Juan Minujín: “Vencí muchos prejuicios conmigo mismo al entrar a la televisión”

“Hay algunas batallas que hay que darlas, otras que es mejor hacernos los tontos y seguir adelante”, dice el protagonista de “La verdad”, que confiesa que prefiere escuchar algunas mentiras para evitarse problemas a sí mismo. Además a solas con Teleshow hablá del regreso de Pastor a “El Marginal”

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Muchos lo consideran el actor del momento. Él, cauteloso y con paso firme, se corre de ese lugar: “He transitado, y quiero seguir transitando, muchos momentos buenos, que no sea una cosa pasajera. Pero no en términos de éxito y popularidad sino en términos de poder hacer proyectos que me gusten, que me interpelen, que sean desafíos”, asegura Juan Minujín.

Es uno de los protagonistas de La Verdad, que volverá a la calle Corrientes cuando la situación actual de salud pública lo permita y el Gobierno así lo disponga. Espera también por las grabaciones de El Marginal, ya que en esta temporada vuelve a interpretar a Pastor, y mientras tanto sigue disfrutando del éxito de Los dos papas, la película de Netflix en la que interpreta a un joven Jorge Bergoglio.

—¿Te acercó en algo a la religión la película?

—No, te diría que me acercó más a la figura del Papa Francisco que a la religión. Tengo una parte mía que es muy espiritual, pero no está vinculada a la Iglesia. Sí me acercó a la figura de Francisco, a la cual tampoco la conocía mucho.

—¿Te gusta el Papa?

—No soy religioso, no formo parte de la Iglesia para nada. Me parece que dentro de la Iglesia está intentando hacer algunas reformas interesantes. ¿Es poco? Y... a mí me parece que es poco. Pero bueno, para una institución que tiene tantos milenios en ese camino, me parece que igual es interesante.

—Contame de Jonathan Pryce.

—Fue un vínculo hermoso el que tuvimos. Muy enriquecedor poder trabajar con él, charlar con él. Además, nos hicimos amigos, nos mandamos mensajes.

—¿Se mandan WhatsApp?

—Nos mandamos WhatsApp. Fuimos muchas veces a comer con Kate, la esposa, y con Laura, mi esposa. Lo vi mucho en la gira porque yo no grabé con él.

—Vuelve Pastor.

—Sí, parece que vuelve Pastor. Es una historia que me parece que todavía tiene mucho para mostrar, la primera temporada quedó y esta cuarta temporada seguramente será la continuación de la primera.

—¿Lo extrañás?

—No, no lo extraño porque está por venir, pero sí, es un personaje que a mí me gusta mucho, me dio mucho.

—¿Qué pasa con los personajes cuando se termina un proyecto?

—Te diría que en general uno termina tan agotado que al principio lo único que decís es: “Bueno, genial, terminé, me voy a ir de vacaciones, o voy a pasar a otro proyecto”. Es muy distinto un proyecto de teatro a un proyecto audiovisual, porque el proyecto audiovisual en general lo hacés, termina, no sabés qué va a pasar, no sabés si va a ir bien, va a ir mal, va a ser memorable, va a ser una porquería. Tenés una sensación de cuál fue tu experiencia, pero no sabés cuál va a ser el rebote en el público. En el teatro tenés una convivencia más familiar, permanente, más parecida a una tira, en donde estás un poco al aire y son tus amigos, es una familia, entonces cuando terminas sí te da una sensación de melancolía más fuerte, porque conviviste un año y medio todo el tiempo sin parar. Ahí seguís haciendo asados, te seguís encontrando, pero ya no es lo mismo.

—Charlamos en alguna otra oportunidad y me contabas que con tus hijas te gustaba dibujar y armaste un proyecto de unos mapas preciosos para pintar.

—A mí me gusta dibujar. Es una actividad que hago mucho con mis hijas. También me gusta mucho la geografía. Me había comprado un mapamundi en Estados Unidos, lo hicimos, fue un momento espectacular porque charlábamos, dejábamos los teléfonos de lado naturalmente. Después quise comprar uno de Argentina. Me parecía espectacular y no había. Así que empecé a averiguar y lo lancé yo. Hay una persona que hace la investigación: Inés Ulanovsky. Una persona que hace el diseño, que es Julieta Ulanovsky. Armé un equipo grande porque el proyecto viene muy bien, creció mucho.

