
El teléfono suena a la hora acordada e Iván de Pineda atiende al instante. Está contento y se le nota: su primera palabra es un chiste sobre el anuncio de grabación de la llamada que tiene con Teleshow. Desde el miércoles 4 de noviembre, Pasapalabra, el programa que conduce, vuelve al prime time de Telefe, todos los días, después de un período en el que el ciclo se había corrido a los viernes y los fines de semana. El regreso no es un dato menor: con 11 temporadas, 1.329 programas emitidos y un promedio histórico de 42,43% de share, consolida una trayectoria sin parangón en el entretenimiento televisivo argentino.
De Pineda conduce el ciclo desde su primera emisión, el 21 de enero de 2016, primero en El Trece y desde marzo de 2021 en Telefe. El conductor habla de esos números con cierta distancia: los celebra, pero no los convierte en el centro de nada.
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—¿Qué significa para vos que el programa vuelva a una franja central?
—Es espectacular. El formato permite una flexibilidad enorme a la hora de la programación. Volver a acompañar y acompañarnos con toda la gente que ve el programa durante todos los días es lindísimo.
—El programa tiene once temporadas, más de 1.300 emisiones. ¿Cómo explicás esa vigencia?
—Siempre decimos con el equipo de producción y acá en el canal que, más allá de un producto televisivo, Pasapalabra es una manera de compartir cosas que tienen que ver con lo lúdico, con divertirse, con jugar en tiempo real con lo que sucede en la pantalla. No importa dónde lo estás viendo. De compartir un buen momento, de pasarla bien, de aprender algún dato. Y genuinamente, vuelvo al principio, pasarla bien, que está muy bueno eso.
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—Una de las características del ciclo es que convoca a públicos de distintas generaciones.
—Es una de las cosas más lindas que tiene. Esta cosa intergeneracional, de que chicos en edades muy tempranas hasta gente que está en las antípodas de esas edades se divierten, juegan, la pasan bien, aprovechan el programa para relajar la mente, para reírse, para conocer a los famosos que muy generosamente vienen a jugar y a acompañar a la gente. Nos han mandado videos de gente de muchas ciudades diferentes jugando al rosco, para divertirse en familia, para situaciones académicas, inclusive para ayudar a trabajar la agilidad mental. Eso nos llena de mucho orgullo. Y lo que ha sucedido con el nombre también: de repente no te acordás de algo y decís “pasapalabra”.
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—¿Te involucrás en la producción, en el armado de las preguntas?
—Me gusta estar al tanto de lo que sucede, pero confío en la producción plenamente. Me parece que realizan una tarea notable y está buenísimo saber ocupar los lugares que a cada uno le corresponden. No haciéndolo no estaría haciendo bien ni una cosa ni la otra. O estaría tratando de cubrir roles que no son los que tengo que cubrir dentro de todo el engranaje del programa.
—¿La tecnología, la inteligencia artificial, tiene incidencia en el armado del programa?
—Los avances tecnológicos ayudan, sí, por supuesto. Pero hay mucho trabajo manual y personal humano en el programa. El 75% de los juegos que utilizamos son de confección de la producción argentina, y muchos de esos juegos después se usan en el formato afuera o se venden a otros países. Así como hay muchos que los vemos al aire, hay un montón que se han creado, probado y no han funcionado. Esto es continuo, porque tiene que haber una evolución dentro de lo lúdico.
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—Además de Pasapalabra, condujiste Desafío Atenea en OLGA, con estudiantes universitarios. ¿Va a haber una segunda temporada?
—Sí, ya estamos trabajando en esa segunda temporada. Fue muy gratificante lo que sucedió con la primera edición. La reacción del cuerpo estudiantil universitario fue espectacular: se anotaron más de 3.000 equipos de todo el país, de más de 60 universidades públicas y privadas, de todas las provincias de Argentina. Y todo concluyó en la final, en el Teatro Coliseo. No solo conocimiento, sino la inquietud, la curiosidad y las ganas. Eso es lo que me parece más importante, más allá de saber o no saber: el camino, las ganas de aprender. En lo que te guste. No importa. Te gusta el aeromodelismo, la mecánica, la música: meterle con todo.
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—¿Encontraste diferencias entre conducir en televisión abierta y en streaming?
—Lo más importante es ponerle el mismo énfasis y la misma responsabilidad a todas las cosas, no importa la plataforma en la que estás desarrollando el producto. El proceso de creación para Pasapalabra es el mismo desde el día uno hasta hoy, con la misma frescura, con la misma buena onda. La pasamos bien, nos divertimos. Y esto no sería posible sin la parte coral del programa: no funcionaría de la manera que funciona si no tuviésemos las amigas y los amigos que vienen a acompañarnos, muy generosamente, a divertirse y a desafiarse.
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—Este año condujiste Iván de viaje con el Mundial de fútbol como columna vertebral. ¿Seguís con los programas de viajes?
—Sí. Con la particularidad de lo que sucedió con el Mundial en Estados Unidos, Canadá y México, que atravesó el año con todo, sobre todo la participación y la performance de la Selección Nacional. Me tocó estar un poquito adelantado, ir mostrando los lugares donde se iban a jugar los partidos. El año que viene hay ideas, hay cosas. Todavía estamos viendo cómo compaginamos el tema de viajes y grabaciones, que a veces es complejo.
—Tus programas de viajes te llevaron a recorrer muchos países. ¿Qué destino o experiencia modificó tu manera de entender la Argentina?
—Todo te va sumando. Siempre lo digo: una de las cosas más lindas de viajar, por lo menos para mí, es que después me toca volver. Y eso me encanta, porque esa vuelta significa estar conectado con todo lo que uno tiene y quiere. El viajar y conocer un montón de cosas te hace apreciar un montón de cosas tuyas. Me parece que es parte del viaje continuo, no solo como profesional sino también como persona.
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—Compartís aspectos de tu vida cotidiana, tu relación con Luz Barrantes, pero sin convertirlos en materia de los programas de espectáculos. ¿Cómo encontraste ese equilibrio, ese cuidado?
—No sé si es un cuidado. Es una manera que tengo, no sé cómo explicarlo: para mí es la naturalidad. Siempre fui de esta manera. No me planteo las cosas en esos lugares. No trato de ponerle rótulos a las cosas. Es como muy natural, no sé. Nunca me lo planteé.
—¿Extrañás tu etapa de modelo?
—Sigo conectado con eso. Lo que más me ha dado, siempre lo dije, no solo fueron satisfacciones profesionales sino también personales. Me dio muchas oportunidades, viajé por todo el mundo, me dio la oportunidad de interactuar y conocer gente muy talentosa. Es algo que de alguna manera te acompaña toda la vida.
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