"Estoy guardadito. Es un momento complicado con todo lo que se habla. ¿Y si en vez de decir tanto, hacemos un poco?", propone un Miguel Ángel Rodríguez (57) reflexivo, antes de confesar: "Me tiene muy mal la política. Inventan cosas para dividirnos y entretenernos".
En el mes de marzo Rodríguez apareció públicamente con Marcela, su nueva pareja, y si bien mantiene el bajo perfil en esta charla con Teleshow, el protagonista de ¿Qué hacemos con Walter? asegura que vive un gran presente personal. Y aunque no tiene planes de convivencia en el corto plazo, tampoco descarta la posibilidad.

—¿Se juega algo del ego en función a cómo van las recaudaciones?
—Sí, algo del ego siempre se juega. Todos lo tenemos, y en este laburo mucho más. Pero lo tenés que laburar, y tenerlo bien colocado.
—¿Cuándo fue tu peor momento de ego?
—(Risas) No, a lo mejor es más en la vida personal que en lo artista o profesional. Yo soy muy seguro de mí mismo. Me encanta que se trabaje así, como en esta obra, que es coral: la vedette es la obra y el director también; tracciona mucho (Juan José) Campanella.

—¿Cómo definís tu estado de ánimo, hoy?
—Es muy bueno. Podría ser solo bueno, pero es muy bueno. Estoy con la tranquilidad que uno quiere y necesita, que le sirve para la vida. Después de la tranquilidad empiezan a venir las alegrías, la felicidad.
—Y en tu caso, ¿por dónde pasa la tranquilidad? ¿Con ver a tus hijos más grandes? ¿Con el trabajo funcionando?
—Primero, que mis hijos ya están grandes, que ya están volando. Voy a la psicóloga y charlamos mucho; me viene muy bien porque es un momento muy interesante a los 57 pirulos hablar muchas cosas. Traer todo lo que está en la trastienda y ponerlo acá adelante, y limpiar para alivianar la mochila de los muchos años que quedan.
—¿Tuviste alguna crisis con el paso del tiempo?
—Sí, con cosas de la vida. Con la edad en particular, no. La voy llevando. No soy un tipo superado: te pega en ciertos lugares, por supuesto. En un cálculo muy básico que hago siempre, nadie tiene comprado nada, decís "A los 20, 20 más vivo; a los 30, 30 más vivo; a los 40, 40 más vivo; a los 50… ya no sé, y a los 57 mucho menos. Si llego a 104…". Es muy difícil. Bienvenido llegar a los 104.
—114 en todo caso: no te quiero desilusionar.
—(Risas) Igual, muchísimo no. A los 104, a lo mejor sí (risas). En base a eso es saber qué me va a quedar. Tampoco lo sé.

—¿Cómo estás con el cigarrillo?
—Más o menos. No estamos bien. Es un tema. El otro día lo hablé con la psicóloga.
—¿Te dan ganas de dejar de fumar o ni siquiera se te cruza por la cabeza?
—Está comprobado que es de las peores adicciones.
—¿Tenés alguna otra?
—No. Cero. El tema alcohol: me gusta un vinito, un whiskicito. Le ponemos el diminutivo para que parezca que es poco (risas). Tomo socialmente, me gusta. A mi generación le vendían que si fumabas eras rubio, de ojos celestes, ganador con las minas, que ibas a conseguir laburo, ser talentoso, cruzabas ríos. Hacías un montón de cosas con el cigarrillo. Malditamente planeado para el ser humano, todo negocio. Lo que pasa es que yo reconozco que es un negocio, y participo del negocio.
—Cuando uno ya está en eso, es muy difícil salir. Pero es muy importante.
—Sí, porque te ponés caprichoso, porque decís: "Bueno, me metiste en esta historia, ¡ahora sacámela, guacho!".
—Como papá de adolescentes, ¿qué miedos tenés?
—Hay de todo. Más allá de ser adolescentes son dos personas que van a tener que decidir por sí solas, tienen que andar en la vida y pegárse los golpes, si hay que pegárselos. Desde que te echen del laburo, conseguir otro, tener tu casa, pagar los impuestos. Todos son golpecitos para ir andando e ir viviendo. Uno los va a ayudar, por supuesto, y es lo que quiero; me siento muy bien ayudándolos. Pero sé que tienen que moverse solos. Me está frenando la psicóloga, porque yo soy muy…
—¿Sos muy protector?
—Sí, muy. Los últimos dos años y medio que no estoy conviviendo con ellos, los veo todos los días y charlamos, comemos y hablamos, es más todavía a la madrugada, me cagará un poquito a dopes la psicóloga (risas) porque está el papá mandándoles (mensajes): "¿Cómo estás, qué haces, dónde estás?".
—¿Cómo fue para ellos que vos presentaras nueva novia?
—No fue una cosa oficial. Han aparecido fotos de un evento. La verdad que no calculé que iba a haber fotos. Pero ellos lo saben de entrada, hablé a los 20 días de comenzar la relación con mi pareja y ellos supieron. Tienen una edad que ya es: "¿Vos estás bien? Listo". No se meten mucho.
—¿La conocen?
—La han cruzado, sí.