—¿Se compran por Tienda Nube?

—Se compran por Tienda Nube. Toda la información está en el Instagram: atlantis.mapas. Es un proyecto que yo pensé que iba a ser un emprendimiento de vender 300 mapas y creció un montón. Ya hicimos tres mapas: hay uno de Argentina, otro de América, otro de los planetas del Sistema Solar.

—¿Cómo te encuentra la paternidad de una hija de 14 y una de 10?

—Bien, contento, muy contento.

—¿Tuviste ya los dolores de cabeza de la adolescencia?

—Sí, más que dolores son como desafíos. Con Laura, mi esposa y madre de las chicas, charlamos mucho y tratamos de darle un espacio a poder ir charlando y viendo cómo ir actualizando el vínculo.

—Llevan juntos casi 22 años.

—Sí. Montón de tiempo. Ha sido una relación que la fuimos reinventando mucho y es una muy linda relación.

—Vos, como adolescente, ¿diste dolores de cabeza?

—No, pocos. Fui un adolescente muy tranquilo. En tercer año descubrí el teatro con Cristina Banegas y me aboqué mucho a eso. Yo viajaba solo desde los 9 años.

—Ustedes vuelven después del exilio a tus 8 años.

—Sí, a mis 8 años, en el 83.

—¿Vos entendías que se habían ido por el exilio?

—Sí, sí. Además, cuando volvimos en el 83, era: “Tenés que decir nos fuimos por una beca". Todavía estaba muy militarizada toda la situación en 1983. No era que uno llegaba y decía como por suerte ahora se puede decir tranquilamente: “Sí, me fui porque mis padres eran militantes y nos exiliamos y pienso tal cosa y pienso tal otra”. Después estuvieron los levantamientos en la época de Alfonsín, era una época muy frágil. Había un deseo enorme de que todo saliera bien, pero no se sabía.

—Y a los 9 años empezás a viajar solo.

—Vivíamos en Palermo pero yo iba a un colegio en Flores. Me iba todos los días a la mañana, a los 9 años, de Palermo a Flores y de Flores a Palermo, solo, en el colectivo. Es algo que ahora es más raro de ver, en general los padres de cierta clase social están todo el tiempo haciendo pools y yendo y viniendo como remiseros, y las madres también, obviamente. Quiero decir que mi adolescencia traía otros desafíos, distintos tal vez que la de ahora.

—Son otros.

—También por suerte siendo padre de una hija adolescente y de una hija de 10 años es un gran desafío ir entendiendo la conciencia que hay sobre el cuerpo de la mujer, sobre los transgéneros, sobre el feminismo, sobre un montón de cosas que en los 90 no estaban. Estoy aprendiendo todo el tiempo.

—¿Te gusta todo lo que está pasando con las mujeres?

—Sí, me gusta. Me parece que están abriendo un camino de discusión y de repensar un montón de cosas que yo lo celebro y trato de estar a la altura en el sentido de por lo menos tratar de escuchar. Me parece que es un momento en donde en principio los hombres tendríamos que poder tratar de escuchar más que de empezar a opinar y tratar de aleccionar.

—¿Te encontraste revisando para atrás tu recorrido, para ver si te habías equivocado en algún momento?

—Sí, por supuesto que la pifié un montón de veces, pero como todos. Y seguramente la voy a seguir pifiando.

—Me gustan los hombres que me dicen: “Sí, me encontré revisándolo”, y desconfío mucho de los que me dicen: “No tengo nada que revisar, siempre me comporté correctamente”.

—No dudo en que voy a seguir cometiendo errores, y eso que yo vengo de una familia en la que el feminismo estuvo siempre, no es que me enteré hace cinco años que existía. El aborto ha sido un tema toda mi vida, toda la adolescencia, desde que era chico. Mi mamá militó por el aborto desde siempre. Pero así y todo uno está formado, y no solo los hombres, las mujeres también. Lo que pasa es que los hombres estamos en el lugar de poder, entonces somos como víctimas del patriarcado, pero víctimas privilegiadas porque estamos en el lugar del poder. Estamos tan formateados y tan criados en eso que es difícil, es un ejercicio diario poder darse la oportunidad de pensarlo distinto. Dentro de las mujeres hay colectivos, o personas, que hacen que uno revea y revise, y revise, y revise con ideas nuevas. Y eso lo celebro, sí.

