Morten Harket, Magne Furuholmen y Paul Waaktaar-Savoy, de A-ha (Crédito: Grosby Group)
Morten Harket, Magne Furuholmen y Paul Waaktaar-Savoy, de A-ha (Crédito: Grosby Group)

Noruega, comienzos de 1982, plena explosión de la new wave. Mientras el mundo occidental baila al ritmo de The Police, el synth pop empieza a ganarle la pulseada a la tracción a sangre. Menos punk y más máquinas, parece ser el lema. Y allá arriba del mapa, la fría Oslo no es la excepción. El guitarrista Paul Waaktaar y el tecladista Magne Furuholmen son la pata fundamental de Bridges, un cuarteto de rock inspirado en la psicodelia americana. Habían editado un disco y tenían otro a punto de salir cuando deciden terminar con la banda. Hay otra música flotando en el aire, y quieren ser parte de la historia. Solo les falta la voz indicada para dar el salto hacia la vanguardia pop.

Por ese entonces, Morten Harket era uno de los tantos jóvenes que deambulaba por la incipiente escena de la capital noruega. Naturalmente sabía de la existencia de Bridges, incluso los había visto en vivo y había quedado impactado. Mientras, hacía su propio camino más amateur, en el grupo Soldier Blue. Cuando se consumó la separación de Bridges, Paul y Magne contactaron a Morten y les costó seis meses convencerlo. Fue durante el cumpleaños número 23 del vocalista cuando se dieron la mano y acordaron que desde ese momento empezaban a ser parte de la misma banda.

El trío, todavía anónimo, se refugió en una cabaña que tenían los padres de Magnes fuera de Oslo, y las cosas empezaron a suceder. Un día, Morten pispeó en un cuaderno de anotaciones la palabra A-ha. Era el nombre universal que venían buscando en diccionarios y enciclopedias y lo tenían ahí, al alcance de la mano. Un problema menos. Les faltaban canciones, y allí entra en escena “Take on me”, el tema que los haría mundialmente conocidos.

La introducción la escribió Magne cuando tenía 15 años y ya la habían probado con Paul en el grupo Bridges. La melodía les hacía recordar a esos jóvenes americanos, bronceados y felices como de publicidad de gaseosa, y por eso la llamaron “The juicyfruit song”, la canción de la fruta jugosa. Pero el sonido era más sucio y desprolijo, acorde a sus atormentadas y oscuras almas noruegas. Algo no cerraba, y la guardaron en el cajón.

A Ha - Bridges: The juicefruit song


Una tarde de tantas en la cabaña, Magne se sentó al piano y sacó de su arcón la vieja introducción, mientras Paul dibujaba los acordes en una guitarra criolla. Morten enseguida supo que ahí estaba la llave para conquistar el mundo. Y sugirió construir sobre esa base una nueva canción, que grabaron bajo el nombre de “Lesson one”. Cuando tuvieron material suficiente, se lanzaron a la aventura de conquistar Londres, una de las mecas de la new wave, pero la gran ciudad les dio la espalda. En las compañías no despertaban la suficiente atención y las condiciones de vida eran cada vez más precarias.

Regresaron a Oslo, a juntar fuerzas y dinero para volver a intentarlo y para fin de 1983 el productor John Ratcliff les acercó un contrato con Warner Music. Empezaron a trabajar algunas canciones, entre ellas “Lesson one”. El guitarrista corrigió la letra y planeó un estribillo ascendente, inspirado en la composición de Strauss “Así habló Zaratustra”, popularizada por la serie 2001 Odisea en el Espacio. Ahora sí, “Take on me” estaba lista para salir a la cancha.

A ha – Demo: Lesson one


La primera tirada se lanzó en octubre de 1984 y vendió apenas 300 copias en todo el Reino Unido. El trío insistió con una segunda versión, pero el fracaso parecía inevitable. Hasta que su camino se cruzó con el de Andrew Wickham, un histórico ejecutivo de Warner de Estados Unidos, que advirtió un diamante en bruto y fue al estudio a comprobarlo en persona. “No lo podía creer, era el rostro de una estrella de cine con una voz como la de Roy Orbison”, contó sobre Morten. No podía dejar pasar la oportunidad, y decidió apostar fuerte en el departamento americano de la compañía.

Con un cambio de estética, tanto en imagen como en sonido, el grupo volvió al estudio, y el productor Alan Tarney que ideó un arreglo más dinámico y acomodó el emblemático falsete del estribillo. La publicaron también en los Estados Unidos, con su correspondiente clip de difusión, y otra vez el resultado no fue el esperado.

A ha - el primer video de "Take on me"


Todos sabían que la canción tenía la pasta suficiente para ser un hit, solo le faltaba un golpe de efecto. Y ahí entra en juego Jeff Ayeroff, que sugiere cambiar el monótono clip original e invertir tiempo y dinero en una buena historia. Para eso, juntó al director Steve Barron con los animadores Michael Patterson y Candace Reckinger, les mostró una foto de Morten, les dio una buena suma de dinero y se armó de paciencia.

Pasaron casi cuatro meses de trabajo artesanal. Los diseñadores dibujaron a mano y en lápiz miles de viñetas que cobraron vida. La parte humana se registró en un estudio y en un bar de Londres, todavía en pie aunque con otro nombre, al cual acuden fanáticos y curiosos hasta el día de hoy. La historia no es demasiado original, sino una más en la línea de la Cenicienta. La clave estuvo en la brillante animación que ayudó a visibilizar una canción que todavía estaba bajo la superficie.

A ha - El exitoso video de "Take on me"


Con el clip en alta difusión, “Take on me” fue número uno en 27 países y arrasó con los premios MTV del año siguiente, alzándose con seis galardones. Durante un año estuvo en lo más alto de los charts y sonó hasta el hartazgo en las discotecas de todo el mundo. Nada volvió a ser igual para los tres jóvenes noruegos que alcanzaron la cima con su single debut. Podrían haber seguido ese camino para siempre, pero eligieron hacer su propia música. “No esperábamos convertirnos en ídolos adolescentes, por eso no quisimos grabar otro ‘Take on me’”, contó Magne el mismo que había empezado todo cuando tenía apenas quince años y apoyó los dedos en el piano inspirado por su admirado Ray Manzarek de The Doors.

A menudo se incluye a a-ha en la lista de los “one hit wonder”, es decir, aquellos artistas que sólo son reconocibles por una canción. Es un título como mínimo ingrato para una banda que, con sus vaivenes, se mantiene activa por casi cuatro décadas, y supo aportar otras buenas piezas al cancionero pop, como “The sun always shines on T.V.”, también de su debut, o “Crying in the rain”, de principios de los 90.

Por supuesto ninguno a la altura de “Take on me”, por lo que quizás haya que hablar de “one mega hit wonder”, y allí es otra historia. A principios de este año, se convirtió en la quinta canción publicada originalmente en el siglo XX en alcanzar las mil millones de reproducciones en YouTube, un olimpo al que habían accedido “November rain” y “Sweet child o mine”, de Guns ‘N Roses, “Smell like teen spirit” de Nirvana y “Bohemian Rhapsody” de Queen. No es poca cosa para una historia nacida en el frío otoño de una vieja cabaña noruega.

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