La pareja de hermanos más famosa de la Argentina vuelve a los escenarios el 8 y 9 de diciembre en el Teatro Opera, esta vez con Un libro cantado. Ese será el hilo conductor que tendrá su próximo show, su propia historia, tal como la cuentan en Hermanos la verdadera historia de Editorial Planeta. Allí, Lucía y Joaquín Galán repasan su recorrido personal y profesional por separado. Cada uno con su estilo y a su ritmo relatan momentos felices y dramáticos de sus vidas, sin saber qué escribió el otro hasta unir el material.

Su madre fue la primer persona en ver en qué se podían convertir los Galán. "Ella insistió mucho para que yo dejara los grupos musicales que tenía a finales de los 70, y que Lucía cantara conmigo. A nosotros nos parecía un aburrimiento espantoso, pero ella tuvo no la visión de productora, pero sí ese tipo de visión de madre de fijarse mucho en sus hijos. Con los años nos confesó que lo había hecho para que estemos juntos. '¿Por qué no le pusiste un guardaespaldas?', pensaba yo. '¡Hubiera sido más fácil'", cuenta Joaquín, entre risas.

Era él quien buscaba encontrar un sonido diferente a todo lo existente, y no paró hasta logrado. La clave fue ese mix entre sus letras con las actuaciones que sumó su hermana con vocación actoral. En el primer demo ya estaba Olvidame y pega la vuelta, y aunque un productor los "rebotó" diciendo que era muy raro y no iba a funcionar, los hermanos conocían su potencial. Hoy, ese tema sigue siendo un éxito infaltable en cada show.

Pimpinela presenta su nuevo show el 8 y 9 de Diciembre en el teatro Opera
Pimpinela presenta su nuevo show el 8 y 9 de Diciembre en el teatro Opera

—¿Cuál fue el capítulo del libro que a cada uno lo puso más contento y cuál el que le resultó más duro?

Lucía: —Más contenta: el nacimiento de mi hija, que es lo más importante de mi vida. Y haber logrado los objetivos en una vocación que amo. El más triste es toda la situación de la enfermedad de nuestro padre. Esas son las dos contracaras bien opuestas y los extremos importantes. Ambos tuvieron mucho que ver para lograr las cosas, luchar y trabajar.

Joaquín: — También, en el año 90 cuando nació Francisco: no hay alegría más grande que el momento de la llegada de un hijo. Después, toda la carrera estuvo plagada de momentos de mucha felicidad: el primer teatro en la calle Corrientes, la primera vez que actuamos en Nueva York en el Radio City Music Hall, cosas que se nos fueron dando en el curso de los dos o tres primeros años, y que eran impensables en esa época. Fue todo como un reguero de pólvora cuando en el 83 salió "Olvídame y pega la vuelta", desde la Argentina a toda América Latina, Estados Unidos y España. En esa década vivimos una impensable cantidad de cosas. Lo más difícil, lógicamente, fue la enfermedad de papá, la adicción al alcohol. Pero eso también nos unió como familia. Cada uno manejándola como podía, ella con su edad y siendo mujer, y yo con mi edad y desde la visión del hombre.

El libro en el que cuentan su historia narra también los momentos más dolorosos como el alcoholismo de su padre y la tragedia en la que murieron siete niños del hogar
El libro en el que cuentan su historia narra también los momentos más dolorosos como el alcoholismo de su padre y la tragedia en la que murieron siete niños del hogar

—Lucía en su capítulo dice: "Mi verdadero papá es, fue y será mi hermano".

Joaquín: —No sé, no leí esa parte. ¿En serio pusiste eso?

Lucía: —No leíste todo el libro. ¿Lo compraste?

Joaquín: —No, no, tengo el borrador ahí. Papá nos dio sentimiento, pasión, amor, vocación por la música y capacidad de trabajo, pero posiblemente nadie le enseñó a contener, a proteger, más que desde el lugar de la presencia. A mí me tocó un poco estar ahí pero sin una actitud consciente, simplemente la presencia, y a lo mejor ser un poco el que mediaba entre los impulsos de Lucía, el llanto de mamá, la angustia y las culpas de papá. A lo mejor con esa presencia mía ahí, tratando de calmar la situación, puede ser que haya ocupado ese sitio.

