Meg Ryan (AFP / Grosby Group)
Meg Ryan (AFP / Grosby Group)

Meg Ryan nació como Margarita María Emily Hyra en Fairfield Connecticut, hija de padres docentes e inmigrantes. Creció queriendo ser periodista y hacia allí fueron sus primeros pasos. “Lo único que de verdad me apasionaba era salir a descubrir el mundo, al tiempo que me descubría a mí misma”, contaría años más tarde, ya consagrada, a su colega y gran amiga Gwyneth Paltrow.

Pero volviendo a la adolescencia, se graduó de la escuela secundaria y comenzó sus estudios de periodismo, primero en su ciudad y luego en Nueva York. A través de su madre, consiguió actuar en algunos comerciales. Era apenas una forma de pagar sus estudios, pudo haber sido vendedora o camarera. También era un desafío para una tímida Meg. “Una vez tuve que hacer un discurso y estaba aterrorizada. Pero lo hice, y me convertí en actriz”; recordó luego con simpleza.

Su debut fue a lo grande: Ricas y famosas (1981), bajo las órdenes de George Cukor. “No actúes. Actúa menos. Menos aún. De hecho, no hagas nada”, eran las exigencias del director. Lejos de ofenderse, Meg sintió que era lo que necesitaba. Así nacía la actriz que no actúa, la de formación autodidacta, empírica, natural, sencilla. Por entonces, ya había tomado de su abuelo materno el Ryan como apellido artístico y había dejado la carrera.

Al año siguiente comenzó el flechazo con el gran público estadounidense. Interpretó durante dos temporadas a Betsy Stewart en la telenovela As the world turns. El episodio de su casamiento lo vieron veinte millones de personas, y puso los cimientos del rol que interpretaría como nadie, pero que terminó odiando: el de la novia de América.

Dennis Quaid y Meg Ryan en 1993 (Grosby Group)
Dennis Quaid y Meg Ryan en 1993 (Grosby Group)

Su escalada incluye un pequeño papel en Top Gun hasta que le llegó Viaje insólito (1987) donde conoció al actor Dennis Quaid, Al año siguiente, coincidieron en la remake de Muerto al llegar. La novia de América se puso de novia y el mundo del espectáculo tendría material de sobra durante la próxima década. Oficializaron su relación cuando llegó la consagración definitiva de Meg Ryan como actriz de comedia. La película Cuando Harry conoció a Sally…, junto a Bill Cristal, la convirtió en la chica ideal: sensible, divertida, ingenua, pero con un toque de picaresca.

La escena del restaurante en la que finge un orgasmo, es de las más recordadas y replicadas del cine contemporáneo. Con el tiempo se ventilaron algunos secretos, como que el director Rob Reiner gritaba y golpeaba frenéticamente una mesa, simulando un éxtasis sexual. Además, la grabación llevó toda una jornada, por lo que Meg debió fingir unos cuantos orgasmos antes que Reiner diera el visto bueno. 30 años después, un cartel en el restaurant Katz¨s Delicatessen, donde se grabó la escena, la recuerda: “Donde Harry conoció a Sally ... esperamos que tengas o pidas lo que ella tuvo o pidió”.

Escena del orgasmo en "Cuando Harry conoció a Sally"

Los 90 fueron los años en los que Hollywood recuperó el encanto por las comedias románticas, y en parte, el éxito se lo debió a Meg Ryan. Un género bastardeado y sometido por el drama bélico y la ciencia ficción, resucitó como el ave fénix y tejía sus propios entramados. Y en un panorama de heroínas fuertes -Julia Roberts, Sandra Bullock- Meg Ryan sobresalía por su espontaneidad y su sencillez. La típica chica a la que apenas conocemos ya dan ganas de invitarla a tomar unos mates o compartir un café.

En Hechizo de un beso enamoró a Alec Baldwin, pero no tuvo la repercusión esperada. La revancha iba a llegar con Sintonía de amor, conquistando al viudo encarnado por Tom Hanks. En Cuando un hombre ama a una mujer, se permitió ir más allá interpretando a una consejera de estudios con una vida social en apariencia perfecta, pero que lucha en secreto su adicción al alcohol. En simultáneo, fue la hija de Albert Einstein en Fórmula para amar, y nadie parecía tener la pócima más que ella. La jovencita que se sentía de paso en la actuación llevaba una década en el ruedo y ya le sentía el gusto a los desafíos. A la comedia clásica Quiero decirte que te amo; se sumaron el drama bélico Valor bajo fuego y la voz de Anastasia en el filme de Disney.

