Luego de 24 horas de máxima tensión, Mabel, la mamá de la Bandana Lourdes Fernández, atraviesa un momento de calma. O al menos eso transmite. A partir de una denuncia suya que tomó estado público, su hija fue encontrada luego de doce horas de angustia en las que estuvo secuestrada en el departamento de su novio Leandro García Gómez. Claro que para ella el calvario llevaba mucho más tiempo, desde que notó el maltrato físico y psicológico al que era sometida la cantante. Pero un día dijo basta y se puso al frente de una cruzada contra todo y contra todos, sin importarle las consecuencias. Aunque estas fueran el enojo de su hija con ella y su familia.
Mabel recibió a la periodista Andrea Taboada en un móvil para Intrusos (América) en su casa de Hurlingham. El mismo lugar, hoy reformado, donde creció Lourdes y donde vivía hasta que se mudó con su pareja. Desde que hizo la denuncia, sintió que la distancia con su hija se iba a hacer casi insalvable porque quizás no la perdone nunca. Pero no le importó. Recién cuando supo que Lourdes estaba a salvo y contenida por sus amigas y García Gómez en la alcaldía e imputado, se animó a hablar. Y puso en palabras el dramático itinerario que transitó en silencio y que explotó en la mañana del jueves 23 de octubre, cuando el país buscó el paradero de su hija casi en cadena nacional.
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“Esto empieza en enero, cuando ella postea que le pide perdón a él. Me agarró un ataque, y por cómo venían las causas anteriores, fui a una fiscalía en Cabildo a averiguar, y me entero de que hay una denuncia de violencia de una vecina”, contó Mabel. Esto provocó un enojo con Lourdes: “Le digo, ‘le estás pidiendo perdón’, y medio que nos dejamos de hablar, porque no quería saber nada”.
Pasó el tiempo hasta que se acercó una fecha clave en el calendario: el cumpleaños de Mabel, el 3 de octubre, que se iba a celebrar el 4. “Le mandé la invitación y me dijo que iba a venir, pero no llegó bien”, recordó. “Se quejaba de un dolor de costilla, dijo que se cayó de la escalera, pero yo le vi unas manchas en la cara, y también lo notó mi hija Anita”.
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Mabel es médica y su ojo entrenado sabía que el comportamiento de su hija no se correspondía con lo que le contaba su hija. Enseguida iba a probar su instinto materno cuando ella faltó a la cita del Día de la Madre, que coincidía con el cumpleaños de García Gómez. Cuando recibió un mensaje el martes 21, la voz de Lourdes no podía articular palabra. Mabel hacía dos o tres días que no podía dormir bien. Y supo que tenía que hacer algo.
Luego de hablar con su abogado, el miércoles 22 Mabel presentó la denuncia formal en la Comisaría Vecinal 14 B de Palermo. El jueves a la noche, y luego de 12 horas, su hija fue liberada y derivada al Hospital Fernández, mientras García Gómez quedaba detenido imputado por privación ilegítima de la libertad. Mabel fue directo al nosocomio, aun sabiendo que quizás Lourdes no iba a querer verla. Ya no importaba: “Entendí perfectamente la situación. Ella dejó muy en claro que no me quería ni ver, pero si no la tengo que ver por tres años y ella está bien, no me importa”.
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El camino del horror
“Las cosas venían muy mal desde hacía tiempo, pero yo me entero cuando ella se separa por primera vez y me cuenta todo lo que estaba pasando. Por eso mi sorpresa cuando decidieron volver, y después en diciembre de 2022, justo el día de la mujer golpeada, casi como un chiste eso, pasó lo que pasó”, recapituló Mabel respecto a la denuncia de Lourdes a su novio. “Es muy difícil acompañar este tipo de cosas. Uno puede apoyar, comprender, nunca justificar. Y me considero muy perseverante pero también muy obstinada”.
Mabel contó que después de la última separación y posterior reconciliación, García Gómez la bloqueó de sus contactos y ya no habló más. Hasta entonces, tenía un trato cordial. “Venía a comer y estaba todo bien, era amoroso, educado, la tenía como una reina al principio”, evocó. Las primeras alarmas sonaron en la pandemia, cuando ella, como profesional de la salud, tenía permiso para circular libremente. Le ofreció a Lourdes pasar a visitarla por si precisaba algo y ella se negó, alegando que tenía Covid. “Después ella me reconoció que él la había golpeado”, remató.
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Desde entonces, Mabel siguió los hechos casi siempre a la distancia, producto de este escenario que había planteado la cantante inducida por su novio. Y siempre lista para resolver, con esa gimnasia adquirida en las guardias médicas. “Estoy acostumbrada a actuar rápido. No estaba tranquila, pero vivía el minuto a minuto sin proyectar a futuro ni abrir líneas de tiempo tremendas”. También se valió de una filosofía para hacer más llevadero el asunto: “Pienso que lo que pasa conviene, que hay un plan superior y que cada alma viene a aprender”.
Respetuosa, Mabel se mantiene cauta respecto a visitar a su hija. “Respeto sus tiempos, sus sentimientos y su realidad. El que alucina, es real para él. El que se siente lastimado, se siente así”, justificó. Y tuvo unas palabras para su exyerno, ante quien se mostró compasiva: “Ayer todo el mundo me dijo que es un hdp (sic) y yo jamás le pude decir hdp. Y ver con las esposas a un tipo que es inteligente, ingeniero, me hizo preguntar en qué momento construyó ese circuito psicopático. Hay que ser misericordiosa y esto es una falla de todos. El enfermo mental no elige serlo, como aquel que tiene cáncer tampoco lo elige. Por eso hay que preguntarse qué pasó”.
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Con una sonrisa, Mabel admitió que no fue fácil ser la madre de Lourdes, sobre todo a partir de una rebeldía adolescente que crecía al compás de su amor por la música. Quizás por eso eligió quedarse con ese “embarazo deseado y parto divino”, para el que se arregló para ir a una confitería y terminó teniendo de urgencia a su primera hija, a la hermana mayor de Marcelo y Anita. “Siempre me pregunto qué pasó, porque en algún momento se tuvo que haber desestructurado”, lamentó, sin encontrar la respuesta, o quizás sin querer compartirla.
Para concluir, Mabel aseguró que nadie del entorno de García Gómez se le acercó y que, aun con todo lo que imagina que es capaz de hacer, no siente temor: “El miedo te paraliza, y le da poder al otro”, justificó. Y para cerrar, le dejó un mensaje a su hija, disfrazado de consejo y confiada en iniciar un posible acercamiento. “Le diría que si ella ve algo azul, y todo el mundo le dice que es rojo, que se pregunte por qué ve algo distinto”.
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