Galán: —Él era un padre maravilloso, con un sentido del humor fantástico. Un padre que íbamos al Centro Asturiano en tren él y yo cantando todo el viaje. Estaba enfermo, simplemente, y no pudo manejarlo. Con todo el dolor que llevaba encima de vernos sufrir, de escucharnos muchas veces pedirle por favor que dejara. Fue más grande su adicción que todo lo que él quiso luchar.

—En Pimpinela, Lucía se convierte en una especie heroína contra el machismo.

Lucía: —Sí, en los 80 no era algo muy habitual el personaje de una mujer que pusiera punto final a las mentiras, al engaño, a las infidelidades y se plantara frente a un hombre y le dijera todo lo que quería decirle. Las mujeres automáticamente se identificaron con ese personaje que yo hacía y que hago, y los hombres se reían y miraban para otro lado, como haciéndose los desentendidos.

—Contás en el libro una experiencia de abuso y maltrato psicológico con un productor que era tu pareja.

Lucía: —Sí, con los años aprendés de todas las experiencias. Uno tiene que tratar de guardar las buenas en el cajón del crecimiento, para junto con las no buenas tratar de no repetir historias. Uno a veces se deja embaucar por determinada gente porque esta débil en ese momento y te atrae lo enfermo o la cosa oscura. Por supuesto que de todas las experiencias se aprende, y yo aprendí. Soy lo que soy gracias a todo eso que me tocó vivir.

—Y pudiste pedir ayuda cuando hizo falta pedirla. ¿Qué pasa con el hermano protector cuando le tocan a la hermana?

Joaquín: —Eso fue al principio de la carrera, el primer año, nos tocó un productor un poco extraño. Yo desconocía la relación de Lucía y después, cuando nos lo comentó a nuestro manager y a mí, fuimos a visitarlo para que se aleje de nuestro entorno.

—A visitarlo…

Joaquín: —Sí, a visitarlo, nada más (risas). Para que se aleje. Y siempre fue una constante el dúo: Lucía y yo como personas, primero. La familia Galán y todo el entorno de Pimpinela siempre, de manera directa o indirecta, expulsó a personajes siniestros que, imaginate en 35 años de dar vueltas por medio mundo, tratan de meterse en el entorno.

—Él era un psicópata, directamente. Pero, ¿después han aparecido muchos chantas en el camino?

Joaquín: —Aparecen chantas. ¿Viste cuando vos tenés el mosquitero? Un filtro pero que casi no se ve. Entonces, no llegaban a nosotros en forma directa. Pero cuando encontramos alguna adulación, algún chupamedias exagerado, ya sea trabajando o no, nuestra reacción no es derretirnos por el elogio sino mirarnos y decir: "Hummmm, fuera". Es natural, no es que seamos desconfiados.

“La carrera estuvo plagada de momentos de mucha felicidad” dice Joaquín Galán que nunca dudo de “Pimpinela”
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—¿En qué momento no se soportan? Porque finalmente no dejan de ser hermanos, y todos los hermanos en algún momento no nos soportamos.

Lucía: —Fluctúa bastante, va y viene (risas). Por ahí, hartarnos o decir: "Uff, me voy a mi cuarto (cuando estamos de gira) o no bajo a comer, me quedo acá". Pero es por un tema de sanidad también. Él es bastante impuntual. Son estupideces, pero en medio de una gira, con el cansancio y con ochocientos millones de entrevistas, estar conviviendo con una persona impuntual, que por ahí yo me levanto para estar a las ocho en punto y él todavía no está…

Joaquín: —¿A las 8 de qué? Perdón (risas), ¿8 de la mañana?

Lucía: —No, una hora determinada, no sé.

—Vos sos el impuntual. ¿Y ella?

Joaquín: —La impulsiva, sí (risas). Primero dice no, y después piensa.

Lucía: —No, no, no.

Joaquín: —¿Ves? Primero decís no y…

Lucía: —No, no, no digo no.

Joaquín: —Yo trato de tomarme las cosas con calma.

Lucía: —Ser impuntual no es ser calmo.

Joaquín: —Ella es muy ansiosa. Yo soy canceriano y soy lo opuesto a un géminis, porque además géminis son dos personas: un día te levantás y hablás con una, y otro día, es otra.

Lucía: —Eso es una ventaja: no estás siempre con el mismo canceriano todos los días.

