Antes que una banda de rock fueron un grupo de amigos que, como todos los adolescentes, soñaban con triunfar en el rock. Y lo lograron, escapando al estereotipo de la estrella de la música. Por algo eligieron hacer cada recital en pijamas, un homenaje a los pacientes del Hospital Borda.

Tres décadas y 14 discos después, es la hora del balance para la Bersuit Vergarabat. Que será de dos maneras. En formato musical, con una serie de recitales en el marco de la gira 30 años de La Cabeza que comenzará este viernes en el Teatro Vorterix, para seguir por el Interior del país y cruzar la frontera rumbo a Chile.

Pero el balance encuentra otro aspecto, casi confesional. El que acercan Juan Subirá, Germán Cóndor Sbarbati y Daniel Suárez, en esta entrevista con Teleshow. Los comienzos, la amistad, los sinsabores del paso del tiempo, las rupturas. Y entonces allí, la partida del líder Gustavo Cordera, que obligó a un parate de dos años.

—¿Cómo están viviendo estos 30 años de la banda?

Juan Subirá: —Mucho tiempo, muchas generaciones, muchos discos, muchos escenarios. La verdad que nos encuentran bien parados también, y festejando de una manera muy linda: estamos haciendo muchísimas ciudades. La idea era hacer 30, pero este año vamos a superar la cantidad de ciudades.

—¿Siguen teniendo las mismas ganas del inicio?

Germán Cóndor Sbarbati: —Por suerte, las ganas siempre estuvieron intactas. El deseo de comunicarse, de salir al escenario, de viajar. Yo creo que a través de todos estos años de experiencia, de historias, hay cosas que se van ganando y cosas que se van perdiendo. Por ejemplo, la ingenuidad de los primeros momentos, esa cosa tan mágica que pueden tener las primeras veces. También los temores, las dudas. Y bueno, se empieza a ganar en experiencia, en cierta tranquilidad. Y tenés un repertorio amplio con 30 años de historia, 14 discos editados. Lo difícil a veces es elegir qué hacer.

—¿Y qué cosas los fueron cansando con los años? 

Daniel Suárez: — Yo no sé si desencantado. Esto de tener una banda, ser un grupo de amigos, porque incluso nace antes la amistad que una banda, lo que te hace seguir haciendo eso es seguir encantándote de las diferentes cosas, seguir redescubriendo incluso después de un tiempo las canciones que hiciste hace 20 años. Algunas aparecen y se burlan incluso de vos mismo, y también las redescubrís, te vuelven a encantar de manera diferente porque te encuentran, como decía Juan, con otra trayectoria, otros años encima. Yo no sé si me desencanto; a mí constantemente me aparecen cosas para aprender.

—Si el día de mañana alguno de sus hijos dice: "Quiero dedicarme a esto, quiero estar en una banda", ¿qué le responderían? ¿"Adelante" o "No lo hagas"?

Sbarbati: —Por supuesto. Yo lo estoy haciendo ahora, de chiquitito.  Tengo al de seis años que va a piano y el de tres que toca la batería.

Subirá: —El hijo de Juan también está en una banda, mi hija baila. En alguna rama del arte seguramente, porque si el arte está presente en una familia siempre va a llevarse en los genes.

¿Qué fue lo que más les costó como banda?

Subirá: — Es difícil mantenerse unido, mantenerse firme en las convicciones. Mantenerse con las metas claras a corto y a largo plazo. Hay muchas dificultades en una carrera. Vos decías que esta profesión es difícil. Sí, claro, porque te vas a enfrentar con muchas dificultades.

—¿Por ejemplo?

Subirá: —A nivel artístico, a nivel humano, a nivel empresarial: hay muchas. Pero no sé si es tan diferente a otras tantas dificultades que podés tener en otras actividades. Yo recuerdo cuando era chico y por ahí hablaba con mi papá y me decía: "Bueno, pero ¿de qué vas a vivir?". "Y… no sé", le dije. De verdad no sabía, y tampoco me preocupaba a esa edad, cuando tenía 15 años. Pero bueno, con el tiempo se demostró que era posible ese sueño, que era muy adolescente en su momento. Y por el contrario, tal vez lo que hacía mi papá, que era algo más seguro y rentable, tuvo otro tipo de problemas a través del tiempo y la historia de nuestro país, que es tan compleja, ¿no?

¿Qué los mantiene unidos?

Suárez: — El día a día es buenísimo porque nos vemos casi todos los días, ensayamos de lunes a viernes. Tenemos muchas giras y viajamos mucho, entonces tenemos el roce necesario como para que no se genere algo más candente que después puede llevar a una ruptura. Esas son cosas que hemos aprendido de los alejamientos de amigos. Y el Cóndor me corregiría, y los ocho años que estamos haciendo terapia juntos también (risas).

—¿Van a un psicólogo de grupo?

Suárez: — Sí. Ya hace tiempo.

—¿Y los atiende individualmente?

Sbarbati: —No, no, vamos como lo que somos. Cada uno, individualmente, debe tener su forma de canalizar las cosas. Mirá, ahora, en los últimos tiempos, lo estamos haciendo de una manera esporádica. Pero hubo etapas en estos años en que lo hacíamos con mucha regularidad, cada 15 días o por semana, según los momentos nuestros. Este año tuvimos muchos, por lo cual se hizo difícil encontrarse. Pero él siempre está cerca, por ahí viene a algún concierto, está con nosotros.

¿En qué momento dijeron: "Bueno, hasta acá llegamos, hay que llamar al psicólogo"?

Suárez: —El momento fue mucho antes de que lo hicimos, de la realización del evento. Cuando empiezan a sonar las alarmas es una de las cosas que uno piensa: "Che, ¿si hacemos terapia? Por ahí está bueno". Pero a veces, después llegamos tarde.

Sbarbati: —No, musicalmente estábamos fuertes, pero sentimentalmente por ahí estábamos un poco más sensibles y débiles. Eso fue lo que ayudó a unirlo a la música, ¿no? Y hacer música también con eso.

—¿Se puede saber el motivo de esa sensibilidad?

Suárez: —Por todo. Por las separaciones, por las idas, de Gustavo (Cordera) hace casi ocho años, nueve, y de Osqui Righi hace cuatro, cinco años.

1988: La Bersuit en Cemento; al frente, el “Pelado” Cordera (Cristian Mintzer)
1988: La Bersuit en Cemento; al frente, el “Pelado” Cordera (Cristian Mintzer)

—Cuando Gustavo se fue, ¿dejó un vacío?

Sbarbati: —Y sí, lógicamente. Porque son idas que de ninguna manera pasan desapercibidas. Tal es así que la banda estuvo parada dos años. O sea, cuando se fue Gustavo nosotros seguimos haciendo otras cosas, otros proyectos, pero Bersuit estuvo dos años inactivo. Volvimos en el año 2011 pensando que esto se podía hacer con o sin Gustavo; inclusive lo charlamos con él en su momento. Y bueno, sabíamos que íbamos a enfrentar un montón de desafíos, de adversidades. Y acá estamos, siete años después…