Puma Goity: “Durante 60 y pico de días estuve seguro de que lo mejor era estar encerrado; ahora me permito dudar...”

“Vislumbro una cuarentena hasta agosto mínimo”, dice el protagonista de “La chancha” en esta charla exclusiva con Teleshow en la que confiesa: “Actúo porque me parece dificilísimo. Las cosas fáciles me aburren notoriamente”

tschapiro@infobae.com
El Puma Goity comparte en exclusiva con Teleshow cómo vive la cuarentena


“Soy bastante aislado de por sí, y me gusta mucho estar en mi casa”, reconoce el Puma Goity sobre su estar en cuarentena, que al principio le parecía la opción adecuada, hasta que la convicción empezó a ceder. “Durante 60 y pico de días estaba seguro de que lo mejor era estar encerrado. Ahora me permito dudar...”, explica el actor de La Chancha, la película dirigida por Franco Verdoia.

Padre de dos hijos de distintas parejas, Goity los invitó a compartir el aislamiento social, preventivo y obligatorio en su casa, y en esta charla con Teleshow cuenta que está agradecido con sus madres. “En un acto de desprendimiento, teniendo en cuenta que puedo ofrecerles un terreno y árboles, porque ellas tienen departamento, dijeron: ‘Lo mejor va a ser que estén más tiempo con vos’”, revela el actor, quien confiesa que le gusta cocinarles y aprovechar para pasar tiempo con ellos, ya que con el teatro no le era posible.

—¿Cómo te llevás con la cuarentena?

—El avance que he tenido es el manejo de estas cuestiones: Zoom; por primera vez tengo Instagram, ¡no lo puedo creer! Estoy aprendiendo a manejar las redes, y me tiene un poquito alterado. Es lo que ha traído (la cuarentena). No sé si bueno o malo, ¿cómo calificarlo? Ahora tengo, la única que respondo: @elpumagoityok. No sé hasta cuándo porque me agarra un poquito de fobia.

El Puma Goity y el estreno de "La chancha"


—Se estrenó La chancha en Cine.ar, y estará disponible desde el 11 de junio. ¿Cómo es estrenar en este contexto?

—No es lo mejor, pero no estamos para pedir. Hay que adaptarse a esta situación y apostar a que la vea mucha gente.

—Al estar en casa, es un buen momento para ver cine y series: se consumen buenos contenidos.

—Hay que mirarlo por ese lado. Uno, obviamente, tiene la estructura del cine y demás. De alguna manera, estoy descubriendo este tema de las redes y realmente es muy fuerte.

—¿Cómo te llevás con un personaje así de oscuro?

—A mí me gusta mucho la actuación, entonces, todos las interpretaciones... ¡Me encanta actuar! Tengo antecedentes en estos personajes oscuros, he hecho con estas características y me ha ido bien. Me complace que me convoquen para diferentes personajes, y en esta oportunidad es una película y un guión muy valientes. Y un tema... ¡la pucha!, más que delicado y que no se ha tocado (N de R: se refiere al abuso infantil). Tratado con muchísima altura. El libro de (Franco) Verdoia y la dirección, sin ir más lejos, exquisitas. Fue un proyecto integral maravilloso para hacer y ser parte.

—Alguna vez me han dicho que los personajes oscuros son un poco terapéuticos también. ¿Uno se saca los filtros y se permite meter todo?

—En lo personal, me resultan difíciles todos los géneros. El mejor halago que me pueden decir es: “¡Qué cómodo te movés en tal lado!”. ¿Viste lo que dicen del lugar de confort? La comedia se mueve en el lugar de confort. Aclaro que no tengo ningún confort haciendo nada que tenga que ver con la actuación y mucho menos comedia.

—¿Y por qué actúas?

—Porque me parece dificilísimo, justamente por eso. Las cosas fáciles me aburren notoriamente. Es un desafío muy grande salir a un escenario y convencer a 400 o 500 personas durante una hora cuarenta minutos, o hacerlas reír. Desde afuera parece bárbaro y me encanta que sea así y lo sigan creyendo, pero si me permiten, el único lugar de confort que tengo es el sillón de mi casa.

El Puma Goity en "La chancha"
El Puma Goity en "La chancha"

—¿Subir a un escenario te sigue generando algo en la panza?

—Sin duda. Me encanta el teatro porque no sirve de nada la función que hice ayer. Puede haber sido maravillosa y termina y la gente te puede felicitar, pero tengo que revalidarlo al otro día. Es un desafío glorioso. Me atrapó ver a Ernesto Bianco. Salí y dije: “¿Cómo este tipo puede repetir esto mañana?”. Era la gran incógnita. Nosotros tenemos grandes actores y actrices ¡por el amor de Dios! Ver a Norma Aleandro. Eso es lo que me atrapa, esencialmente. Cada función es nueva. Cuando te preguntan: “¿No les aburre hacer siempre lo mismo?”, es que no es siempre lo mismo.

—Hablando de dificultad y si querés, de miedo, sé que la pasaste mal con la escena de las aerosillas...

