La periodista Mina Bonino, fanática de River, relató en las redes sociales en detalle lo vivió el pasado sábado desde muy temprano cuando se dirigía al Monumental para ver la Superfinal. "Ayer salí de casa 11:30. Me tome el semi desde Quilmes y seguí con el 130 hasta Libertador y Juramento. Cómo hacía cuando era chica. Alguien que seguramente debe estar leyendo mientras iba para la plaza a saludar a Ivana, me dijo ¿Mina? ¿Qué haces caminando sola por acá? Le dije que era lo habitual, que lo hacía siempre. Aunque la gente todavía se sorprenda de verme en bondi, en la cancha o caminando entre los hinchas, nunca salí del lugar donde me siento feliz. Ahí, con la gente, en el Monumental", comienza su extensa descripción sobre lo que inicialmente iba a ser todo una fiesta.

Luego, se refirió a lo que vino después de la agresión que sufrió el micro que trasladaba al plantel de Boca al estadio. "A las cuatro y media de la tarde, deje de lado mi camiseta", escribió. Y continuó: "No fueron treinta inadaptados. Yo misma vi como en la centenario medía empezaban a correr los monos (y me niego a llamarlos personas) que habían entrado sin ticket. Yo misma vi como revoleaban un cerdo muerto al aire, mientras volaba sangre, pedazos del cuerpo y líquido. Yo misma vi como más de cien tipos tiraban las vallas y pasaban los molinetes, a mi nadie me lo contó, yo lo vi".

La conista y ex panelista de Intrusos, que ya a esta altura estaba en el estadio reveló: "Adentro, no se sabía nada. Escuchaba a algunos pocos decir que eran cagones. Que Pablo Pérez exageraba, y que Tevez había incitado a que les tiren piedras. Por suerte, solo fueron algunos pocos que escuche. Afuera, empezaban a escucharse tiros. Nosotros no teníamos señal, y de adentro, nadie nos decía nada. Después de horas interminables de esperar una respuesta por parte de la CONMEBOL, que tendría que haber suspendido desde la primera instancia, nos comunican que se jugaría mañana – por el domingo – a la misma hora".

"Cuando salimos, la gente empezó a correr. Los que estaban sin entrada nos esperaban como carnada para robarnos la nuestra. Y te repito, yo lo vi. A mí nadie me contó. El piso estaba decorado con piedras y a unos doscientos metros, el carro hidratante tiraba agua porque doscientas personas más querían seguir pasando para robarnos la entrada. Mi viejo, que había llegado más tarde con el auto para que yo haga previa con mis amigos, tenia el auto ahí. Justo donde el carro estaba. Cada paso era incertidumbre. A las corridas. Todo me hacía recordar a ese día, pero que con 17 años estaba sola corriendo sin saber donde ir. En el Hípico, los autos estaban todos rotos. Habían robado hasta lo que no tenía sentido", expresó la joven sobre su experiencia caótica como la que vivieron otros hinchas, más de 60 mil personas, que pusieron toda para vivir una fiesta en paz, pero quedó totalmente desvirtuada por la violencia.

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Ayer salí de casa 11:30. Me tome el semi desde Quilmes y seguí con el 130 hasta Libertador y Juramento. Cómo hacía cuando era chica. Alguien que seguramente debe estar leyendo mientras iba para la plaza a saludar a Ivana, me dijo ¿mina? ¿Qué haces caminando sola por acá? Le dije que era lo habitual, que lo hacía siempre. Aunque la gente todavía se sorprenda de verme en bondi, en la cancha o caminando entre los hinchas, nunca salí del lugar donde me siento feliz. Ahí, con la gente, en el monumental. A las cuatro y media de la tarde, deje de lado mi camiseta. No fueron treinta inadaptados. Yo misma vi como en la centenario medía empezaban a correr los monos (y me niego a llamarlos personas) que habían entrado sin ticket. Yo misma vi como revoleaban un cerdo muerto al aire, mientras volaba sangre, pedazos del cuerpo y líquido. Yo misma vi como más de cien tipos tiraban las vallas y pasaban los molinetes, a mi nadie me lo contó, yo lo vi. Adentro, no se sabía nada. Escuchaba a algunos pocos decir que eran cagones. Que Pablo Pérez exageraba, y que Tevez había incitado a que les tiren piedras. Por suerte, solo fueron algunos pocos que escuche. Afuera, empezaban a escucharse tiros. Nosotros no teníamos señal, y de adentro, nadie nos decía nada. Después de horas interminables de esperar una respuesta por parte de la CONMEBOL, que tendría que haber suspendido desde la primera instancia, nos comunican que se jugaría mañana a la misma hora. Cuando salimos, la gente empezó a correr. Los que estaban sin entrada nos esperaban como carnada para robarnos la nuestra. Y te repito, yo lo vi. A mí nadie me contó. El piso estaba decorado con piedras y a unos doscientos metros, el carro hidratante tiraba agua porque doscientas personas más querían seguir pasando para robarnos la entrada. Mi viejo, que había llegado más tarde con el auto para que yo haga previa con mis amigos, tenia el auto ahí. Justo donde el carro estaba. Cada paso era incertidumbre. A las corridas. Todo me hacía recordar a ese día, pero que con 17 años estaba sola corriendo sin saber donde ir. En el Hípico, los autos estaban todos rotos. Habían robado hasta lo que no tenía sentido.

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