
Fabio Alberti es sinónimo de humor argentino y un referente indiscutido para varias generaciones. Sus personajes de Cha Cha Cha y Todo x 2 pesos trascendieron la pantalla y, aún hoy, Boluda Total y el inolvidable Peperino Pómoro siguen arrancando carcajadas a quienes los cruzan en la televisión o en videos virales de TikTok. Tras su histórica presentación en el Movistar Arena junto a Alfredo Casero hace apenas tres meses, el actor vuelve a apostar fuerte: prepara el regreso de su icónico personaje con un espectáculo teatral propio, una apuesta que anticipó en exclusiva con Teleshow.
Aunque el principal legado de Alberti es la risa que provocó en el público, su trabajo también dejó huella en la sociedad, especialmente por el segmento “Todos juntos en capilla” que solía cerrar cada emisión. Allí, el actor se ponía en la piel de un párroco que narraba las peripecias del mártir Peperino Pómoro, un sketch que alcanzó tal repercusión que generó reacciones de diferentes asociaciones, quienes no dudaron en enviar cartas y reclamos a canales y anunciantes pidiendo su levantamiento. Ahora, el humorista trae de vuelta ese universo con “La Apocalipsis Existe”, una propuesta completamente renovada que desembarcará el 12 de abril en el Teatro Picadero, todos los domingos de abril a las 22, bajo la producción de Giuliano Bacchi. Así marca el regreso de uno de los personajes más emblemáticos de la televisión argentina, pero esta vez en las tablas.
Esta vez, Alberti apuesta a reinventar ese universo absurdo y satírico, llevando a las tablas no sólo al legendario cura sino también a figuras como Beto Tony y su Muñeco, el Ángel de Britos, María Magdalena Ruíz Guiñazú y el carismático Sorobongo, líder de la Iglesia Maryland. El espectáculo promete un viaje por la faceta más audaz y desopilante de Alberti, mezclando nostalgia y novedad para sorprender tanto a quienes lo siguen desde siempre como a nuevas generaciones que lo descubren en el teatro.

—Volvés al teatro con Peperino Pómoro, un personaje icónico para varias generaciones. ¿Cómo surgió la idea de este show y por qué ahora?
—Después de estos 14 meses haciendo Cha Cha Cha, que terminamos en el Movistar Arena, la gente celebraba mucho a Peperino, sentí la vigencia y el cariño que tiene el personaje. Giuliano Bach, el productor, quedó muy conforme conmigo y me propuso producir un espectáculo. Decidí tomar el envión. Peperino es la excusa, pero son cinco personajes en total. Obviamente, está el cura, pero también Beto Tony (de Todo por dos pesos), el niño cantor, el Ángel de Britos, María Magdalena Ruíz Guiñazú y el Sorobongo líder Supremo Maryland de la Iglesia Peperianal.
Me acompaña en escena Rolo Biondo, que participa en algunos números. El nombre, “La apocalipsis existe”, porque al final el cura se va a la mierda, vive el apocalipsis. Y le pusimos así porque siempre me gustó más así, inspirado en Violeta Lo Re.
—¿Qué cambia para vos cuando tus personajes pasan de la televisión al teatro?
—El cariño en la calle. En la tele, sobre todo cuando empecé, nadie nos veía, yo veía la lucecita roja y hacía lo mío, nunca fui consciente de lo que generaba. Pero en el teatro recibís el cariño directo de la gente. Muchos años después te llegan mensajes hermosos: “Gracias, porque este personaje hacía sonreír a mi papá en el hospital, lo grabábamos en VHS y nos juntábamos a verlo”. Eso no lo ves cuando grabás la tele. Con el tiempo aprendí a recibir ese cariño. Antes pensaba “no me lo merezco”, ahora digo: “Si te hizo bien, buenísimo, haceme un mimo”.

