
Un modelo que siguió el recorrido de una remera blanca de algodón de 110 gramos estimó que para fabricarla se necesitan 197 gramos de fibra y que 44% del material se pierde durante la producción, antes de que la prenda llegue al consumidor. El trabajo, publicado en el Journal of Circular Economy, también calculó que, con las condiciones actuales, como máximo 17% de la fibra original podría volver mecánicamente a una nueva remera.
El análisis reconstruyó una cadena global típica: fabricación en Bangladesh, consumo y descarte en Noruega, clasificación en Lituania y reciclaje de fibra en India. El objetivo fue medir, paso a paso, cuánto material queda en el producto final y cuánto se pierde en cada etapa, desde el hilado hasta el corte y confección, y luego en la recolección y el reciclaje.
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Los autores advirtieron que se trata de un estudio de modelización, no una auditoría de marcas específicas, y que las cifras pueden variar según fábricas, tecnologías y sistemas de gestión de residuos. Aun así, el resultado cambia el foco: parte sustancial del desperdicio ocurre en el piso de fábrica, no solo cuando la prenda se descarta.
Dónde se pierde el algodón antes de la venta

Según el modelo, la mayor pérdida se concentró en etapas tempranas de la manufactura, cuando la fibra todavía no se convirtió en una prenda terminada. El estudio atribuyó la merma a recortes, residuos de proceso y pérdidas en el hilado, el tratamiento químico y el armado de la remera, lo que sugiere que el desperdicio no es un fenómeno excepcional, sino un resultado acumulado de decisiones de proceso, eficiencia de maquinaria y manejo de sobrantes.
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En números, el sistema arrancó con 197 gramos de algodón y terminó con una remera de 110 gramos. Esa diferencia no se explicó por un único “punto negro”, sino por pérdidas distribuidas a lo largo de la cadena. El modelo identificó un primer bloque de merma en la fabricación del hilo, donde parte de la fibra no llega a convertirse en un insumo usable por calidad, fricción del proceso o descarte de material. Luego, en los procesos químicos y de teñido, se registraron nuevas pérdidas asociadas a tratamientos y controles que pueden retirar material del flujo principal o generar residuos.
La etapa de corte y confección aportó otro componente clave: aunque la tela ya existe, el sistema necesita transformarla en piezas que encajen en un patrón. En ese paso aparecen los sobrantes inevitables del tizado y el corte, además de materiales que se descartan por errores, cambios de lote o control de calidad.
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Por qué el reciclaje no resuelve el problema por sí solo

Según el modelo, la mayor pérdida se concentró en etapas tempranas de la manufactura, cuando la fibra todavía no se convirtió en una prenda terminada. El estudio atribuyó la merma a recortes, residuos de proceso y pérdidas en el hilado, el tratamiento químico y el armado de la remera, lo que sugiere que el desperdicio no es un fenómeno excepcional, sino un resultado acumulado de decisiones de proceso, eficiencia de maquinaria y manejo de sobrantes dentro de la fábrica.
En números, el sistema arrancó con 197 gramos de algodón y terminó con una remera de 110 gramos. Esa diferencia no se explicó por un único “punto negro”, sino por pérdidas distribuidas a lo largo de la cadena.
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El modelo identificó un primer bloque de merma en la fabricación del hilo, donde parte de la fibra se descarta durante la preparación y el procesamiento del material, ya sea por residuos del propio proceso o por controles de calidad que dejan afuera fibras que no cumplen determinados estándares. Además, la lógica de producción en volumen tiende a generar sobrantes y residuos que no siempre quedan integrados a un circuito formal de recuperación.
Luego, en los procesos químicos y de teñido, se registraron nuevas pérdidas asociadas a tratamientos y controles que pueden retirar material del flujo principal o generar residuos. En esta fase también aparece un problema de trazabilidad: parte del material descartado puede salir del circuito visible del sistema productivo, lo que dificulta medir con precisión qué se recupera, qué se reutiliza y qué termina como descarte definitivo.
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