—Muy mal. Cuando terminó la escena, le confesé a Franco: “Tengo serios problemas con la altura, sufro de vértigo”. Pero me la banqué como un señor (risas). Aparte, el cine argentino, con todas sus dificultades, es bien a lo guapo: estuvimos colgados de esa silla varios días porque las tomas llevan su tiempo.

—¿Y a qué apelaste?

—La escena tiene que salir. Cuando leí el libro me encantó la película, lo que quería decirnos integralmente, más allá de mi personaje. No puse atención en la escena final que hablaba de una silla de estas que están en las montañas, o fue la negación que tiene uno. Cuando llegué a Córdoba fuimos a ver unas locaciones antes de filmar y Franco me dice: “Acá está la aerosilla a la que vamos a venir las últimas dos semanas”. Y miré y dije: “¡Oh Dios, Dios, Dios, Dios, Dios...!”. Me pasa cuando tomo un avión: me ves y parezco el comandante, pero en realidad estoy aterrorizado.

—Pero valió la pena.

—Vale la pena, totalmente (risas). Cuando dijeron: “Hecha”, besé el piso como el Papa cuando llega a algún país nuevo. Estaba tan... empecé a llorar... Entonces: “Bueno, Puma, tranquilo”.

El Puma Goity superó el vértigo y logró filmar arriba de una aerosilla para "La chancha"


—Estabas por estrenar teatro, también.

—¡A cuatro días! (risas). Habíamos terminado el viernes un ensayo general con Jorge Suárez, Julieta Vallina, Daniela Pal, Ricardo Cerone y (Carlos) Olivieri, el director. Nos abrazamos recontentos y pasó lo que pasó. Ahora hay que esperar.

—¿Cómo te llevás con la cuarentena y con vos mismo en esta situación?

—En cuanto a mis hábitos, no han cambiado mucho. Soy bastante aislado de por sí y me gusta mucho estar en mi casa. Soy tirando a ermitaño, pero uno siempre sabe que si quiere, sale. Hoy es distinto. Te diría que durante 60 y pico de días estaba seguro de que lo mejor era estar encerrado. Ahora me permito dudar. Lo digo con total humildad. Hoy no sé si es lo mejor. No sé si responde a mi ansiedad. Soy un guardado, pero sé que tengo el teatro a la noche. Ahora no puedo ir y vaya a saber uno hasta cuándo. Me está costando, particularmente en estos últimos días.

—El tiempo se va acumulando y la incertidumbre de lo que queda hacia adelante también golpea.

Vislumbro una cuarentena hasta agosto, mínimo, y en cuanto a lo que es mi función específica en teatro, vamos a la cola. Estoy juntando las palmas para que en enero, haciendo una esperanza, volvamos a los escenarios. Paciencia, paciencia, “pacientol” en grageas o inyectable. Ser inteligente y agradecido. Es un buen momento para eso. Los que tenemos el privilegio, que me he ganado, insisto, nadie me regaló nada y es mi mayor orgullo... La palabra “privilegio”... Bueno, momentito: me gané tener mi casa, mi espacio, un lugar con un lindo fondo con árboles. Es distinto a estar encerrado en un departamento, lo valoro muchísimo. Aprovecho también para estar con mis hijos y compartir horas que no he compartido en virtud de mi trabajo. Disfrutándolo también, sin lugar a dudas.

—¿Qué edades tienen tus hijos? ¿Te tocan las tareas del colegio?

—Tengo uno de 19 y otro de 13, así que tenemos de escuela y de universidad. Lo estoy disfrutando muchísimo porque a mí me encanta ser mamá (risas). Me gusta cocinarles, prepararles el desayuno. He compartido pocas noches con ellos porque hago mucho teatro, a Dios gracias y a mí gracias, entonces, ahora tener todas las noches para estar juntos...

—¿Tarea más odiada de la cuarentena?

—Lo más difícil es el tema de la comida, no repetir. Tengo a las madres: “¿Qué les diste? ¿Qué comieron? ¡Ojo con darles hamburguesas todo el tiempo!”. Me ocupo que tengan verduras, que coman pescado; me encargo. Sale mucha tarta, muy variado. A los chicos, como siempre en las familias disfuncionales, los tengo los fines de semana, algún día. Ahora, al tenerlos todos los días y estar presente... Pero soy buena madre, soy buena madre (risas).

—Recién hablabas de volver al teatro en enero, con suerte. ¿Te preocupa la situación que están pasando muchos actores?

—Es desesperante. Cuando hablan de los actores, somos pocos los que tenemos una continuidad: contados con las manos y cada vez menos. La gran mayoría de mis amigos, esencial o fundamentalmente, viven de las clases, de cursos, de seminarios, de sus funciones vendidas a colegios. Hoy, no hay nada de eso. Están ahora con las clases virtuales pero ¿hasta qué punto una clase de teatro puede seguir adelante virtualmente? Ni hablar de las posibilidades de actuar en televisión o películas. Siempre fue una profesión muy difícil, antes de la pandemia.

—Es muy inestable.

Y ahora ni siquiera depende de uno, ni de nada. Está todo cerrado, y la actuación no es una función esencial.

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