
La mermelada ha sido más que un simple dulce a lo largo de la historia. Este aderezo, elaborado a partir de frutas, azúcar, ácido y pectina, evolucionó desde un método de conservación hasta convertirse en un símbolo de estatus y un regalo codiciado por la realeza. Aunque en la actualidad es un elemento básico en una mesa para el desayuno o la merienda, su historia revela aspectos fascinantes sobre la alimentación y la sociedad a través de los tiempos.
Los orígenes de la mermelada se remontan a tiempos antiguos, cuando la conservación de alimentos con miel o azúcar era una práctica común. Sobre todo la primera, porque era barata, sencillo de conseguir y tenía propiedades antibacterianas naturales. La historiadora gastronómica Mary-Anne Boermans destaca que la receta más antigua conocida se encuentra en “De Re Coquinaria” de Apicio, del siglo IV d.C.
Sin embargo, fue la introducción de la caña de azúcar desde el sudeste asiático a Persia, entre los siglos III y VI d.C., lo que marcó el inicio del dulce, tal y como la conocemos hoy.

La escritora sobre gastronomía Sarah B. Hood escribió en su libro “Jam, Jelly and Marmalade: A Global History”: “Si se pudiera sugerir una nación como la inventora de la confitura y la mermelada, la Persia sasánida, que cultivaba azúcar en el siglo VI d.C., es una buena candidata”.
Esta innovación culinaria se difundió por Europa medieval y Gran Bretaña gracias a las Cruzadas (una serie de guerras religiosas durante aquellos tiempos), aunque inicialmente era un lujo exclusivo de la aristocracia debido a su alto costo.
La mermelada fue aprobada por el paladar de figuras históricas como el rey Luis XIV de Francia y la reina Victoria del Reino Unido, quienes la apreciaban como un delicado manjar. Incluso Nostradamus escribió una receta para una “mermelada de amor” con propiedades románticas en el siglo XVI, en su libro “Traité des fardemens et confitures”. Entre otras tantas recetas que se utilizaron con fines medicinales, especialmente digestivos.
No obstante, la democratización de la mermelada ocurrió a finales del siglo XVIII, con la disminución del precio del azúcar. Este cambio económico estuvo directamente vinculado al trágico trabajo esclavo en las colonias europeas del Caribe. “En muchos sentidos, la mermelada es un producto colonial. De ahí se originó el azúcar necesario para elaborarla”, aseguró Rebecca Earle, historiadora de la alimentación.

Y aseguró que luego sería fundamental durante la Revolución Industrial. “La clase trabajadora en el Reino Unido a menudo comía azúcar en el té y pan untado con mermelada. En cierto sentido, ese fue el combustible de la revolución industrial”, explicó Earle.
En la actualidad, la mermelada se disfruta en una amplia gama de variedades y sabores, desde opciones económicas hasta conservas artesanales de edición limitada. La duquesa de Sussex, Meghan Markle, eligió la mermelada como producto principal para su marca: American Riviera Orchard. Esta elección demuestra la continuidad de la mermelada como un ícono de lujo y tradición, fusionando la delicadeza real con los placeres domésticos.
En la actualidad el dulce de fruta se encuentra como ingrediente de otras comidas, como donas, tortas, tartas dulces y demás postres. También como aderezo para tostadas o galletitas. Comenzó como un método de conservación y se transformó en el gusto de muchas comidas. Y, sin dudas, el más consumido en Argentina es el dulce de leche. El más emblemático e históricos de nuestro país.
Dulce de naranja casero, por Paulina Cocina (@paulinacocina)
Ingredientes
Para 4 frascos de mermelada de naranja usar:
- 1 kg de naranjas
- 600 gramos de azúcar
- Jugo de un limón

Elaboración
- El primer paso es lavar bien y después pelar todas las naranjas. Es importante sacar también la parte blanca y las semillas. Luego cortar en trozos la pulpa.
- La cáscara previamente lavada hay que cortarla en tiras finas y agregar a la pulpa.
- Cocinar la pulpa y la cáscara durante 40 minutos a fuego lento. Revolver continuamente para que no se pegue.
- Tras los 40 minutos, sumar a la mezcla el azúcar y el jugo de limón. Cocinar por 10 minutos más. Reservar y enfriar
- Terminada de cocinar, reservarla y dejarla enfriar para poder comerla. Si no se consume al momento, se debe guardar en frascos y en un lugar seco, fresco y alejado de la luz.
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