La escalada popular de Meg Ryan tuvo su clímax en 1998, con dos películas de taquilla, Un ángel enamorado con Nicholas Cage y Tienes un email, otra vez con Tom Hanks. Su figura brillaba como ninguna otra en el firmamento de Hollywood. Pero se sabe, todo lo que sube, baja y en su caso la caída iba a ser dramática: En su próximo filme, Prueba de vida, coincidió con Russell Crowe. Meg estaba en el mejor momento de su carrera pero tuvo un romance con su compañero de elenco. La prensa y el público se enfurecieron. Porque, según parece, no hay nada peor en el mundo que el adulterio de una famosa. ¿Pero cómo vivió puertas adentro Meg Ryan su década de gloria? ¿Fue culpable de los “crímenes” que le endilgaron?

Meg Ryan y Russell Crowe en
Meg Ryan y Russell Crowe en "Prueba de vida", en el año 2000

La relación entre Meg y Denis

Durante los 90, Ryan y Quaid fueron la pareja soñada de Hollywood. Él venía del profundo Texas, había triunfado en la meca del cine y su relación con la adorable “chica de al lado” era la versión del sueño americano. Cuando se conocieron, ella acababa de romper con Anthony Edwards –a quien había conocido en Top Gun- y él ya cargaba con un divorcio a cuestas. En Muerto al llegar terminaron de enamorarse y se casaron el día de San Valentín de 1991. Al año siguiente nació Jack. La felicidad era completa. Ningún guionista lo hubiera hecho mejor.

Dennis Quaid y Meg Ryan (Shutterstock)
Dennis Quaid y Meg Ryan (Shutterstock)

La pareja se mostraba feliz y era un imán en cuanta alfombra roja hubiera. Mientras, los ojos del mundo veían crecer la figura de Meg. Sus películas enamoraban, su pelo marcaba tendencia, su carrera de actriz insinuaba una versatilidad que la proyectaba más allá de las películas del corazón. Pero no ocurría lo mismo con Dennis, y eso al actor no lo ponía bien. “Cuando nos conocimos yo estaba en todo lo alto y luego mi carrera se frenó. Y, tengo que admitirlo, la verdad es que me sentí como si desapareciera”, contó mucho tiempo después en un reportaje en el programa Today. Lo que no era tan secreto era la adicción del actor a la cocaína, una práctica común en la industria que confesó en modo honestidad brutal: “Se distribuía en los rodajes porque todo el mundo lo hacía. En lugar de tomar un cóctel, te ponías una raya”.

La adicción del actor fue la gota que terminó de romper la frágil relación de la actriz con sus padres. Cuando Meg tenía 15 años, su madre, Susan, dejó a la familia y su padre, Harry, tuvo que hacerse cargo de los cuatro hijos, una tarea que padeció. Con el tiempo, Meg intentó un acercamiento a su madre, acompañado de su novio actor, que no siempre estaba en sus cabales. Susan le advirtió que Dennis no era una buena compañía, que no se casara con él. No era el consejo que esperaba. Meg volvía a romper con su madre, esta vez para siempre. Pero puertas afuera, Meg y Dennis no protagonizaban escándalos. Así estaban las cosas cuando el milenio dio vuelta al almanaque. Fue allí cuando Meg conoció a Russell…

Dennis Quaid y Meg Ryan (Shutterstock)
Dennis Quaid y Meg Ryan (Shutterstock)

En Prueba de vida, el director Taylor Hackford jugó una apuesta fuerte. Unir a la actriz de comedia probada con la estrella del momento. Russell Crowe, neozelandés de nacimiento, australiano por adopción, cargaba en su foja de servicio el éxito caliente de Gladiador. El argumento era trillado para una de suspenso. Un secuestro en un país latinoamericano de ficción, una esposa desesperada, un negociador de rehenes. Lo que no preveía el guión era que la pareja iba a trascender la pantalla.

