En diálogo con Teleshow desde España, Maribel Verdú habló sobre su primera incursión plena en el género de terror, el trabajo físico y emocional que le demandó el personaje y la experiencia de rodar con el director argentino Cristian Barnard, que llevaba trece años desarrollando este proyecto y llegó al set con un storyboard de 4.000 dibujos.
La actriz española volvió a ponerse al frente de una historia intensa con Bajo tus pies, que se estrena en Argentina el 10 de septiembre. En el film, Verdú interpreta a Isabel, una madre separada que se muda con sus dos hijos a un departamento económico en Bilbao y, a partir de ese momento, queda atrapada en una espiral de tensión, insomnio y miedo.
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Con Sofía Otero en el elenco, la película apuesta a un terror psicológico apoyado en la atmósfera, el desgaste emocional y el miedo cotidiano. La historia explora la amenaza latente dentro del espacio doméstico y convierte en pesadilla elementos tan reconocibles como los vecinos, los ruidos nocturnos y la imposibilidad de descansar.

—Con Bajo tus pies te metés de lleno por primera vez en el terror. ¿Qué te sorprendió de ese universo y qué te hizo aceptar el proyecto?
—Me sorprendió el nivel de rigor técnico y físico que exige. En el terror no puedes improvisar el tempo: una mirada sostenida un segundo de más o una respiración fuera de lugar arruinan la tensión. Dije que sí porque el terror psicológico me atrae como espectadora y sentí que era un territorio en el que todavía no me había puesto a prueba de verdad. El guion me atrapó de inmediato; no era un terror efectista, era una pesadilla humana y asfixiante.
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—¿Qué viste en Isabel que te atrapó desde la primera lectura?
—Su fragilidad inicial y cómo esa vulnerabilidad se convierte en una bomba de relojería. Isabel es una mujer común que solo busca un nuevo comienzo, proteger a los suyos y reconstruirse. No es una heroína clásica, sino alguien a quien las circunstancias, el aislamiento y la impotencia van empujando hacia un abismo moral y emocional tremendo.
—Tu personaje empieza buscando una vida nueva y termina completamente desbordado. ¿Cómo construiste esa caída?
—Fue un trabajo milimétrico y muy progresivo. Hablamos mucho con Cristian (Bernard) de evitar que la locura apareciera de golpe; tenía que ser un goteo. La clave estuvo en el cuerpo: el cansancio acumulado, el deterioro físico, cómo la mirada va perdiendo luz y la postura se vuelve más tensa y errática. Trabajamos la paranoia desde la pura falta de sueño, que es algo que altera profundamente la química y la mente de cualquiera.
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—¿Hubo alguna escena que te dejara especialmente al límite durante el rodaje?
—Las secuencias del tramo final fueron agotadoras, tanto a nivel físico como emocional. Hay momentos donde Isabel está completamente desbordada, al límite del colapso, y mantener esa intensidad toma tras toma te deja exhausta. Terminas el día muy cansada, pero ver el resultado en pantalla compensa todo ese esfuerzo.

—Acá el terror no viene de monstruos, sino de algo tan cercano como los vecinos y la falta de sueño. Eso lo vuelve más perturbador...
—Absolutamente. Los monstruos o lo sobrenatural te permiten poner cierta distancia como espectador, pero una comunidad de vecinos hostil, los ruidos en mitad de la noche y el insomnio son cosas que todos conocemos. Saber que tu propia casa —el único lugar donde deberías sentirte a salvo— se convierte en una trampa es aterradoramente real.
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—¿Alguna vez viviste algo con vecinos que pudiera haber terminado en una historia de terror?
—Por suerte, nada a los niveles extremos de la película, ¡si no, me habría mudado al segundo día! Pero sí que he tenido alguna época de obras interminables o vecinos con hábitos nocturnos complicados que te hacen entender perfectamente cómo la falta de descanso te puede llegar a desquiciar y alterar el carácter por completo.

—Cristian Bernard llegó al rodaje con un storyboard de 4.000 dibujos y trece años de trabajo encima. ¿Cómo fue ponerse en manos de un director que tenía todo tan pensado?
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—Fue una delicia y una tranquilidad absoluta. Cuando un director tiene las cosas tan claras en la cabeza y en el papel, te da una red de seguridad enorme para tirarte al vacío como actriz. Sabías exactamente qué encuadre buscaba, qué ritmo necesitaba cada plano y por qué cada elemento estaba en su sitio. Esa obsesión sana y esa pasión que traía después de tantos años empujando el proyecto eran tremendamente contagiosas.
—¿Qué te interesó de esa mirada?
—Es el tipo de cine que a mí me interesa. El susto fácil dura un segundo y se olvida; la atmósfera que construye Cristian se te mete debajo de la piel y no te suelta. Trabaja el fuera de campo, el sonido y la incomodidad de una manera muy inteligente. Logra que el espectador sienta la misma claustrofobia y la misma desesperación que está viviendo Isabel.
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—Cristian llegó a decir que sos “la mejor actriz de cine del universo”. ¿Cómo recibís un elogio así?
—Es un piropo desmesurado y muy generoso que solo puede venir del cariño y de la intensidad con la que vivimos este rodaje. Cristian es pura pasión, y que alguien que ha dedicado más de una década a una historia confíe en ti para encarnarla y termine tan feliz con el trabajo es el mayor premio que te puedes llevar.

—¿Qué fue lo que más te sacó de tu zona de confort en este trabajo?
—Me pidió transitar zonas muy oscuras y viscerales, sin miedo a perder el control ni a verme rota o desagradable en pantalla. Cristian me empujó a habitar el silencio y la desesperación desde un lugar muy crudo, despojándome de cualquier truco o recurso seguro. Me exigió una entrega absoluta al caos interno de Isabel, y ese riesgo fue precisamente lo más enriquecedor.
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Con una figura del peso de Maribel Verdú al frente, Bajo tus pies se perfila como una de las apuestas más inquietantes dentro del terror psicológico en habla hispana. Entre vecinos hostiles, noches sin descanso y una tensión que no da tregua, la película propone una pesadilla íntima con una protagonista llevada al límite.
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