—Durante la pandemia, muchos de tus personajes y sketches se viralizaron en redes, incluso en TikTok y WhatsApp. ¿Cómo vivís este revival de tu humor?
—No sé si es por el revival de los noventa, pero sí, se viralizó un montón. Recibo stickers, memes, videos de Peperino, Manuk y otros personajes. Está buenísimo que el humor se siga compartiendo de esa manera.
—¿Cómo nació el personaje de Peperino? ¿Hubo alguna inspiración concreta?
—Sí, en esa época existía el cierre de transmisión de la tele. Había un cura en Canal Nueve que lo hacía. Yo lo miraba mucho, igual que El mundo de Ante Garmaz. Surgió la idea de hacer un cura que habla y no dice nada, te capta la atención un minuto y medio y cuando termina no sabés qué te dijo. Pero no cambiás de canal. Ese era el objetivo.
—¿Alguna vez te intentaron censurar con este personaje?
—Sí, fue censurado, pero no por la Iglesia sino por la Fundación Argentina del Mañana. Presionaron a los auspiciantes y tuvimos que levantar el segmento un mes. Cuando volvió, le cambié detalles: ponía una playa en vez de una imagen religiosa, le saqué el cleriman. Pero los seminaristas y estudiantes de Teología me decían: “Mi profesor es igual a vos”. Se cag...n de risa. Es un personaje naif, no ofensivo. Pero siempre hay alguien más papista que el papa. Hasta llamé a quienes mandaban cartas para quejarse y la mayoría ni había visto el sketch.
—¿Te sorprendió que la gente te pidiera casamientos como Peperino?
—Tengo como 20 bodas hechas. Me llaman para que los case en fiestas distintas, no en la iglesia. Aparezco 15 minutos y hago un discurso. Al principio algunos piensan que soy un cura real, después se dan cuenta de que es humor. Es divertido.
—En el Movistar Arena, te comprometiste con tu pareja. ¿Cómo viviste ese momento?
—Llevamos dos años. Yo lo tenía pensado y nadie sabía. Ni yo sabía. Me animé y le propuse matrimonio. Fue raro porque no sabía dónde estaba sentada, me buscó, yo no sabía qué hacer. Ella es tímida y al final quedó sola en el pasillo, pero salió bien.
—¿Hay planes de boda o de celebrar en el teatro?
—Vamos a ver, capaz en el estreno hago otra propuesta. En cada función una diferente, que no sepa cuándo va a ser. Me gusta esa idea.

—¿Cómo es tu vida en Uruguay y el restaurante que abriste allí?
—Hace unos años vivo en Uruguay, en Edén, y tengo un restaurante a puertas cerradas en mi casa, se llama Choto. Es muy informal, la gente reserva, viene a mi casa, cocino, me gusta ser anfitrión. Es algo que disfruto mucho.
—¿Cómo manejás el equilibrio entre el teatro y tu vida en Uruguay?
—Está buenísimo. Hice mucho, viajé un montón. Estuve 14 meses viajando con Cha Cha Cha y quería dedicarme más al restaurante y descansar en casa por unos meses, por eso no me uní a la temporada teatral en Mar del Plata.
—¿Cómo te preparás para el nuevo show, con tantos personajes y textos?
—Estoy todos los días pasando letra, hago videollamadas con Rolo para los sketches. Hay 23 tracks de sonido y video, es mucho para ajustar. También grabé locuciones con un amigo locutor, Maxi Tissot, con quien hacemos un proyecto musical llamado Dúo Paraqueledén. Es mucho trabajo, pero me entusiasma. Cada día se me ocurren cosas nuevas.
—¿Qué te gustaría que se lleve el público después de verte en el escenario?
—La estampita de Peperino. Que la pongan en la billetera, protege. Vos andá por el conurbano, donde sea, y con la estampita no te va a pasar nada.
—¿Qué expectativas tenés para el futuro del show?
—La idea es recorrer el país, viernes y sábados en provincias, domingos en Capital. Ojalá podamos ir a España, como hicimos con Cha Cha Cha. Espero que funcione y que la gente lo disfrute tanto como yo.
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