Del under hasta las misas, la rivalidad con Gustavo Cerati y un legado musical que aún está vigente: el Indio Solari cumple 73 años

Carlos Alberto Solari es el máximo exponente del rock nacional. Radiografía de un ídolo popular que se convirtió en mito

El Indio Solari cumple hoy 73 años (Foto: NA)
El Indio Solari cumple hoy 73 años (Foto: NA)

Nadie imaginó que lo que comenzó como una especie de kermés itinerante, una conjunción de música, teatro, circo, drogas y rock and roll, se convertiría en lo que finalmente fue: el mayor mito de la historia de la escena nacional. Que llenarían estadios en todo el país, que sus canciones serían remeras, que sus caras y sus frases pasarían a la perpetuidad en tatuajes, y que tendrían una legión de seguidores tan fieles que harían hasta lo impensado por verlos tocar y que hasta diseñarían tácitamente un código de vestimenta y un estilo de vida propio que los comulgaría para siempre.

Hoy cumple 73 años Carlos Alberto Solari. El cerebro detrás de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, el actual líder de Los fundamentalistas del aire acondicionado, el Indio, la leyenda. El hombre que con el máximo perfil bajo posible, el que durante años no dio entrevistas y sólo se mostró en público en sus shows, el que se recluyó en su casa de Parque Leloir tras un muro, supo cosechar el amor y el reconocimiento de fans alrededor del mundo. Desde sus comienzos en el under hasta la masividad, pasando por sus amores y enemistades, radiografía del mito viviente que rompió los esquemas y revolucionó la escena de la música.

Los inicios de Los Redonditos de Ricota
Los inicios de Los Redonditos de Ricota

Nació el 17 de enero de 1949 en Paraná, Entre Ríos, pero se lo puede considerar un platense más dado que vivió desde muy chico en la ciudad de las diagonales. Al terminar el secundario, ingresó al instituto de Bellas Artes, en el que aprobó algunas materias pero fue expulsado un año más tarde. Tres décadas después, contestaría en una entrevista para la revista de rock La García: “En esa época, lo más importante era la rebeldía”.

La historia de cómo se construyó el mito, es bastante conocida. Corría el año 1976 y Argentina sufría una dictadura cívico-militar, pero los jóvenes tenían hambre de libertad y la ciudad de La Plata era un hervidero. Mientras algunos estudiantes trazaban estrategias políticas para recuperar la democracia, tres jóvenes se conocieron en el sótano de la galería Pasaje Rodrigo y se unieron ante el interés por la música, el arte y el cine. En ese espacio, el Indio Solari -cantante y compositor-, Skay Beilinson -guitarrista y compositor-, y la Negra Poli -manager-, formaron el trio fundamental, la mesa chica de aquella máquina imparable: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Al Indio Solari le gustaba decir, en referencia a la tensa relación entre las juventudes políticas y los rockeros: “Nosotros no queríamos tomar el poder; queríamos cambiar la vida”.

Con Los Redondos editó los discos Gulp! (1985), Oktubre (1986), Un baión para el ojo idiota (1988), ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado (1989), La mosca y la sopa (1991), Lobo suelto / Cordero atado (1993), Luzbelito (1996), Último bondi a Finisterre (1998) y Momo Sampler (2000).

Tras la separación y abrumado por tanta exposición -algo de lo que siempre renegó- decidió seguir haciendo lo que más le gusta: música. Y fue así que armó una nueva banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Junto a ellos, editó cuatro discos de estudio: El tesoro de los inocentes (2004), Porco Rex (2007), El perfume de la tempestad (2010) y Pajaritos, bravos muchachitos (2013).

En el plano personal, confirmó en 2016 que padece la enfermedad de Parkinson pero, pese a todo, sigue creando música en el estudio que montó en su propia casa, por lo que cada tanto sorprende desde sus redes con el lanzamiento de algún nuevo tema. “Esto que tengo yo es muy molesto, muy doloroso”, enfatizó el músico que en marzo de 2016 le contó a su público que el Parkinson le estaba “pisando los talones”.

