
El delirio erotomaníaco es un trastorno mental delirante de curso crónico, con poco compromiso de las demás funciones psíquicas, lo cual permite que la persona siga realizando actividades y se mueva en el medio social sin que llame demasiado la atención por sus conductas.
Los griegos usaron el término paranoia (mente más allá de sí misma) para nombrar los episodios de esta forma de “locura”. Fue Kahlbaum quien usa el mismo término para denominar a los delirios crónicos. Kraepelin postuló los criterios a tener en cuenta para su diagnóstico: comportamiento delirante persistente con ausencia de alucinaciones y sin deterioro severo de la personalidad.
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Personalidad previa
Se han observado rasgos de personalidad previos a la eclosión del delirio: desconfianza, interpretación suspicaz de las acciones ajenas, pensamiento rígido, frialdad emocional, aislamiento social, celos, entre otros. A veces el trastorno se dispara luego de una situación estresante, ejemplo: separación, crisis laboral, para dar tan sólo algunos ejemplos. En realidad el factor externo actuaría como disparador de una psicosis latente.
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Freud concibió la patogenia del cuadro delirante como un intento del Yo de reprimir el deseo homosexual y proyectar sus temores a los demás, los cuales se convierten en una amenaza constante (ideas persecutorias, ideas de que su amor ideal los abandone por otros, etc.). Los aportes psicodinámicos consideran también que el enfermo ha tenido una madre muy controladora, hostil y un padre sádico y distante.
¿Cómo se manifiesta?
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El delirio bien sistematizado es el síntoma que define el cuadro. La línea argumental sigue una lógica y, aunque nos parezca irreal lo que el paciente relata, podemos seguir todo el desarrollo. La idea delirante se nutre de la realidad circundante. Los pacientes tienen absoluta certeza de lo creen y manifiestan (temple delirante) y si uno los confronta buscan nuevas razones para justificar su visión (irracional para el resto de las personas) o se irritan con facilidad cuando se los confronta o no se cumplen con sus deseos; dato a tener en cuenta para no provocar reacciones violentas.
Los enfermos son egosintónicos, es decir, no tienen conciencia de lo que les pasa, están convencidos de que lo que piensan o hacen es lo que tienen que hacer. Creen en su mundo delirante; no se angustian por la enfermedad, sino por la temática del delirio. Ejemplo: el perseguido no sufre porque está enfermo, sufre porque se siente acosado por personas que lo vigilan constantemente, el erotómano sufre porque la persona amada se aleja cada vez más.
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El estado de ánimo que acompaña al delirio puede ser inestable, con episodios de alegría, de amor intenso, de ira o de odio desmedido.
La temática delirante es variada:
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Delirio persecutorio: es el tema más frecuente. El paciente se cree víctima de un complot o de un sistema que lo vigila constantemente: cámaras que lo filman, micrófonos, gente que sabe sus movimientos, etc. En las paranoias querulantes o reivindicatorias el enfermo interpone demandas judiciales y se embarca en infinidad de querellas. En otros casos cree que está siendo envenenado o que empresas contaminan el aire, solicitan investigaciones, estudios o envían E-mail alertando a la población.
Delirio místico: cree que ha sido elegido para cumplir el mandato de Dios en la tierra, o tiene una relación especial con ángeles, santos, etc.
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Delirio megalomaníaco: habla de cifras millonarias de dinero, bienes, posesiones y relaciones sociales con los círculos más gramados de la sociedad. Es poseedor de minas de oro, yates, mansiones, etc. También puede creer que posee una inteligencia brillante, una capacidad superior dones especiales.
Delirio erotomaníaco o Síndrome de Clerambault: consiste en la convicción o certeza que tiene el sujeto delirante de que una persona que tiene algún grado de notoriedad o de status superior (artista, político, profesor, etc.) se ha enamorado de él y le envía señales de amor, hasta el rechazo puede, en un primer momento, ser tomado como una señal amorosa. A partir de estos datos el sujeto enfermo comienza el asedio a la persona: e-mail, fotos, videos, regalos, frecuenta los mismos lugares y se anota en las mismas actividades con tal de ver a la supuesta persona amada. Cada gesto de indiferencia o rechazo puede ser tomado como gesto de amor. Y así hasta darse cuenta de lo imposible de ese amor: “O serás mía/o o no serás de nadie”.
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Delirio celotípico: los celos son frecuentes en las personalidades paranoides; forman parte de la creencia de que los demás son desleales y que en cualquier momento van a mostrar la verdadera esencia. Están a la espera de la traición e interpretan hechos insustanciales como pruebas de la falta. Las ideas delirantes pueden ser disparatadas, recuerdo una paciente internada en terapia intensiva, rodeada de aparatos, tubos, cables y en estado de coma, cuyo marido, afectado de un delirio celotípico aseguraba que durante la noche su mujer tenía relaciones con enfermeros y médicos. La celotipia es más frecuente en hombres, algunos con abuso de alcohol; también puede aparecer en las demencias.
Curso y pronóstico:
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La paranoia es un cuadro delirante que puede ser tratado en forma ambulatoria siempre y cuando se convenza al paciente de que concurra a la consulta. Está en la habilidad del médico lograr una alianza que permita la adhesión y la continuidad del tratamiento.
En todos los casos es importante la ayuda de la familia o de alguna persona cercana al paciente. Se pide la intervención judicial cuando hay peligro de autoagresión o represente un peligro para terceros.
Walter Ghedin (MN 74.794) es médico psiquiatra y sexólogo
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