—No hay almuerzo de domingo todos juntos.
—No, no, ella tiene dos hijos también.
—Vos los conocés.
—Sí, claro, los conozco.
—¿Te imaginás volver a convivir?
—Ahora no me lo planteo. Quiero estar tranquilo y a partir de ahí está esa consecuencia de que estás alegre, de que estás feliz, de disfrutar los momentos.
—¿El vínculo con Maribel, tu ex mujer, está bien?
—Muy bien. Es la mamá de Imanol y Felipe, y construimos 35 años además. La quiero mucho, mucho.
—¿Te perdiste muchas cosas por la profesión?
—Sí, te perdés cosas. Pero hay que ver cuántas ganas. No hablo de guita. Es un oficio muy lindo que permite que vos puedas llevar a tu familia a donde laburas. De hecho, es muy difícil que después los chicos no salgan amando esto.

—Hablábamos hace un rato del paso del tiempo. ¿Es ingrata la profesión del actor con el paso del tiempo?
—Sí. Más allá de que hay poca ficción, no veo que haya papeles para actores grandes.
—Y para mujeres ni te cuento: el galán puede ser más grande, pero la mujer…
—La mujer ni hablemos. A todos nos cuesta, pero a la mujer se le complica muchísimo más. Por eso uno defiende mucho el teatro porque es aquel lugar que va a resguardar permanentemente. China (Zorrilla) terminó laburando en teatro, y de gira.

—¿Qué sentís con todo este movimiento que hay con las mujeres?
—Amo a las mujeres, las respeto mucho. Admiro mucho a la mujer por una cuestión natural, porque puede hacer algo que yo no voy a hacer jamás: tener un ser humano 9 meses en la panza.
—¿Te gustaría?
—Me gustaría saber qué se siente, me parece fascinante.
—¿Fuiste muy mamero?
—Sí, muy. Extraño a mi vieja horrores. Falleció en 2011. A mi viejo lo admiro muchísimo, un hombre de 88 años…
—Tu papá era ingeniero de vuelo. ¿Y mamá?
—Ama de casa. Con algunas frustraciones, pero bueno, todo eso ya pasó y no hay vuelta atrás. Este movimiento de la mujer que hay ahora, internacional y nacionalmente, a mí me encanta. Lo que no me gusta son los extremos.
—¿El movimiento Ni Una Menos te hace ruido?
—No, absolutamente no. Pero me gusta que sea encarado el tema para dónde es. No me gusta cómo se banaliza, cómo se mediatiza, sin entrar en nadie en particular. Le estamos restando importancia al verdadero problema de la violencia de género. Es un gran horror, ¿por qué no se abocan en serio a ese tema? Se abocan, pero después se empieza a mediatizar porque sirve para un número, para un programa, porque la gente lo mira.
—¿Sentís que es una moda en los programas?
—Es cíclico: la tele va a ir para donde vaya la historia. La tele es un número. El mundo es un número, somos todos números.
—Uno de los temas que se está debatiendo hoy es la despenalización del aborto. ¿Tenés una posición al respecto?
—El aborto me parece que es primordial, y estoy a favor, obviamente. Me parece que sí, lo entendí. Quiero decir: voy entendiendo cosas.
—¿Te costó?
—Soy muy cavernícola, muy Pedro Picapiedra, lo sé, me reconozco. En cosas fundamentales e importantes, me costó; pero lo entendí. Cuando lo pienso para mí solito, tomando mate, digo: "Es una mujer que con su cuerpo quiere hacer lo que quiere ella, no lo que le hicieron o lo que le mandaron a hacer". Porque además, aunque no lo aprueben se va a seguir haciendo. La ley tendría que salir sin tanto debate y sin tantas marchas y contramarchas.

