El comentario llegó como un golpe inesperado en una tarde común de paseos y distracciones. En medio de los Bosques de Palermo, Hernán Lirio salió a caminar, como tantas otras veces, acompañado por su inseparable Ramoncito. Pero lo que parecía una salida rutinaria, pronto tomaría un giro tan insólito como revelador: dos jóvenes lo abordaron y, tras expresar su admiración por el perro, lo confrontaron con una pregunta que lo dejó pensando durante un buen rato.
“Bueno, gente, dimos toda la vuelta con Ramoncito acá en los Bosques de Palermo y nos pasó algo muy loco recién. Me pasó, porque a él no le dijeron nada”, relató el propio Lirio en un video dirigido a sus seguidores. La escena era, en apariencia, trivial: dos jóvenes, que según el periodista “habrán tenido treinta y dos, treinta y tres años, no eran tan pibes”, se acercaron emocionados al animal y soltaron, sin preámbulos, frases contundentes: “¡Ay, lo seguimos a Ramoncito!”, mientras lo acariciaban con familiaridad.
Pero todo cambió segundos después, cuando uno de los muchachos miró al comunicador y le disparó: “Vos parecés reflaco en Instagram, ¡Cómo engañan las redes!”. La risa fue la única defensa posible frente a ese desparpajo. La secuencia se tornó aun más abrupta al llegar una consulta personal: “¿Cuánto pesás? ¿Se puede saber?”, inquirió el joven, a lo que el periodista respondió: “Ochenta y cinco kilos”. La reacción inmediata del desconocido fue igual de directa: “Ah, claro”, como si la cifra confirmara un veredicto tácito. Siguió la pregunta sobre la altura: “¿Y cuánto medís?”, “Uno setenta y cuatro”, fue la respuesta. Entonces, sentenció: “Ah, con razón, claro”.
Los minutos siguientes, Hernán Lirio los vivió en soledad, sumido en sus pensamientos mientras continuaba caminando junto a Ramoncito. El comentario le había calado más hondo de lo esperado. “Me quedé pensando, digo: ‘¡Qué loco!’. Está bien, mi índice de masa corporal debería ser, si mido uno setenta y cuatro, debería ser setenta y cinco kilos más o menos, pero yo tengo contextura grande”.

Las palabras del periodista se anudaron con recuerdos de infancia y orgullo: “De hecho, cuando era chiquito en Villa María, mi ciudad, jugué al rugby, me quedó el cuerpo como grandote, pero no creo que sea por eso igual, ¿no?” Y, casi como un juego, le dirigió la reflexión a su fiel compañero: “¿Qué opinás, Ramón?”.
Acto seguido, el conductor habló de sí mismo. "Soy más gordo en persona que en Instagram. Si ustedes me ven gordo en Instagram, en persona soy más gordo o más grandote o más fortachón. Pero me quedé pensando…”, admitió sin vueltas, entre el tono humorístico y la sinceridad.
Sus interlocutores fugaces, a quienes describió como “tallados, estaban trotando y estaban flaquitos, cuerpo perfecto”, también ayudaron a cristalizar una comparación inevitable. Y sin embargo, el comentario no afectó a Hernán: “Yo me veo bien, o sea, estoy bien. Me veo al espejo y no me veo gordo. Pero bueno, cada cual tiene una percepción diferente”.
Aunque sólo se haya tratado de un breve encuentro en los Bosques de Palermo, la reflexión sigue vibrando en boca de Hernán Lirio y en las de sus seguidores. No importa que la contextura, la genética o la historia personal amparen el cuerpo propio. La mirada ajena, desinhibida por la ilusión de cercanía que se cuela desde la pantalla, irrumpe bajo la sombra de los árboles y deja su muesca.
Al final del paseo, queda el aprendizaje brutalmente sencillo: la exposición en las redes también implica cargar con el peso de los juicios ligeros. Y, a veces, resistirlos con humor es la única respuesta posible.
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