En un nuevo episodio de La Conversación en Infobae, Gonzalo Sánchez reunió a Kevin Ari-Levin, Said Chaya, Julián Schvindlerman y Claudio Fantini para debatir sobre la historia, la actualidad y las posibles salidas del conflicto israelí-palestino. Fue un intercambio intenso, que combinó memoria histórica, responsabilidades políticas y la urgencia humanitaria de un presente devastador.
“Esto no empezó el 7 de octubre, pero el 7 de octubre abrió un capítulo muy difícil en este conflicto”, advirtió Ari-Levin al comenzar, marcando que lo sucedido hace casi dos años no es un hecho aislado, sino parte de una larga cadena de desencuentros y violencias.
El inicio de la guerra: ¿religión, territorio o poder?
La discusión sobre el origen del conflicto volvió sobre una constante: nunca hay una fecha exacta, pero sí una acumulación de heridas. Muchos historiadores ubican la génesis en la partición de Palestina en 1947 y la creación del Estado de Israel en 1948. Otros, en los choques previos de la década del 30.
Para Schvindlerman, la raíz es clara: “Desde Husseini en los años 30 hasta hoy, el nacionalismo palestino ha rechazado sistemáticamente las oportunidades de coexistencia”. En su visión, el problema no es coyuntural, sino estructural: un rechazo persistente que frustró intentos de paz.

Pero el debate no quedó allí. Claudio Fantini recordó que, aun en medio de las tensiones, existieron liderazgos que apostaron por la paz y el reconocimiento mutuo. El caso más emblemático fue el de Itzjak Rabin, primer ministro israelí y héroe militar que en los años 90 se convirtió en un símbolo del diálogo con los palestinos.
Rabin firmó los Acuerdos de Oslo de 1993, un hito en el que Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) se reconocieron mutuamente y abrieron la puerta a la creación de un futuro Estado palestino.
Sin embargo, esa esperanza se quebró abruptamente en 1995, cuando Rabin fue asesinado por Yigal Amir, un joven extremista judío de derecha que rechazaba cualquier concesión a los palestinos. Su muerte no solo frenó el proceso de Oslo, sino que dejó a la sociedad israelí dividida entre quienes apostaban por la coexistencia y quienes desconfiaban de todo acuerdo.
Fantini fue contundente al conectar ese hecho con la deriva actual: “Nunca nadie le hizo más daño a Israel que Hamas y Netanyahu. Son coautores de la tragedia”. Con esta frase, el analista no solo responsabilizó al movimiento islamista que gobierna Gaza desde 2007, sino también al actual primer ministro israelí, a quien acusó de sostener políticas que terminaron fortaleciendo a su enemigo.
El 7 de octubre y la espiral de violencia

El ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023 marcó un punto de no retorno. Ese día, más de 1.100 personas —en su mayoría civiles— fueron asesinadas en Israel y 251 fueron secuestradas. Fue el día con mayor número de muertes de judíos desde el Holocausto. Desde entonces, la guerra se intensificó, y hasta el día de hoy Hamas mantiene en cautiverio a 50 rehenes, de los cuales se cree que muchos ya han fallecido.
Del otro lado, el costo humano fue aún más devastador. Según el Ministerio de Salud de Gaza, más de 62.000 personas murieron desde el inicio de la guerra, la mitad de ellas mujeres, niños y ancianos, lo que convierte a esta guerra en una de las más sangrientas que se recuerden en Medio Oriente en las últimas décadas.
La devastación no se limita a las víctimas fatales. Naciones Unidas y organizaciones humanitarias señalan que más del 80% de la población de Gaza fue desplazada de sus hogares, obligada a vivir en refugios improvisados, escuelas saturadas o campamentos sin acceso seguro a agua potable, alimentos o atención médica. La infraestructura civil —hospitales, escuelas, mezquitas, universidades— ha quedado reducida a ruinas bajo los bombardeos. “Lo que vemos hoy es una ciudad de escombros”, describió Fantini.
A esto se suma la tragedia de los rehenes. Ari-Levin explicó que “el Foro de Familiares de Secuestrados entiende que el gobierno está priorizando la guerra por sobre un acuerdo que podría salvar vidas”. Y Schvindlerman agregó que Hamas jugó deliberadamente con ese dilema: “El 7 de octubre puso a Israel en una disyuntiva: o destruye a Hamas y pierde a los rehenes, o rescata a los rehenes y Hamas sobrevive la guerra”.
Responsabilidades múltiples y un Estado en crisis