—¿Cómo te llevás con la política?
—Me tiene muy mal la política. Recién te decía que nos inventan cosas para dividirnos y entretenernos. Hace muchísimos años en el mundo manejan la historia unos cuantos poderosos, inventan a partir de ahí, y empiezan a dividir y hacer negocios con todo. Cruelmente las armas son un negocio: la prostitución, la droga, el fútbol. Te van invadiendo por todos lados y te dividen. Soy muy descreído, no creo en nada. Es un gran negocio todo.
—¿Por qué no nos amigamos entre nosotros?
—Porque somos muy egoístas. Somos: soy el primer egoísta si querés, yo me meto adentro. Nosotros no estamos unidos. Nos metieron muchas cosas. No hay pensamiento, no hay partidos políticos; en el mundo no hay, son todas personas, se votan personas. Yo voté en blanco y lo digo muy amargado. No está bien, está mal. No me siento contento por eso. Pero me superó algo: entrar en mi casa y ver el debate de dos personas que dije "No puede ser lo que estoy escuchando, lo que estoy viendo…".
—Y si hubiera elecciones hoy, ¿qué hacés?
—No lo sé. No tengo la solución. Trabajo hace 40 años, pago mis impuestos como todo el mundo, y no puede ser que no tengan soluciones para toda la gente.
—Me estás hablando de las presidenciales, no de las legislativas.
—Presidenciales. Y las legislativas, todas esas cosas, hay que tener una buena información porque después son los que nos van a gobernar.
—Sí, saber qué votamos.
—Claro. Pero la gente no sabe. Tampoco es lindo decirlo, pero en el fondo este es un gran país bananero. Nos olvidamos de todo, no nos acordamos de nada. De nada. Por eso me interesa mucho cuando la memoria de los desparecidos está siempre presente. Un hermano mío trabaja mucho en eso, y a mí también me apasiona. Y no tiene nada que ver con los derechos humanos, que después se mezcla. Salen algunos a reclamar: "Pero mataron a un colectivero, no hay derechos humanos". No, no, no. Está bien, todo es verdad, todo es verdad, pero son diferentes caminos que van paralelos, ¿no?
—Estamos hablando de nuestra historia.
—Claro, estamos hablando de nuestra historia. Hay que tratar de respetarla. Como Malvinas y aprender de ella. Lo otro es delicadísimo, es tremendo. Pero está el negocio atrás, siempre.
—¿Argentina campeón del mundo o San Lorenzo campeón de la Libertadores? ¿Qué hacemos?
—Después de todo lo que dije, si digo San Lorenzo campeón de la Libertadores… Es campeón de la Libertadores, sí, sí. Y a los 57 ni hablemos: San Lorenzo. A la Argentina la vi dos veces. ¿Ves lo que pasa? Este es el mejor ejemplo, te lo estoy dando yo. Como ya vi dos veces a la Argentina campeona, a Maradona, no pienso en mis hijos que quieren disfrutarlo y todos los chicos que creen en Messi. Es el mejor ejemplo. Trasladalo a todo.
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