Joaquín: —Lo que más valoro es la inteligencia que tuvimos en determinado momento para buscar apoyo. Cuando conocimos hace muchos años a Les Luthiers nos comentaron de su terapia de grupo, y nos pareció genial la idea. Hace diez o doce años lo hicimos, por un par de años, y funcionó muy bien.

Lucía: —Era una terapia profesional, no como puede ser terapia de pareja. Un terapeuta para hablar temas de relación de dos socios. Con el agregado de que somos hermanos y todo se mezcla: ¿quién te dice tal cosa, tu hermano o tu socio? A veces lo llevamos bastante bien, y a veces no. Hubo que tener un interlocutor para que funcione de juez o de mediador.

“¿Con pelea o sin pelea?” es la pregunta obligada al final de cada Show de Pimpinela, y la respuesta unánime es “Con pelea”
“¿Con pelea o sin pelea?” es la pregunta obligada al final de cada Show de Pimpinela, y la respuesta unánime es “Con pelea”

—¿Cuál fue el período más largo que pasaron sin hablarse?

Joaquín: —A veces hay días que nos toca justo el día de show (risas). Las canciones de peleas salen geniales. Pero de tiempo, nada; menos de una semana.

Lucía: —Una semana hubiera sido imposible, porque por trabajo o por algo teníamos que hablar. Lo que pasa es que cambia el tono.

—Lucía, dentro de la división de las tareas de la sociedad le pusiste muchísimo el cuerpo al Hogar. ¿Cuatrocientos chicos pasaron en estos veinte años?

Lucía: —Unos quinientos más o menos, sí.

—Qué fuerte.

Lucía: —Sí, muy fuerte y permanentemente. La semana pasada habían pedido una vacante para un chiquito con madre adicta y padre abusador. Y se ve que se enteraron que iban a sacárselo, entonces el padre lo raptó y se lo llevó. Situaciones muy desagradables. Lamentablemente los va a buscar un patrullero a los chicos. Eso es algo que hay que modificar porque son situaciones traumáticas, innecesarias… De golpe llega un patrullero y lo sacan a la fuerza de los brazos de la madre, que bien o mal, para él es su madre. El trabajo es tremendo en el Hogar porque llega gritando, sucio. Tenés que revertir esa información que tiene, explicarle que eso no es lo bueno, que esa no es la realidad y que hay otra posibilidad en su vida. Así fueron los veinte años, 21 del Hogar.

—¿Y cómo haces para que no se te estruje el alma cada vez?

Lucía: —Se te estruja el alma porque es imposible. Te duele el corazón cuando empiezan: "Ay, yo quiero una familia". O cuando se va uno del Hogar y los otros quedan resentidos y mal por un tiempo. Es así.

—Que fuerza que tiene, ¿no?

Joaquín: —Sí. Lleva adelante el emprendimiento de una manera increíble, a veces en contra de su salud también. Es una vocación que estuvo desde chica, lo pusimos en marcha, y ella decidió hacerse cargo de eso.

La clave del éxito de “Pimpinela” se apoya en la unión de ambas vocaciones, la composición en manos de Joaquín y el perfil actoral de Lucia.
La clave del éxito de “Pimpinela” se apoya en la unión de ambas vocaciones, la composición en manos de Joaquín y el perfil actoral de Lucia.

—Para terminar, ya que me dijeron qué les molesta del otro, ¿en qué se admiran?

Lucía: —Admiro de mi hermano la perseverancia. Está atrás de todo lo que es Pimpinela, en la parte que no se ve pero que es la más importante: la producción, el managment, el armado de las giras. Por más que tengas talento, si no tenés alguien al lado que te abre las puertas y te marca el camino, es imposible… Su capacidad para componer, para comunicarse con la gente.

—¿De Lucía?

Joaquín: —En lo personal, lo familiera que es, y en lo profesional, su enorme ductilidad interpretativa. Cuando estoy haciendo un tema o grabándolo a veces que nos peleamos en el estudio porque ella larga todo. Tiene un alma enorme y una gran capacidad de interpretación, entonces busco que salga como yo siento que ella lo puede sentir, no hacer. Vocalmente es espectacular y ahí sí es donde me siento capaz, y ella a veces es un poco impaciente. Cuando se enoja y hace una versión más para decir: "No me hinches más". Después de 35 años yo me sigo emocionando al escucharla. Admiro mucho eso.

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Agradecimiento: Peinado y Maquillaje, Sofía Diez

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