Por Susana Ceballos

De niño, Edgardo Mesa simulaba que un palo de escoba era un micrófono: así jugaba a ser locutor. De grande, entendió que las noticias debían darse con seriedad, pero que también había tiempo para divertirse
De niño, Edgardo Mesa simulaba que un palo de escoba era un micrófono: así jugaba a ser locutor. De grande, entendió que las noticias debían darse con seriedad, pero que también había tiempo para divertirse

Edgardo Mesa nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires, el 29 de diciembre de 1937 en el seno de "una familia de trabajo típica de la época", hijo de un andaluz, a quien definía como "un hombre muy estricto", y de una argentina, "una santa". Siete años antes había nacido Diego Isidro. Años más tarde, y con el seudónimo de Juan Carlos, su hermano se convertiría en uno de los guionistas más importantes del humor en radio y televisión.

Pero faltaba para eso. En los años de infancia de los hermanos Mesa, la radio era todo. Era la principal fuente de entretenimiento casera, era la excusa para la reunión familiar, era uno de los sueños recurrentes de los chicos de todo el país. Se jugaba a la radio. Y así creció Edgardo, soñando con que algún día sería su voz la que haría soñar, reír y jugar a otros. Y vaya si lo logró.

Se fue a Buenos Aires, y estudió y se recibió de locutor. Consiguió trabajó en las principales radios, cuando todavía marcaban el ritmo de la vida cotidiana. Fue parte de éxitos como La revista dislocada, en Radio Splendid, y El nochero, en Radio Del Plata. Pero fue en Rivadavia donde empezó a hacerse un nombre y donde compartió emisora con quien consideraba el mejor conductor de todos, Antonio Carrizo. "Era lo máximo. De joven lo veía en los festivales folklóricos y no podía creer tenerlo como compañero", contaba.

Otros grandes maestros con los que compartió micrófono fueron Héctor Larrea, Juan Carlos Mareco, Hugo Guerrero Marthineitz, José María Muñoz. Con ese verdadero seleccionado de profesionales -y la variedad de estilos- aprendió, y mucho. Es que si bien tenía grandes maestros demostró ser un gran alumno que encontró su propio estilo y desarrolló su propia manera de decir.

Un joven Edgardo Mesa
Un joven Edgardo Mesa

De la radio pasó a la televisión. Estuvo 16 años en el noticiero de Canal 13, compartiendo pantalla con compañeros como Juan Carlos Pérez Louizeau, Horacio Galloso y Tico Rodríguez Paz. Era un trabajo en el que se sentía cómodo y que complementaba a la perfección con sus labores radiofónicas. Hasta que un verano recibió una oferta que le movió la estantería.

Café de por medio, una tarde cualquiera en Mar del Plata, el productor Carlos Montero le ofreció sumarse a Mesa de Noticias, el programa éxito de Canal 7 que escribía y protagonizaba su hermano, Juan Carlos. Fernando Bravo, hasta entonces quien hacía las veces de periodista en esa delirante redacción, no iba a continuar. Y necesitaban un reemplazo. Edgardo dudó entre la estabilidad y seriedad del noticiero y tirarse a la pileta, que no sabía si tenía agua. Pero tenía el respaldo y la garantía de la pluma de Juan Carlos. Dijo que sí, y su vida cambió para siempre.

Durante cuatro años sumó su oficio radial y los mohines incorporados en su juventud a un equipo delirante que marcó una época en la televisión de los primeros años de democracia. Con su hermano Juan Carlos, Gianni Lunadei y Beatriz Bonnet, el programa jugaba con la realidad y la ficción, ambientado en una redacción y con un guión extremadamente respetado. "Los libros de Mesa de Noticias se revisaban antes de grabar, por las dudas. Si había una mínima palabra procaz, se cortaba la escena -explicaba en referencia a la metodología de trabajo-. Si eso no ocurría, el productor Gustavo Yankelevich cortaba la grabación y ordenaba repetir todo".

Edgardo Mesa entrevista a Adriana Costantini, en "Mesa de Noticias"

En ese contexto de gags y morisquetas, su latiguillo "Presennnncia" -bajando la cabeza, acompañando el movimiento con el brazo derecho y estirando la n-, junto al "¡Qué bochorrrno!", de Bonnet, y el "Infeliiiiiz" de Lunnadei, se repetían en oficinas y escuelas. Allí estaba el gran éxito del programa. Porque Mesa de Noticias tenía un humor que reunía a la familia antes de cenar, y permitía que grandes y chicos compartieran ciertos códigos, algo que no suele pasar muy seguido en la televisión argentina.

Así su vida profesional dio un vuelco definitivo, y aquella voz de los radioteatros y aquel presentador formal de los noticieros se unieron y conjugaron en una misma persona. Su personaje en Mesa de Noticias fue trasladado a la pantalla grande en seis películas protagonizadas por Alberto Olmedo y Jorge Porcel: Los reyes del sablazo, Rambito y Rambón, primera misión, Los colimbas se divierten y Los colimbas al ataque, Galería del Terror y Atracción peculiar, el recordado filme que se estrenó dos días antes del trágico accidente que terminó con la vida de Olmedo.

También tuvo un papel en Brigada explosiva contra los ninjas, la segunda de la saga de Brigada Z, donde compartiría elenco con sus compañeros en Mesa de Noticias, Alberto Fernández de Rosa y Gino Renni.

Una vez concluido Mesa de Noticias, cuya última temporada se transmitió por Canal 13, Edgardo siguió su aventura televisiva con Stress, otra comedia escrita por su hermano, y protagonizada por Dorys del Valle y Emilio Disi. En 1992 se mudó a Telefe para formar parte de Brigada Cola, la versión televisiva del éxito cinematográfico, protagonizada por Disi y Guillermo Francella.

Antes y después de su exposición mediática, la radio fue su cable a tierra o su lugar en el mundo. Pasó por Mitre, Continental y Del Plata, y encontró su refugio en la trasnoche. "Sé que le hablo a gente con angustia, generalmente en soledad, pero trato de no hacer un programa triste. Ya bastantes problemas tiene la gente", contaba sobre su ciclo De la noche a la mañana. Le gustaba pensar sus programas de medianoche como si fueran de día. Para ello, y siguiendo el modelo de su hermano, planificaba y elaboraba cada guión, siempre con un diccionario al lado, para ampliar los recursos y cuidar el idioma, siguiendo aquel legado paterno y andaluz aprendido en la casa familiar de Pergamino.

En 2010 su adicción al cigarrillo le pasó factura cuando le detectaron un enfisema pulmonar. Pero nada le dolió más que la muerte de Cristina, su esposa durante 46 años, y madre de sus dos hijos, Mariana -diseñadora gráfica- y Edgardo -oftalmólogo-. Reconocía en ella a esa compañera que lo sostenía en tiempos exitosos y lo acompañaba cuando el trabajo escaseaba, como cuando agarraban el auto y se iban a Concordia para que Edgardo armara su programa allí.

Hoy, Edgardo Mesa se despidió. Quizás muchos no recuerden quién era, pero muchas más serán los que al enterarse habrán pensando: "Chau, Edgardo. Y gracias por tantas risas".

Edgardo Mesa
Edgardo Mesa

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