Comenzó su carrera como modelo y rápidamente se volcó a la conducción, con El Rayo. Pero la pasión fue más fuerte. Y hoy, sin renegar de su pasado haciendo tapa de revistas, Deborah de Corral se mueve sólida entre la música (está presentando Normal, el nuevo corte del disco Piel) y la cocina.

A días de casarse, reparte el tiempo entre su vida afectiva en Miami y los compromisos laborales en Buenos Aires. Y en esta charla con Teleshow, habla de todo: pasado, presente y futuro para quien supo permanecer en el tiempo, renovándose.

—La canción "Normal" plantea: "¿Quién dice qué es ser normal?". ¿Qué opinás?

—Hay tantas supuestas formas de ser normal que no hacen más que limitar nuestras personalidades.

—¿Te sentiste afuera de lo que encajaba dentro de la normalidad?

—Toda la vida. Desde chiquita, por cómo estaba compuesta mi familia: soy hija de madre soltera y había que explicarlo en la clase, los nenes no entendían. Desde ese momento tengo un sentido muy abierto de lo que es normal o no normal. Siempre viví con esa libertad.

Deborah de Corral reparte su vida entre el amor en Miami y el trabajo en Buenos Aires
Deborah de Corral reparte su vida entre el amor en Miami y el trabajo en Buenos Aires

—¿En algún momento costó?

—No. Siempre lo sentí como una libertad. Todo lo que nos hace diferentes, por más que a veces parezca que te sustrae o te quita algo, de alguna manera nos suma y nos hace singulares y únicos.

—¿Nunca te molestó la mirada del otro? Por ejemplo, cuando nos sorprendíamos porque de muy chica estabas viviendo sola.

—La mirada del otro no me hirió ni me molestó al punto de replantearme cosas. Con mi madre, las dos sabíamos perfectamente lo que estábamos haciendo, no es que era una loca que me dejó suelta por la vida y yo hacía cualquier cosa. Yo tenía la cabeza bien puesta sobre mis hombros y siempre fui una persona muy responsable y muy pensante; y mi madre me fue midiendo y me fue dando las libertades de a poco. De afuera parece como que me tiraron al mundo sola y yo estaba pobrecita, desprotegida, pero siempre tuve el apoyo de mi madre en todo, y su consejo. Simplemente, era una figura legal: fui emancipada a los 16 porque viajaba, trabajaba, tenía plata para comprarme una propiedad, y así lo hice. Pero en realidad siempre que me pasaba algo iba corriendo con mi mamá, como cualquier chica de esa edad.

—Cuando miras para atrás en esos inicios, ¿te arrepentís de algo?

—No, incluso los momentos que podrían haber sido border o que fueron de riesgo de cualquier tipo, personal o profesional, valieron, y fueron lo que tuvieron que ser. No tengo arrepentimientos de nada, ni personales ni profesionales.

—¿Hay algo que se extrañe de esos veranos en Punta del Este, de las tapas de revista, de esa exposición?

—Está re bien allá atrás, donde quedó. Muy bien.

—Pero no lo padeciste en su momento.

—No, para nada. Sumó y me re sirvió, pero hay momentos y hay edades para todo. Nunca disfruté la exposición, tampoco la padecí, no me voy a poner a quejar del éxito, sería una idiota; pero nunca la disfruté. Hay gente que la disfruta, a mí nunca me resultó placentera.

El nuevo corte de su disco “Piel” se llama “Normal” y cuestiona quién define los parámetros de normalidad
El nuevo corte de su disco “Piel” se llama “Normal” y cuestiona quién define los parámetros de normalidad

—¿Cuándo te empezaste a gustar vos misma?

—Siempre me gusté. Obviamente, la mirada estética sobre mí misma estética vino fuertemente de la mano de la época del modelaje. Pero al venir de forma profesional, ya le quitás un poco el peso tan personal. No lo tenía tan relacionado como con algo emocional y tan personal, lo tenía como: "Ah, ok, esta es mi herramienta de trabajo, tengo que cuidarme las piernas".

—¿Y cuándo te gustaste en la música?

—Al principio me costó que me gustara mi voz grabada. Hasta que te acostumbrás a tu voz amplificada es difícil. Y yo, que soy virginiana y muy perfeccionista, tuve un desfasaje de tiempo hasta que dije: "Bueno, es la que es. Con que le guste a otro ya está, no me tiene que gustar a mí".

—¿Es un ambiente prejuicioso?

—¿Cuál de ellos? ¿Cuál de todos? (Risas). No es un ambiente para nada prejuicioso el de la música. Al menos no en mi experiencia, eh. Me pasa lo mismo en la cocina. En todo caso veo y siento que tanto los músicos como los cocineros somos como niños a los que nos gusta jugar, y cuando vos ves en el otro las mismas ganas de jugar, y que tiene por ahí otros fuertes, otras características, otra cosa que traer a la mesa, es divertido juntarse, o zapar, componer un tema, tocar o cantar juntos. Igual con la cocina.

