Johnny era un campesino que no sabía leer bien ni escribir, pero sí sabía una sola cosa: quería tocar la guitarra todo el día. Y que la gente se enamore de su voz, claro. Una historia sencilla cantada desde lo más profundo de las entrañas y con un ritmo arrollador llegaba para quedarse en 1958. ¿El padre de la criatura? Chuck Berry, un semidios negro y mal llevado que fue inspiración de The Beatles y The Rolling Stones, pasando por Judas Priest y Green Day, entre tantos otros músicos del planeta Tierra.

Charles Edward Anderson Berry nació en los Estados Unidos, más precisamente en San Luis, Misuri, en 1926. Si bien venía de una familia de clase media que no le hacía pasar necesidades, antes de cumplir la mayoría de edad el rebelde Chuck ya había permanecido un par de años en un reformatorio por robo a mano armada. Y esa no iba a ser la última vez que tuviera problemas con la ley: a lo largo de su vida Berry se vio envuelto en escándalos por meterse con menores de edad, evadir impuestos y hasta por poner cámaras en el baño de damas en un restaurante de su propiedad. No vale la pena ahondar en sus malas costumbres, quizá con "Johnny B. Goode" se haya ganado el cielo.
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De la mano del sello discográfico Chess, Chuck Berry llegó al público blanco. Es que el afroamericano entendió que tenía que dejar relegado el blues por un rato para abocarse a un ritmo más bailable. Si Elvis era El Rey, Chuck habría de ser una especie de emperador. Nadie se resistía a sus shows súper energéticos y al carisma de su baile loco, incluido El paso del pato (The Duck Walk, en el inglés original) que años después copiaría (en homenaje a Berry, sin dudas) el australiano Angus Young. Sí, Chuck también influyó en la música de AC/DC.


En el fondo de Louisiana, cerca de Nueva Orleans,
camino de vuelta del bosque, entre los tupidos árboles,
allí había una cabaña hecha de troncos, madera y tierra,
donde vivía un chico de campo llamado Johnny B. Goode,
quien nunca aprendió a leer o escribir muy bien,
pero que tocaba la guitarra como si estuviese tocando una campana.
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La historia que contaba Chuck Berry en "Johnny B. Goode" se parece bastante al clásico "sueño del pibe". Y si se le suma una madre que sobre el final le vaticina "Algún día serás un hombre y serás el líder de una gran banda", el rock and roll se termina convirtiendo en el inconsciente colectivo de una generación que quería brillar. ¿O acaso los centennials no quieren ser también estrellas de algo?

Trascender, ser famoso, tener éxito y dinero es el deseo de todo rockstar en ascenso y Chuck Berry lo logró con creces. Para cuando Johnny B. Goode se publicó en 1958 en forma de single, el músico ya estaba lejos del campesino de la casucha en el bosque. Para ese entonces compartía banda con Johnnie Johnson en los teclados. "Johnnie, sé bueno", le decía Chuck a su compañero de banda que tendía a los problemas con el alcohol, y de ahí vendría el estribillo. También dicen que el pianista vivía en la calle Goode, todo un juego de palabras. Aunque lo de este Johnnie eran las teclas y no las cuerdas, igual Chuck habría tomado ese consejo para hacerlo canción.
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A lo largo de su vida, Berry reconoció que el Johnny de la composición era un poco él (la guitarra era lo suyo), aunque haya exagerado "la pobreza" del personaje, ya que él no era un campesino sin educación (incluso llegó a estudiar peluquería en su juventud). Otra diferencia es que el chico de la canción era de Louisiana, cuando él era oriundo de San Luis. El músico también aceptó que para que el tema fuera apto para todo público -y por sugerencia de la compañía discográfica- modificó la letra que él mismo había escrito en un comienzo. Donde decía "Ese pequeño niño de color podría tocar" prefirió cantar "Ese pequeño campesino podría tocar". Nada de colores, nada de racismo.
Como un símbolo de la década del 50, "Johnny B. Goode" se volvió a recibir de clásico en 1985. Aunque en Volver al Futuro el DeLorean los había llevado a 1955, o sea que faltaban unos años para que ese rock and roll se convirtiera en clásico. En la fiesta de graduación donde se iban a conocer sus padres, Marty McFly (interpretado por el actor Michael Fox) que había viajado al pasado, sube a tocar con una banda e interpretan el hasta ese momento (según la línea de tiempo de la película) desconocido tema.
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Incluso el primo ficticio, un tal Marvin Berry, lo llama a Chuck para contarle que estaban tocando "ese ritmo que habías estado buscando".

Habían pasado 30 años del estreno del tema, pero el revival de "Johnny B. Goode" se hizo sentir. Tal fue el impacto que hace dos años (a 20 del estreno de film y 58 del lanzamiento del sencillo), Chris Martin invitó a Michael Fox a tocar esa canción con Coldplay durante un show en Nueva Jersey. El cantante británico se confesó fan del tema, de la película y de la escena, por supuesto.
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Y no sólo los artistas se han sentido seducidos por "Johnny": también los políticos. Es el caso del republicano John McCain, que en 2008 usó la canción para su campaña, aunque la terminó eliminando ya que Chuck Berry hizo público su apoyo al oponente de McCain, Barack Obama. Entonces John decidió quedarse con un tema de ABBA. Y no, bien no le fue.

En marzo del año pasado, Chuck Berry murió a los 90 años dejando un legado de música y leyendas. También un juicio ganado a Johnnie Johnson, que lo acusaba de no haberlo puesto en los créditos de las composiciones que habían "craneado" juntos. Es posible que Johnson tuviera razón, pero la justicia entendió que había pasado demasiado tiempo para iniciar acciones legales. Paradójicamente, Johnson había editado en 1992 un disco de sugerente título: Johnnie B. Bad.
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Como en "De la guitarra", de la banda argentina Intoxicados, "el sueño de algunos puede ser cambiar el auto o tener una casa de fin de semana, el sueño de otros puede ser solo tener una guitarra para tocar esta canción que escuchás". Será que el camino a ser una estrella de rock es puro cuento, que todo se trata de unas cuantas cuerdas y de una mano talentosa que sepa bien qué hacer con ellas, como lo hacía Johnny B. Goode.

Por Marianela Insua Escalante
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