El cultivo del árbol de palta en zonas urbanas y semiurbanas de Buenos Aires ha demostrado ser viable, siempre que se tomen precauciones frente a las bajas temperaturas invernales. La sensibilidad de esta especie al frío intenso obliga a elegir cuidadosamente el lugar de plantación, priorizando espacios protegidos, como patios o parques rodeados de construcciones, que ofrecen refugio natural y minimizan el impacto de las heladas.

La elección del sitio resulta determinante para el desarrollo y la productividad del palto. Según la experiencia compartida por el especialista en el manejo de estos árboles Juan Buela, los ejemplares ubicados en áreas expuestas o descampadas, especialmente a más de 50 kilómetros de la ciudad, solo prosperan si cuentan con protección adecuada.
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El frío excesivo puede afectar gravemente su crecimiento, llegando incluso a secar completamente los árboles en inviernos particularmente duros, como ocurrió durante la primera semana de julio en los últimos dos años. No obstante, en zonas bien resguardadas, los paltos han tolerado las heladas y han logrado recuperarse, rebrotando desde la base tras los daños sufridos.

El tipo de suelo y la exposición solar también influyen en la salud del árbol. El palto prefiere suelos bien drenados y no tolera el encharcamiento ni la humedad excesiva en las raíces. Aunque necesita buena iluminación, una exposición total al sol puede resultar contraproducente en regiones donde el clima es más riguroso, por lo que se recomienda un equilibrio entre luz y protección, a menudo proporcionado por la presencia de otros árboles o edificaciones cercanas.
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Injertarlo: la clave para acelerar la producción del palto
En cuanto a la producción de frutos, el tiempo que tarda un árbol de palta en ser productivo varía según el método de propagación. Los ejemplares obtenidos a partir de carozo requieren en promedio siete años para comenzar a dar frutos, mientras que los árboles injertados pueden empezar a producir desde el primer año, siempre que se ubiquen en un entorno adecuado. El injerto consiste en insertar una parte de una planta adulta en un pie joven, lo que acelera notablemente el inicio de la fructificación.

Diferentes tipos de palto
La variedad de palta elegida determina las características del fruto. Existen tipos más mantecosos y otros de pulpa más acuosa, conocidos como criollos. La selección debe basarse en las preferencias del cultivador, ya que cada árbol mantendrá las propiedades de la variedad plantada. El reconocimiento de la variedad se realiza principalmente por el fruto y no por el carozo.
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Por qué cultivar varios ejemplares juntos
Un aspecto relevante en la polinización y la productividad es la presencia de más de un ejemplar. Aunque los paltos poseen flores hermafroditas, la maduración de las partes masculina y femenina no siempre coincide, lo que dificulta la polinización. Por ello, se recomienda plantar al menos dos árboles, preferentemente de diferentes variedades que coincidan en las épocas de floración, para favorecer la fecundación cruzada y aumentar la cantidad de frutos. El especialista explicó que “no existen árboles machos y hembras, sino que tienen flores hermafroditas, pero la maduración de los órganos sexuales no siempre ocurre al mismo tiempo”, lo que hace necesario contar con varios ejemplares para optimizar la producción.

Poda: una práctica esencial
No existe una época definida para realizar la poda, se efectúa según las necesidades del árbol, con una o dos intervenciones anuales. El objetivo es evitar que el árbol crezca únicamente en altura y asegurar que la luz llegue a todas las ramas, ya que los brotes que reciben buena iluminación serán los que produzcan frutos al año siguiente.
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El especialista detalló que “la poda principal suele hacerse cuando una rama alta tiene muchas paltas, aprovechando para reducir la altura y favorecer el crecimiento lateral”. Estas intervenciones no se concentran en un solo día, sino que se distribuyen a lo largo de varias semanas, retirando ramas específicas una vez que han completado su ciclo productivo.

Cosecha y frutos
En relación con la época de cosecha, la producción de frutos varía según la variedad, pero generalmente se extiende desde mayo hasta julio, coincidiendo con el otoño avanzado y el inicio del invierno. Aunque un árbol puede presentar una gran cantidad de flores, solo una fracción de ellas llegará a convertirse en fruto, pero aun así la productividad suele ser elevada. El especialista señaló que “no exactamente el cien por cien de las flores se transforman en frutos, pero aun así produce muchísimos”.
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La experiencia en el manejo de un ejemplar ubicado en San Isidro, una zona urbana protegida, ha demostrado que con una poda racional y un entorno adecuado, el palto puede mantenerse saludable y productivo durante años, incluso frente a inviernos severos.
Foto y video: Tomás Coudures (IWoKFilms)
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