Deborah de Corral logró convertir su pasión por la cocina en parte de su trabajo
Deborah de Corral logró convertir su pasión por la cocina en parte de su trabajo

—¿El de la música no es un ambiente machista?

—Re. La cocina también. Parece que no, pero sí. Pero también tiene cierta cuestión lógica y cierta razón de aguante físico por las horas de trabajo, el tema del calor, del peso. Es un trabajo muy físico el de cocinero y no cualquier mina se la banca. En cuanto al machismo me parece que no tiene tanto que ver con los ambientes sino con que es un país machista: somos una sociedad muy machista, los argentinos.

—¿En qué lo viviste?

—No me afectó tanto porque de alguna manera yo siempre fui, y lo sigo siendo, como se dice en inglés, "one of the boys". Soy un pibe más. Tampoco espero que se me trate de manera diferente por ser mujer. Me hago cargo, y dentro de lo que es mi fuerza y mi capacidad física, si hay que levantar un equipo lo levanto.

—¿Qué pasa con las mujeres machistas?

—Las mujeres machistas tienen un problemita mental importante. Por ahí, pobrecitas, hay que entender que es algo que les han inculcado y que por cierta comodidad de clase algunas no logran o no quieren salirse del huequito ese calentito en el que están.

—¿Te has topado con algunas de esas?

—Todos los días. Es la sociedad que han y que hemos creado todos juntos. Las mujeres, por ahí sin darnos cuenta o por comodidad, hemos sido cómplices de la sociedad que tenemos. Muchas son machistas por comodidad.

A días de casarse en Miami la ex modelo conversó con Teleshow
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—Venís de un año de trabajar un montón.

—Sí, un par largos. Y me encanta, no me quejo para nada, estoy feliz. Mis deseos son como micro deseos que están en la agenda y que voy cumpliendo, son como objetivos. Mis deseos, mi amor y mis emociones están muy ligadas a lo que hago profesionalmente, que es lo que haría aunque no fuera mi trabajo. Va todo junto.

—¿Cómo amalgamas la vida en Buenos Aires con la vida en Miami?

—Cuando vengo estoy por ahí dos meses seguidos y hago en ese tiempo lo que cualquier persona normal y en su sano juicio haría en cinco meses. Quedo hecha pelota, y voy a Miami a recuperarme. Y a recuperarme también emocionalmente porque vivo en Miami porque mi novio, futuro marido en realidad, vive allá hace 30 años. No es que fue una elección mía personal de: "Ay, me voy a Miami porque me queda re cómodo, me queda re cerca para venir a trabajar a Palermo".

—Sé que no te encanta hablar de tu vida privada, pero hablemos un poquito del matrimonio.

—Y sí, me voy a casar. Al final, como me dijo mi madre cuando le conté que nos íbamos a casar: "Ay, qué convencional", como casi ofendida. Como: "¿Yo te crié para esto? ¿Para que seas una señora casada? Te desconozco".

—Y con anillos de compromiso.

—Y con anillos de compromiso. ¿Quién sos?

—¿Cuándo se van a casar?

—Este mes.

—No me querés largar un dato. ¿Acá o allá?

—No, allá.

—Bueno, vamos todos a cubrir la fiesta que a vos te encanta.

—Ay, sí, a mí que me encanta. Una boda re revista vamos a hacer, dale.

—¿Estás contenta?

—Sí. Tiene que ver también con algo que decantó de una relación que tenemos hace muchos años.

—¿Cuántos años juntos?

—Puf, no estoy segura, pero más de seis sí.

—¿Nombre del hombre en cuestión? Solo el nombre. No podemos hablar para siempre de "el novio de Deborah de Corral que vive hace 30 años en Miami".

— Y bueno, es de muy bajo perfil.

—¿Lo extrañás cuando estás acá?

—Sí, extraño todo de mi vida allá. Emocionalmente estoy construyendo un hogar allá, pero casi todo mi trabajo transcurre acá. Entonces estoy un poquito fragmentada, extrapolada. Muy bipolar.

—¿Cuán harta estás de que te preguntemos si querés tener hijos?

—No, no estoy tan harta: es lo normal. Es una pregunta bastante lógica, pero no tengo una respuesta.

—Nunca fuiste "Susanita".

—No, no tengo una pulsión maternal cabalgante irrefutable, evidentemente, porque si no hubiera tenido mínimo uno o dos hijos. Y de hecho, no los tuve.

—¿Cómo termina el año?

—Casándome, chocha y descansando…

—¿Luna de miel?

—No sé si va a haber tiempo de luna de miel, pero algo inventaremos.

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