
En 1995, menos del 1% de la población mundial estaba conectada a internet. Al profesor Jeff Hancock, de la Universidad de Stanford, le intrigó que en menos de 22 años ese número haya crecido exponencialmente, al punto de depender casi inevitablemente de las conexiones para aspectos más importantes que el ocio y las redes sociales.
Hace menos de 10 años, Hancock desafió a sus alumnos a permanecer 48 horas alejados de la red, para luego discutir en el aula cuáles habían sido los efectos observados. "Cuando traté de proponer este reto, hubo una revuelta en la clase. Enfáticamente dijeron que esa tarea era imposible e injusta", explicó. Los estudiantes argumentaron que, al estar fuera de internet durante un fin de semana, no podrían culminar las tareas correspondientes a otras materias.
En otras palabras, los jóvenes intentaron manifestar que la ausencia del mundo digital arruinaría algo más que sus vidas sociales, generando preocupación entre amigos y familiares, quienes se podrían angustiar ante el temor de no saber nada de ellos.

Estar sin internet por unas horas, por falta de conexión o tiempo para navegar, es –a priori– normal. En la actualidad, sin embargo, más de 3.500 millones de personas (casi la mitad de la humanidad) se conecta a la red y el número sigue creciendo a una velocidad de 10 nuevos usuarios por segundo.
"Uno de nuestros mayores problemas con la red en estos días es que las personas la dan como un hecho automático. No entienden el grado de penetración que le hemos dado en casi todos los aspectos de nuestras vidas", remarcó William Dutton, de la Universidad del Estado de Michigan, quien agregó: "Ni siquiera piensan en la posibilidad de no tener acceso".
La realidad es que internet no es inviolable. En teoría, podría desaparecer nacional o globalmente por cierto tiempo. ¿Cómo ocurriría esto? A través de un ciberataque, en donde la inserción en la red de un software maligno afectaría los routers y la red mundial quedaría bloqueada.
También podría darse un corte de los cables que permiten el tráfico de datos entre continentes. Quizás no sean un blanco fácil para los hackers, por encontrarse a gran profundidad en el mar, pero es factible una avería accidental, como ocurrió en el 2008, cuando millones de personas en India, Medio Oriente y el sureste de Asia quedaron desconectadas por un suceso similar.

El golpe más severo que podría recibir internet vendría del espacio. Una enorme tormenta solar destruiría satélites, celdas de poder y sistemas de computación. "Lo que las bombas y el terrorismo no pueden lograr podría ocurrir en instantes con una tormenta solar", dijo David Eagleman, un neurocientífico del equipo de Hancock.
¿Qué pasaría realmente?
Para empezar, puede que el impacto en la economía no sea tan severo. En el 2008, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos aseguró que la caída de internet tendría un efecto financiero sorprendentemente insignificante.
En concreto, algunas personas se atrasarían en sus trabajos, pero la economía está hecha para seguir funcionando con lo que en esencia sería algo similar a lo ocurrido durante un fin de semana largo. De hecho, estar sin red por un corto período puede incluso aumentar la productividad, según un estudio de Scott Borg (representante de Cyber Consequences Unity).
Allí, los empleados se enfocaron en hacer cosas que usualmente dejan para lo último: ponerse al día con las obligaciones y los papeles de la oficina. Los viajes tampoco se verían muy afectados en el corto plazo, en tanto la desconexión no supere un día o dos. Los aviones pueden funcionar sin internet, mientras que los colectivos y trenes también pueden hacerlo.

El tema es a largo plazo, en donde las restricciones sí causarían efectos adversos. No obstante, las restricciones por un largo plazo sí tendrían un efecto en la logística. El estudio evidenció claras divisiones socioeconómicas en la reacción de las personas a la suspensión del servicio. Miembros de la clase media alta, que tenían responsabilidades gerenciales o empleos profesionales, no percibieron la desconexión como un problema muy grave; los trabajadores de clase media o independientes dejaron de trabajar por varios días.
"La mayor parte de internet está diseñada para un propósito: permitir que nos comuniquemos unos con otros", puntualizó Hancock, quien concluyó: "No creo que una falla de internet nos haga cambiar nuestra manera de pensar".
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