Silvina Chediek es una mujer apasionada por la palabra, por los sonidos, por las historias. En una charla con Teleshow, la periodista se remonta a octubre de 1997, cuando nació Letra y Música, un programa de televisión en el que el código eran la palabra y las melodías.
Pablo, su único hijo, acababa de nacer. Silvina tomó licencia y pausó los proyectos que la traían del Canal de la Mujer junto a Gerardo Rozín. En ese estudio, la irrupción de Raúl Becerra—ex La noticia rebelde—marcó el punto de quiebre: trajo consigo a un joven que nadie conocía, pero cuya creatividad desbordaba. Gracias a él, Silvina condujo dos programas que romperían la rutina: “Confesiones al oído”, un confesionario en plena televisión, que puso a prueba incluso a los propios curas invitados. Ese espacio no era una escenografía: era el set, el límite, el riesgo. Todo mientras su panza crecía al ritmo de un programa que no buscaba el golpe bajo, sino la pregunta inesperada.

El segundo programa, una idea que parecía simple y desarmaba certezas: dos personas conocidas, sentadas a cada lado de una Silvina embarazada, cruzando deseos de conocer a alguien a quien nunca habían visto. El título, “El gusto es mío”.
La música y las historias se cruzarían de nuevo en el próximo proyecto: “Letra y Música”, junto a Esteban Morgado. No fue la nostalgia lo que movía a Silvina Chediek; era la devoción por ese instante en que una anécdota se vuelve irrepetible en voz ajena. Y aún lo es.

“Era tan tracción a sangre, de verdad, que ahora es como si te dijeran que sería simple hacerlo. Con Esteban siempre todo es fácil, esa es la verdad”, expresa Silvina Chediek a Teleshow, al repasar la historia de “Letra y Música”, el ciclo que creó a fines de los 90 y que vuelve como espectáculo teatral y musical.
—¿Cómo surgió el formato de entrevistar a partir de recuerdos musicales?
—Ya quería entrevistar de una forma original. Y pensé: la música y los olores te transportan a lugares, a momentos, a personas. Todavía los japoneses no inventaron cómo es que vos huelas a pan cuando alguien cocina un pan, pero la música sí. Entonces digo, una linda manera de entrevistar es a partir de los recuerdos musicales de la gente. Así surgió el programa, que lo hago los primeros dos meses con Vane Mianovich en piano. En ese momento, una autoridad, del Canal de la Mujer dice: “Este programa era para el verano nada más”. En ese momento la productora periodística Martha Merkin se enoja con esta decisión y va y pelea por el programa, pero le dicen: “No, pero van a cambiar de estudio, no va a poder haber un piano”. Bueno, está bien con guitarra, dijo Marta. Yo no le tenía tanta fe al tema de la guitarra. Pero ella me dice: “Esteban Morgado”. Yo lo había conocido a Esteban porque en programas míos variopintos del cable, había venido a acompañar en un momento a Adriana Varela, y con otros cantantes. Y yo digo: “Bueno, probemos”.
—¿Qué recordás del primer programa grabado con Esteban Morgado?
—Empezamos a grabar en los estudios de Crónica TV para el Canal de la Mujer. El primer invitado era el Ruso Verea, amante de la música heavy, entonces con más razón dijimos: Metallica, por ejemplo, y justo no andaba la compactera. No había de otra manera de bajar música, era 1998. Entonces nos miramos y dijimos: bueno, ¿nos animamos a hacerlo sin? Y salió tan bien uno que era muy, muy, difícil, por el tipo de música, que dijimos de ahora en adelante música solo tocada por Esteban.

—¿Qué pasó después...
—Se vende el Canal de la Mujer...y nos quedamos sin trabajo. Golpeamos la puerta de Canal A y nos dicen también: “Bueno, probemos”. Y se volvió un clásico. Se hizo durante muchos años y durante otros muchos se repitió cuatro veces por día. De esa manera, terminó quedando en el inconsciente colectivo de una época.
—¿Cómo fue la transición de “Letra y Música” de la televisión al espectáculo en vivo?
—Empezamos a hacer el show en situaciones sueltas. Hasta que mi hermano mayor, Mariano, iba mucho a Clásica y Moderna. Un día manifiesta ahí que tendríamos que ir con Esteban a hacer Letra y música. Alguien le dice: “Bueno, probemos”. Hicimos dos temporadas enteras de todos los sábados, 2014-2015.
—¿Cómo era el formato del show en Clásica y Moderna?
—No era una entrevista. En el show todo empieza a convertirse en un gran cancionero, un repertorio, lo que nosotros cantábamos en nuestras infancias, adolescencia, y todos los temas, resuena en el público.

—¿Qué tipo de contrataciones tuvieron para el show?
—Te puedo decir dos extremos. Nos contrataran para una reunión empresarial para 800 personas, hasta para un fogón de doce. Terminaban de comer, los invitaban a una salita y ahí estamos nosotros. Ni hablar cumpleaños, aniversarios, de todo.
—¿Cómo se adaptan a distintos públicos y contextos?
—Vos te tenés que adaptar. Por ejemplo, cuando era el de las ochocientas personas, que eran empleados que recibían medallas por la cantidad de años trabajados, lo preparábamos. ¿Qué sonaba el día que fue a trabajar el señor que cumple veinticinco años en la empresa? Somos muy flexibles, y nos gusta armar los eventos.
—¿Y para el próximo show en La Carbonera, con qué van a sorprender?
—En esta presentación que vamos a hacer, vamos a renovarlo, pero mi infancia no cambió, mi adolescencia tampoco. Eso está bueno. Tenemos nuestro propio relato de cómo fue empezar cuando no había nada de lo que hay ahora tecnológicamente y cómo es ahora, cómo algunas palabras no existían y ahora existen, los tengo a todas anotaditas. Tenemos una historia para contar desde que empezamos hasta ahora.

—¿Cómo manejan los pedidos del público y la participación?
—El público empieza a pedir. Yo por ahí rompo el hielo con Manuelita de María Elena Walsh, porque si hiciéramos una estadística, el noventa y dos por ciento de los invitados tenían como un primer recuerdo asociado a esa canción. En un momento yo digo que cantar es un derecho... entonces pregunto a quién echaron de un coro y levantan la mano un montón de gente. Algunas cosas las hacemos un día y otro día no, porque nos acordamos o no nos acordábamos. A veces cantamos el himno a Domingo Faustino Sarmiento, a los gritos, (risas).

—¿Se puede mencionar el primer invitado para el show?
—En este va a cantar, estoy casi cien por ciento segura, Julia Morgado, que es la hija mayor de Esteban, que canta como una Diosa. En realidad, toda esa familia es de excelencia musical. Siempre tenemos muy buenos cantantes, amigos, que también siempre nos acompañan.
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