—El paso del under a esta masividad, ¿hace cuántos años llegó ya?

—Con Adrián Suar y Natalia Oreiro, en Polka, en Solamente vos. Previo a eso había hecho una película que era 2+2, también con Adrián, que fue mi primera situación más popular. Pero se empezó a instalar más con la tira. Y a partir de ahí empezaron a venir trabajos.

—Y la masividad, ¿qué trajo de bueno y qué de malo?

—De bueno me parece que te abre oportunidades laborales que yo no tenía antes, y que son interesantes.

—Debe venir acompañado también de distintas propuestas económicas, me imagino.

—Desde ya que económicamente te da una tranquilidad. Te da la posibilidad de decir: “Bueno, esto no lo voy a hacer porque me interesa más esto”. Tengo más opciones. Te da la posibilidad de motorizar también algunos proyectos, para mí es muy valioso porque yo siempre hice proyectos independientes y autogestivos, pero muchas veces sin recursos, y ahora tengo la posibilidad de decir: “Bueno, puedo llamar a tal persona y me va a escuchar.”

—¿Te la creíste en algún momento?

—En principio te diría que no, ya era grande, tengo 44, hice gran parte de mi carrera y viví muy bien como actor y muy feliz sin ser ni famoso ni popular, ni que me reconocieran en la calle ni nada. E hice una carrera de la cual estoy muy orgulloso, no es que digo: “La pegué”, y antes no sé qué. No me la creí en ese sentido. Además, en mi caso particular, vengo de una formación en donde la televisión, lo masivo, no estaba. No era un valor en mi casa, casi te diría que todo lo contrario. Vencí muchos prejuicios conmigo mismo al entrar a la televisión y a las tiras diarias y todo eso.

—No era el lugar ambicionado.

—Para nada. Y te diría que, no lo contrario, pero sí, mi mamá es socióloga, politóloga, mi papá es matemático. Mi papá vive además hace muchos años afuera.

—En Estados Unidos.

—Sí, y no tiene idea. Yo le puedo decir que trabajo con tal o con tal otro, con Francella, Tinelli, Suar, o con Pedro Gómez, y le da lo mismo, no sabe quién es ni uno ni el otro. El mundo del espectáculo no es algo que… Sí lo cultural. Siempre en mi casa la cultura estaba muy metida, muy. La pintura, la poesía, los museos.

—La obra de teatro plantea: “Si la gente dejara de mentir, de la noche a la mañana no existiría ninguna pareja en la tierra”.

—Es para pensar.

—Del 1 al 10, cuán mentiroso es Juan Minujín.

—Te diría que digo un 80 por ciento de verdades y un 20 por ciento de mentiras. Algo así.

—¿Te han agarrado mintiendo?

—Sí, un montón de veces.

—¿Alguna que hayas dicho: “Ay, qué papelón estoy haciendo”?

—Y... algunas veces sí. Pero muchas veces uno lo hace para evitar un problema. No todas son mentiras maliciosas o especulativas. La gran mayoría de las mentiras que todos más o menos hacemos son para no hacer sentir mal al otro. Para evitarse un problema que decís: “¿Para qué me voy a meter en esto? Mejor voy por este lado, qué sé yo”. Ojo, hay gente que te dice: “No, yo amo la frontalidad”. A mí me gusta que muchas veces me mientan para evitarme un problema a mí mismo.

—La verdad a cualquier precio, no.

—No, para nada. Hay algunas batallas que hay que dar, y darlas y darlas, y ahí desangrarse en eso. Y muchas otras que es mejor hacernos los tontos con algunas cosas y seguir adelante. Siempre y cuando no haya mala intención. Siempre y cuando no sea para lastimar al otro. Al contrario, es para que el otro no pase un mal momento.

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