Enrique Pinti habló de sus problemas de salud: “Viene una persona a mi casa a bañarme, y no se me cae ningún anillo”

El humorista, que tiene diabetes, contó que se le "hincharon mucho las piernas" en el último año. Y teme caerse al tomar una ducha: "Lo único que me quedó bien es cabeza; el cuerpo, se fue", dice. Desde que comenzó la cuarentena no salió ni un solo día, pero no lo padece: disfruta viendo cine

La palabra de Enrique Pinti sobre su estado de salud (Audio: "Esto no es Hollywood", Radio Del Plata)

En la perspectiva de Enrique Pinti, existen solo “dos maneras de resolver el problema de la cuarentena”. Con la ironía y la acidez que siempre porta en el ojal de su visión analítica, argumenta: “O te cagás en todo, como un montón de gente que dice ’Acá no ha pasado nada, es todo mentira', o te agarrás un cagazo que no salís pero ni a ver el aire”. Y él, ¿en qué grupo se ubica? “¡En el segundo! Pero de toda la vida. Si yo era el único boludo de la clase que cuando la maestra decía: ‘¡Se callan’, me callaba, mientras los otros seguían hablando...”.

Por eso -en diálogo Fernanda Iglesias para Esto no es Hollywood, por Radio Del Plata- el actor advirtió que no sale de su departamento desde el 19 de marzo, cuando el decreto presidencial estableció el confinamiento obligatorio. Pinti aventura que esa postura obediente solo encuentra correlato -cuando se habla del ambiente artístico- en Mirtha Legrand.

Si bien en un principio creyó que le daría “un ataque” por tener que quedarse encerrado, aun cuando se define como una persona sedentaria (”El yacimiento Vaca Muerta lo hicieron por mí”, bromea), Pinti reconoce que lo está pasando “sospechosamente bien”. ¿Su rutina? Se queda en su cuarto viendo películas en VHS y DVD, destinándole cada jornada a un artista distinto, desde Niní Marshall a Alfred Hitchcock. También consume series por streaming y televisión abierta, “permanentemente”.

Pero surgen dos circunstancias apremiantes. Por un lado, su pasar económico. “Tengo un colchoncito ahorrado -describió-, y puedo aguantar cuatro o cinco meses sin problemas. Pero siete meses, ocho, nueve meses... no. Porque tampoco es cuestión de llegar al final de la pandemia, que no sabemos cuándo va a ser, y estar en 0 en el banco, a los 80 años”.

Esa fue una de las razones por las cuales Enrique aceptó la propuesta de Marcelo Polino de realizar un show por streaming desde su casa, una nueva actividad (de la cual reniega su gran amigo Antonio Gasalla) que debe incorporar justamente él, que ni siquiera tiene teléfono celular. Lo grabarán el 18 de agosto para que sea emitido el sábado 22, a las 21 horas. Se tratará de una conversación entre el creador de Salsa Criolla -con monólogo final incluido- y el periodista de espectáculos. Si la repercusión es buena, harán más ediciones.

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El actor revela que se está “comiendo” los ahorros: “Tengo mucho remedio; tengo médicos que vienen a casa para atenderme porque yo no quiero salir, y todo eso cuesta un huevo”. Surge entonces la otra situación a considerar, que debería colocarse por encima de cualquier otra: su salud.

Lo que me pasó con esta diabetes es que se me hincharon mucho las piernas en el último año -alertó Pinti. Es un problema de circulación; no hay ninguna trombosis. Pero me resulta difícil levantarme de donde estoy sentado, me resulta difícil caminar. Camino perfectamente bien, pero medio torpemente. Entonces, estoy muy limitado con ese asunto”.

Su lugar en el mundo: Enrique sobre el escenario, en una función de su espectáculo "Pinti Argentino". Como le sucede al resto de los artistas, su regreso a las tablas es una incógnita
Su lugar en el mundo: Enrique sobre el escenario, en una función de su espectáculo "Pinti Argentino". Como le sucede al resto de los artistas, su regreso a las tablas es una incógnita

La dificultad para desplazarse lo afecta hasta para subir a un auto: “Puedo llegarme a caer en el medio de la calle -dijo el actor-. Y para no caerme en la ducha, lunes, miércoles y viernes viene un masajista para que me ayude a bañarme y a hacer toda una serie de cosas. Perdí toda la vergüenza. ¿Viste esas cosas que te parece que son humillantes? Pero no, no... Viene, me hace los masajes, me baña tranquilamente, y no se me cae ningún anillo, ni (tengo) ningún problema. Lo único que me quedó bien es cabeza; el cuerpo, se fue”.

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