combustible. “No evites el dolor del fracaso — ayudá al equipo a atravesarlo con dignidad y a aprender de él. Eso construye neuroresiliencia", afirmó.
“Scaloni no ganó un Mundial con los mejores jugadores del mundo. Los tenía. Lo que hizo fue crear las condiciones para que esos jugadores pudieran ser los mejores. Eso es exactamente lo que la neurociencia del liderazgo lleva décadas diciendo: el entorno que construye el líder es más determinante que el talento individual. El cerebro humano rinde al máximo cuando se siente seguro, valorado y parte de algo más grande que uno mismo. Scaloni lo entendió intuitivamente. La ciencia lo confirma“, concluyó el doctor Waisburg.
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