¿Qué es El amor después del amor? Es el encanto de Cecilia y el de Fabi. Es “Dos días en la vida” en la tanda de Telefe para promocionar la peli Thelma y Louise. Es Divina Gloria en el clímax de “Tumbas de la gloria”. Es Rosario, Punta del Este, Madrid, Buenos Aires, París, Katmandú... Es la versión de “Un vestido y un amor” de Caetano Veloso o la de “Sasha, Sissí y el círculo de baba” de Onda Vaga. Es “Brillante sobre el mic” en los cumpleaños de 15 y en el compilado del Boca campeón del Apertura 92 en Fútbol de Primera. Es la voz de la Negra, del Flaco, de Charly y de Andrés. Es Tinelli cerrando Videomatch con “A rodar mi vida”. Es la mitad de una película titulada “La balada de Donna Helena”...
Todo eso y más. Es lo que la memoria emotiva de cada uno de los aquí presentes quiera que sea. Estamos en el Movistar Arena, en la noche del martes 20 de septiembre y, con entradas agotadas, comienza el cumpleaños número 30 del disco más vendido del rock argentino. La vara que el propio Fito Páez clavó allá por 1992, cuando redondeó su trabajo más icónico, el que lo llevó al estrellato. “Hay que defenderlo con uñas y dientes”, dijo el rosarino en un momento, hablando de su propia obra y justificando el hecho de celebrarla y revisitarla todas las veces que haga falta.
El amor 30 años después del amor es como se llama el show y también, tal vez, el nombre del álbum de nuevas versiones de este clásico que ya casi terminó de grabar. Una vez más volvió sobre aquella pieza, en su orden original, más algunas variaciones tonales y de arreglos: desde “El amor después del amor” -con los primeros versos con Páez en off, como si nos estuviera cantando desde algún lugar de nuestros recuerdos- hasta “A rodar mi vida”, la primera parte del recital fue toda para esas catorce imborrables canciones.
A diferencia del cumple de 20 -en 2012 y en el Planetario, con un show gratuito aunque exclusivo para clientes de la misma compañía telefónica que hoy brandea este estadio- y a contramano de esta era híper holográfica, esta vez prescindió de apariciones en pantalla y de pistas vocales para completar el staff original de invitados del álbum. Solo una Fabi Cantilo de carne y hueso como única convidada (su primera intervención fue en “Dos días en la vida”), mientras que él y Emme se encargaron de traer a este presente los versos entonados por Luis Alberto Spinetta, Mercedes Sosa, Charly García o Andrés Calamaro, según el caso.
“¿Está Cecilia por allí?”, preguntó Fito mientras con la mirada buscaba entre la platea a la Roth, la otra de las dos musas que le dieron argumentos a este disco. Y cuando la encontró, recordó: “Caetano hizo una versión de ‘Un vestido y un amor’ y nos invitó... ¿Vos te acordás? Nos sentamos allí y él te lo cantó a los ojos... y casi me muero de los celos. Entonces esta vez te lo voy a cantar... No sé si a los ojos, porque estoy medio torcido, pero esto es totalmente para vos...”, contó antes de cantarle a la madre de su hijo Martín el tema en cuestión, que tuvo como detalle una bandera argentina con el sol impresa en la pantalla del fondo. ¿Guiño al verso “Ya sé, no te hace gracia este país”? “Todo para vos, amor”, dijo Páez antes de tirarle un beso a Ceci, escena que derritió a todas.
La dedicatoria explícita a Fabi en “Creo” (“Este es todo para vos”, le dijo), el saludo a Lucho González por haberlo ayudado a darle forma de marinera peruana a “Detrás del muro de los lamentos”, el intenso y atrapante diálogo desde el piano con el trío de vientos (Alejo von der Pahlen en saxo alto y barítono; Manu Calvo en trombón; y Ervin Stutz en trompeta y flugelhorn) para la fábula de “Sasha, Sissi y el círculo de baba”: momentos que fueron cimentando el recorrido hasta su pico emotivo con la lluvia de lucecitas blancas del público en “Brillante sobre el mic”, a pedido de Fito. “El tiempo es un efecto fugaz”, entonó con razón.
“Tengo la posibilidad de regalarle adelante de todos ustedes, porque me encantan las dos y porque las amo un montón, con todo mi corazón. Porque me han cambiado la vida y me han ayudado a verla mejor... En este ramo de flores que le quiero dar a Fabi y a Ceci, quiero agradecerles lo bella y hermosa que han hecho mi vida”, dijo el cantante en el final de “A rodar mi vida” y como broche para el revival de su obra cumbre.
Si la primera parte había sida más emotiva y austera, la segunda no fue menos hitera y además dejó tiempo para que todos sacaran a relucir su poderío musical: la aceitada banda que viene acompañando al rosarino en los últimos cinco años está compuesta por Diego Olivero en bajo, Gastón Baremberg en la batería, Juan Absatz en teclados y coros, las guitarras de Juani Agüero y Carlos Vandera (”Esto es idea de él, que es quien siempre me dice: ‘Se cumplen 15 años de este disco, 20 de este otro’“, contó Fito) y Emme.
Fueron sutiles para acompañar al capitán en esa declaración de principios que es “Al lado del camino”-resaltada por un fondo verde Artaud en las pantallas- y rocanroleros de bar para “Lo mejor de nuestras vidas”, la única novedad de la noche y flamante nominada a Mejor canción de rock en los Latin Grammy 2022. También, y con la potencia de los vientos, reconvirtieron el pulso folkie de “Yo vengo a ofrecer mi corazón” en una coda orquestal que respiró tango.
En tanto, Páez hacía gestos de director de orquesta para guiar el caudal de sus músicos y el coro alucinado de su gente, especialmente en “11 y 6″ (”Corrientes y Montevideo, 1985″, reveló para darle marco a la historia). La multitud, compuesta por todas las generaciones posibles que puedan estar abarcadas por estos treinta años, estuvo siempre con la garganta al mango. Aunque nadie tan manija como una chica que se paró en su butaca para agitar el solo de Agüero en “Ciudad de pobres corazones”: un gesto que fue una especie de “protesta” ante un campo lleno de sillas y reconvertido en platea.
Para los bises, Fito apareció todo de rojo (”Contra la envidia”, diría alguna tía) mientras el público le coreó con fuerza “Y dale alegría a mi corazón”. El rosarino los cebó y los hizo repetir esos versos, hasta que interrumpió con “Es solo una cuestión de actitud”. Esa electricidad dejó todo listo para la despedida con “Dar es dar” -que incluyó snipets de la propia “Buena estrella” y “Peluca telefónica”, de Charly- y una “Mariposa Technicolor” a todo trapo. “Estoy en shock y no quiero decir pelotudeces. Lo que pasó hoy fue inolvidable”, saludó Páez, arropado en el feedback con su gente. Afuera del estadio, esperaba una refrescante lluviecita de verano que no pudo apagar tanto fuego.
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