
La imagen de Alex Honnold suspendido sin cuerda en la imponente pared de El Capitán, en el Parque Nacional de Yosemite, se transformó en símbolo universal de audacia y superación. Este logro, inmortalizado en la película “Free Solo”, reveló una filosofía que va mucho más allá del riesgo inherente al deporte.
En una reciente conversación en el pódcast Huberman Lab junto al neurocientífico Andrew Huberman, el escalador estadounidense compartió su visión sobre la motivación, la disciplina y la inevitable conciencia de la mortalidad, pilares de una mentalidad templada tanto en la roca como en la reflexión personal.
Pasión y motivación desde la infancia
Considerado referente de la escalada moderna, Honnold es admirado por la manera en que enfrenta los grandes desafíos. En el pódcast, repasó sus inicios y la preparación meticulosa detrás del ascenso de El Capitán en solitario, resaltando los procesos mentales y físicos que le permitieron lograrlo. “La escalada siempre fue una motivación intrínseca para mí”, recordó.
Desde pequeño, la sensación de moverse sobre la roca le bastaba para sentirse impulsado. Con los años y la profesionalización, aparecieron también motivaciones externas, como el reconocimiento público. Para el alpinista, el reto está en mantener el equilibrio, y explicó: “No quieres que la motivación extrínseca te empuje a hacer algo para lo que no estás preparado”.

Preparación milimétrica con gestión del miedo
El ascenso sin cuerda de El Capitán fue fruto de años de preparación detallada. Honnold memorizó los movimientos de los tramos más complejos y confió en su experiencia para las secciones más sencillas. La clave es alcanzar un estado de autopiloto. “El objetivo es no pensar demasiado, no dudar, simplemente hacer lo que has practicado”, explicó.
Frente al peligro, la gestión del miedo resulta central. El escalador rechaza la idea de que no sienta temor; pudo aprender a identificar y controlar sus emociones mediante exposición progresiva y entrenamiento mental.
“Obviamente siento miedo, pero no me asusto con fotos en blanco y negro”, bromeó, aludiendo a experimentos sobre su reacción ante situaciones riesgosas. La experiencia y la repetición atenuaron la novedad y la ansiedad asociadas a desafíos extremos.

Longevidad y evolución de la escalada
La escalada permite, a diferencia de otros deportes de alto impacto, una carrera más extendida. Honnold destacó que muchos escaladores logran hazañas notables incluso a los 50 o 60 años. Según él, la técnica, la movilidad y la capacidad de adaptación son más determinantes que la fuerza bruta, lo que facilita la continuidad.
El auge de la disciplina, impulsado por su presencia en los Juegos Olímpicos y la proliferación de gimnasios, transformó la cultura del deporte. Ante esto, celebró que más personas puedan vivir de la escalada, ya sea como entrenadores o creadores de rutas. “Una industria más amplia es buena para todos”, afirmó.
Aunque igualmente reconoció que la comercialización y el peso de las redes sociales modificaron la percepción pública y la manera de compartir los logros. Pese a que mantiene presencia en redes, prefiere delegar la gestión de sus cuentas para evitar distracciones y centrarse en la actividad misma.
De igual manera, señaló que la popularidad creciente convirtió a la escalada en un fenómeno global, comparable a lo que ocurrió con deportes como el skateboarding. Si bien algunos veteranos critican la tendencia hacia movimientos más acrobáticos, Honnold valora la diversidad y la posibilidad de encontrar un espacio propio, en el gimnasio o en la roca natural.

Convivir con la muerte y el sentido del esfuerzo
Uno de los momentos más profundos del diálogo con Huberman fue su reflexión sobre el riesgo y la mortalidad. La muerte de su padre, cuando tenía 19 años, marcó su visión: “La conciencia de la mortalidad es uno de los mejores motores para construir una gran vida”.
Desde aquel episodio, prefiere asumir riesgos calculados y perseguir objetivos que le llenen de orgullo, antes que vivir con el arrepentimiento de no haber intentado lo que realmente le apasiona.
Su filosofía se basa en la búsqueda de sentido en el esfuerzo cotidiano. Para Honnold, el valor reside en la constancia diaria más que en los grandes hitos. El ascenso de El Capitán, por ejemplo, fue la suma de innumerables pequeños objetivos logrados año tras año.

Actualmente, su rutina combina escalada, ejercicios de fuerza, carreras semanales y actividades al aire libre, ajustando la intensidad a sus responsabilidades familiares y profesionales. La recuperación pasó de días de reposo absoluto a una recuperación activa, en la que el tiempo con sus hijos y el cuidado personal ocupan un rol central.
A quienes se inician en la disciplina, recomendó priorizar técnica y movilidad sobre fuerza, y buscar el equilibrio entre el esfuerzo y el disfrute. “Lo que realmente inspira es ver a alguien esforzarse al máximo, más allá del éxito conseguido”, afirmó, resaltando la importancia del proceso.

El legado de la espontaneidad
Al finalizar la conversación en el Huberman Lab Podcast, reiteró que la vida adquiere sentido cuando se dedica a aquello que apasiona, sin importar el reconocimiento externo ni el tamaño del reto. La recompensa está en el esfuerzo, la capacidad de tomar decisiones auténticas y en asumir los riesgos necesarios para no dejar nada pendiente.
La historia del escalador Alex Honnold trasciende sus hazañas y se convierte en una invitación a perseguir grandes metas a través de pequeños pasos, gestionar el miedo con disciplina y transformar la conciencia de la finitud en una fuente inagotable de motivación.
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