El affaire entre la novia de América y un australiano -o neozelandés, daba lo mismo- sacudió los cimientos de la patria hollywoodense. Meg Ryan había cometido adulterio, y la prensa del corazón se encargó que pagara, y con intereses. La película resultó un fracaso, lo que demuestra que no hay fórmulas probadas en la industria del cine. Ni siquiera juntar a la mejor actriz de comedia con el actor del momento, y que el romance se traslade fuera de cámaras puede funcionar como promoción si detrás hay algo parecido a un boicot, a un prejuicio o simplemente a una desilusión porque tu novia dejó de serlo para irse con el mismísimo Russell Crowe.

La prensa se puso del lado de Dennis Quaid y Meg Ryan calló. Calló en ese momento, y también calló cuando la misma prensa regó titulares con la noticia de que Crowe la había abandonado. Meg tenía su visión de los hechos, pero no era momento de contarla. En cambio, empezó a tejer su venganza. Primero, apostó a seguro con Kate & Leopold, a ver si había pasado el temblor. Ella, marca registrada, junto a Hugh Jackman, estrella de X-Men. Pero no había caso, el público seguía pasándole factura. Mientras tanto, Crowe cosechaba elogios por Una mente brillante y nadie lo acusaba de rompe hogares. La chica de al lado sintió que había llegado el momento de dar un golpe en la mesa.

Meg Ryan en 2017 (Robyn Beck / AFP)
Meg Ryan en 2017 (Robyn Beck / AFP)

Liberada del traje que Hollywood había diseñado para ella, se embarcó en el thriller erótico En carne viva (2003). Escenas de sexo explícito y un desnudo frontal, en el marco de una buena historia y un reparto interesante, pero que tampoco funcionó. Meg se puso la camiseta y peleó por la historia, argumentando que “desmitifica la mitología romántica occidental del ‘felices para siempre’ y del príncipe que te rescata; muchas personas mantienen una relación de frustración con ese mito". ¿Hablaría de su propia historia? Nadie la escuchaba. El soberano le había bajado el pulgar, y el circo romano ya no necesitaba de su personaje.

Sus apariciones fueron cada vez más esporádicas. En 2003 adoptó una niña china, a quien llamó Daisy True, incursionó en algunos papeles menores, fue perdiendo el gusto por la actuación y ganando en el de las cirugías. La primera vez que se aplicó un retoque fue en 2002, pero la sacudida llegó en 2015, en la semana de la alta costura de París. La prensa y el público volvieron a escandalizarse y desde entonces, cada aparición pública se volvió meme. “La gente es tan feliz en las redes sociales que me resulta deprimente”, declaró con crudeza al NY Times.

Fue por ese entonces cuando empezó a saldar las deudas con su pasado, y se estrenó como directora de Ithaca, donde trabajó con Tom Hanks y su hijo, Jack. “Me arrepiento de no haber probado suerte antes como escritora, productora, directora”, contó a El País luego del estreno y se animó a darle un consejo a su hijo “Le recomiendo que no se conforme con ser actor si quiere controlar el negocio, en vez de que el negocio lo controle a él”.

El tiempo se encargó de poner las cosas en su lugar y Meg Ryan se exculpó de los pecados que se le adjudicaron. Quizás haya sido demasiado tarde. Lo cierto es que su matrimonio estaba roto antes de su affaire con Crowe: “Las razones por las que rompimos con Dennis no tuvieron nada que ver con otra persona”, sentenció la actriz cuando sintió que era el momento, y dio cuenta de las infidelidades que había cometido el actor. También se hizo cargo de la ruptura con Crowe. “Yo era un desastre, lo estropeé. No podía estar en otra relación larga, no era el momento para eso. Así que salí". En retrospectiva, su relación con Quaid puede verse como la esposa estoica que da pelea hasta que no da más. Algo que puede suceder en cualquier hogar. Solo depende del cristal y del enfoque.

John Mellencamp y Meg Ryan (The Grosby Group)
John Mellencamp y Meg Ryan (The Grosby Group)

Estos días trascendió la noticia de la ruptura de su compromiso con el músico John Mellencamp, con quien compartió ocho tumultuosos años de idas y venidas. Esta vez, no hubo linchamientos mediáticos ni juzgamientos públicos. Meg Ryan eligió vivir esta etapa de su vida alejada de los focos y detrás de las cámaras. Planea dirigir una comedia romántica que “prescinda de todos los vicios del pasado y encaje en la revolución del #MeToo”. ¿Hay acaso alguien mejor que ella para hacerlo?

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