Las responsabilidades, coincidieron los invitados, son compartidas. Para Fantini, la relación entre Hamas y Netanyahu es de “enemigos funcionales”: antagonistas que, sin embargo, se retroalimentan políticamente.
Schvindlerman, en cambio, llevó la mirada más atrás: los rechazos árabes a los planes de partición de 1937 y 1947, las oportunidades perdidas en Camp David y Oslo.
Ari-Levin enfocó el análisis en la política interna israelí y en cómo los sucesivos gobiernos enfrentaron la cuestión palestina. “Durante años se administró el conflicto sin ofrecer un horizonte político, y un conflicto no puede administrarse indefinidamente sin que explote de forma violenta. Eso es lo que vimos el 7 de octubre”, advirtió. Su reflexión apuntó, en definitiva, a una advertencia más amplia: mientras no exista un horizonte político claro —ya sea hacia una solución de dos Estados o hacia un modelo distinto de convivencia—, los intentos de simplemente “administrar” el conflicto estarán condenados a colapsar periódicamente en episodios de violencia masiva.
¿Es posible imaginar la paz?
El punto de consenso fue la dificultad de hablar de paz en el presente. Todos los especialistas coincidieron en que, más allá de los deseos, las condiciones actuales hacen imposible cualquier avance inmediato hacia una solución política. Said Chaya lo sintetizó de manera clara: “No se puede resolver ahora, no están dadas las condiciones en absoluto”.
Chaya recordó, sin embargo, que la historia demuestra que incluso en contextos de máxima tensión hubo instancias en las que el diálogo pareció posible. En 1978, los Acuerdos de Camp David, firmados entre Egipto e Israel bajo la mediación de Jimmy Carter, lograron que por primera vez un país árabe reconociera a Israel a cambio de la devolución del Sinaí. Y en 1993, los Acuerdos de Oslo también marcaron otro hito. Aunque esos procesos no lograron una paz duradera, dejaron la enseñanza de que cuando existe voluntad política, el diálogo es posible, incluso en escenarios muy adversos.
Fantini, por su parte, citó al escritor israelí Amos Oz, quien insistía en que la paz requiere líderes capaces de dejar atrás las narrativas heroicas y los fanatismos identitarios: “El héroe mitológico debe dar paso al estadista. La paz no vendrá de los fanatismos, sino de un recambio político profundo”. Para el politólogo, ni en Israel ni en Palestina existen hoy esos liderazgos moderados capaces de apostar por concesiones mutuas, y eso explica la sensación de un callejón sin salida.
Una encrucijada abierta
La conversación dejó en claro que el conflicto no es imposible de resolver, pero tampoco parece tener una salida cercana. “En algún momento, así como hubo avances, puede volver a darse un proceso de paz. Hoy, no”, concluyó Chaya, dejando planteada la idea de que la historia de Medio Oriente es también la historia de oportunidades que se abren y se cierran de manera cíclica.
El problema, coincidieron los especialistas, no está solo en la violencia del presente, sino en la ausencia de liderazgos capaces de articular un horizonte político distinto. Mientras Hamas se aferra a su estrategia de confrontación y Netanyahu refuerza su supervivencia política en medio de la guerra, la sociedad civil —tanto palestina como israelí— queda atrapada en una espiral sin alternativas visibles.
Mirá el episodio completo en el canal de YouTube de Infobae.
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