
Sufrir cierto cansancio o pasar unos días de “confusión” luego de viajar entre países con zonas horarias muy diferentes es lo que se conoce como jet lag. Y puede llevar a que la persona necesite volver a adaptarse a sus horarios habituales de comer, dormir y hasta ir al baño. Ahora bien, padecer esas consecuencias sin haber pasado por un aeropuerto ni abordado un avión es parte del jet lag social, que se produce cuando hay grandes diferencias entre el horario de sueño del fin de semana (o de los días libres) y el horario de los días de semana. Esto es lo que está ocurriendo con los adolescentes argentinos.
De este modo, un equipo de investigadores del CONICET comprobó que los adolescentes argentinos que concurren al turno mañana de la escuela secundaria poseen un menor rendimiento académico y padecen hasta cuatro horas de jet lag social, lo que puede resultar nocivo para su proceso de aprendizaje.
El trabajo, que se publicó en la revista Nature Human Behaviour, se llevó a cabo en el 2015 e involucró a 753 estudiantes argentinos de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini. Esa muestra incluyó a treinta comisiones en total: quince comisiones de primer año –cinco del turno mañana, cinco del turno tarde y cinco del turno vespertino–; quince de quinto año –también cinco del turno mañana, que comienza a las 7:45, cinco del turno tarde, que inicia a las 12:40, y cinco del turno vespertino, que arranca a las 17:20.
“La muestra seleccionada fue muy interesante porque los turnos en el Pellegrini son aleatorios, por ende, quizás hay muchos con cronotipos matutinos en turno noche e inverso en turno matutino con cronotipo nocturno. Fue muy interesante ver la relación de sueño, jet lag social y rendimiento académico”, aseguró a este medio Andrea Goldin, investigadora del Conicet en el laboratorio de neurociencia de la UTDT e investigadora asociada del CEPE.
Goldin explicó que un cronotipo es una característica genética que se va modificando con el ambiente: “Todos los mamíferos tienen un cronotipo más nocturno durante la adolescencia y después comienza a bajar. El argentino comparado con el resto del mundo es más nocturno, pero el horario escolar empieza a la misma hora que en el resto del mundo".

De acuerdo a la profesional que trabaja en el Centro de Evaluación de Políticas Basadas en la Evidencia (CEPE) de la Universidad Torcuato Di Tella, la muestra elegida tenía varias características únicas que eran ideales para poder llevar a cabo el trabajo. En primer lugar, no existían trabajos científicos previos de otros países que incluyeran el horario vespertino: “En Argentina somos muy nocturnos. No tenemos ni punto de comparación con los europeos o estadounidenses, y por eso los revisores del trabajo nos preguntaban mucho sobre nuestra cultura y tuvimos que aclarar que en nuestro país no se cena antes de las nueve de la noche, para establecer un punto de referencia”.
En el cuestionario que les brindaron a los estudiantes, los científicos indagaron en cuestiones como qué horarios de sueño manejan los adolescentes en días hábiles, a qué hora se acuestan, a qué hora se levantan o cuánto tardan en dormirse. Con esos datos, lograron construir fundamentalmente cuatro variables o indicadores de su sueño. En primer lugar, obtuvieron el cronotipo de cada adolescente. Para conocer el cronotipo, utilizaron el punto medio del sueño en los días libres de los adolescentes, ya que en esos días es cuando el sueño se adecua al horario interno y no depende de factores sociales. La segunda variable que obtuvieron fue la cantidad total de horas de sueño. La tercera variable fue el jet lag social, es decir, la diferencia entre el horario del dormir en los días libres y en los días hábiles de escuela. Y la cuarta variable, fue la proporción y duración de las siestas, que les permitió conocer la cantidad total de horas que duermen cada día.
De este modo, entrecruzaron los datos obtenidos con las calificaciones de cada adolescente encuestado, información que les proveyó la propia escuela. Al evaluar el rendimiento académico en función del cronotipo, los científicos arribaron a diversas conclusiones. En cuanto a los hábitos de sueño, los adolescentes que asisten al turno mañana duermen muy poco y tienen niveles altísimos de jet lag social, especialmente los alumnos de quinto año. Por otro lado, comprobaron que los adolescentes de cronotipo más matutino tenían mejor rendimiento al concurrir por la mañana. Sin embargo, esto no permite discernir si los matutinos, en general, tenían alguna ventaja cognitiva respecto de los más vespertinos o nocturnos.

De ese modo llegaron a dos conclusiones: por un lado, que tanto en primero como en quinto año, tienen mejor rendimiento por la mañana los de cronotipo matutino, mientras que por la tarde y la noche, los resultados son más variables. Pero también, que el efecto de que los matutinos sean “mejores” a la mañana es más pronunciado en Matemáticas, aunque también se observa en Lengua. En el turno vespertino, los de cronotipo mas tardío o nocturno obtienen mejor rendimiento en Lengua.
En síntesis, los investigadores comprobaron que el rendimiento académico mejora cuando los horarios escolares están mejor alineados con los ritmos biológicos de cada adolescente: cuando el adolescente que es más matutino concurre por la mañana y el más tardío o nocturno, por la tarde o noche respectivamente. Y que sería mejor que Matemática no estuviera en las primeras horas del cronograma escolar, ya que eso va en detrimento de los adolescentes más nocturnos.
“A raíz de las conclusiones que obtuvimos, recomendamos que la escuela empiece más tarde a la mañana, al menos para los adolescentes de los últimos años de la escuela secundaria, que son los que tienen en general los cronotipos más nocturnos. O asignar a los estudiantes al turno según su cronotipo, pero sabemos que es algo muy difícil. Otra recomendación que hacemos es la de poner materias como Matemática a mitad de mañana, no en las primeras horas, mientras que para el horario nocturno recomendamos que Lengua sea una de las primeras materias”, enfatizó la científica.
Acerca de la importancia del estudio, Goldin explicó que es vital salir del laboratorio y utilizar la ciencia como factor que empodere a la sociedad: “Hay un montón de estudios, investigaciones que vienen desde afuera y ya establecen las preguntas que uno se tiene que hacer. Sin embargo, hay ciertas preguntas que son importantes que hagamos desde acá porque tenemos una visión muy diferente al resto del mundo”.
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