“El otro día pensaba lo que debe ser para el tipo que tiene lo mismo que yo, que no tiene guita para comprar los medicamentos. Que no tiene kinesiología. Debe querer tirarse a las vías del tren. Es insoportable. Te aparta de la vida”, le dijo al periodista Marcelo Figueras en plena pandemia. En esa oportunidad, también aseguró que es “improbable” que vuelva a subirse a un escenario.

Con nicho propio

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

Si bien en los 70 la banda tocaba para algunos pocos, fue en la década siguiente que encontró su verdadero lugar. Con la salida de Gulp! en 1985, muchos jóvenes encontraron una alternativa. Eran épocas de Virus, de Los abuelos de la nada y de Soda Stereo, músicos que tocaban para un público “cheto” y poco había de mensaje para la clase trabajadora, para “los barrios”, que no se sentían escuchados ni representados.

Pronto, adoptaron a Los Redondos como su banda de cabecera y aunque sus letras son complejas y enigmáticas, las tomaron como propias. Las bandas- como se denominaba a los seguidores- le darían ese toque fundamental, esa mística que pocos grupos lograron conseguir. Esa marea humana que ha resistido todo tipo de análisis sociológico. La cultura del agite de abajo hacia arriba sería su sello distintivo. Y era a todo o nada.

Como cuando a raíz de un duelo de estilos, de formas de ver la música, de dejar en claro “quien era más barrial y quien más careta”, durante años en los shows de la banda -y de otras bandas de rock nacional como Divididos, Las Pelotas, La Renga, Los Piojos-, se podía escuchar entre la gente lo que se había convertido en un cántico clásico: “Luca no se murió, Luca no se murió, que se muera Cerati la pu.. madre que los parió”. La enemistad entre el referente ricotero y el líder de Soda Stereo se convirtió en una fake news que ni siquiera los propios protagonistas pudieron desterrar.

Fue incluso en una entrevista en 2011, mientras Cerati permanecía en coma, que el Indio quiso dedicarle unas palabras para dejar atrás la fantasía de la pelea: “Siento mucho dolor y conmoción, más frecuentemente de lo que la gente cree. Muchos pensarán eso por la famosa rivalidad que en mi caso nunca existió, y supongo que en el caso de él tampoco. Pelotudeces que tienen que ver con las diferencias, como Boca-River, que existen para alimentar ese vértigo del consumo de las cosas, pero generalmente eso no pasa en la intimidad”, contó Solari a La Garganta Poderosa.

“Me da muchísima pena lo que le está pasando. Siento el esfuerzo de la mamá por mantener la esperanza viva. Él es muy fashion, más frívolo, más cool, y yo más crítico, más ríspido, más ácido, pero creo que es uno de los mejores músicos, de los más prolijos, de los más trabajadores, de los más meticulosos de la cultura rock de la Argentina. Lo respeto porque trato de hacer lo mismo con mi trabajo”, aclaró sobre las diferencias que les marcaron seguidores de ambas agrupaciones durante décadas.

Vamos las bandas

El 11 de marzo de 2017 fue el último show del Indio y terminó en tragedia. El saldo, dos muertos: uno por un paro cardiorespiratorio y el otro por un aplastamiento en una avalancha (Foto: Twitter)
El 11 de marzo de 2017 fue el último show del Indio y terminó en tragedia. El saldo, dos muertos: uno por un paro cardiorespiratorio y el otro por un aplastamiento en una avalancha (Foto: Twitter)

La contundencia de Los Redondos primero y del Indio como solista después, tiene como eje fundamental la figura convocante de Solari, claro está, pero también, dos pilares fundamentales en los que se basa el secreto de éxito: el antimarketing y su público.

Durante décadas, poco y nada se sabia de ellos. Su sello era el misticismo. No sólo no brindaban entrevistas, ni se dejaban fotografiar, sino que tampoco publicitaban sus shows. Simplemente, ponían fecha y lugar y el boca a boca se encargaba del resto. Tarea sencilla en la actualidad con las redes sociales a favor, pero tres décadas atrás era otro mundo, sin tanta conexión, lo que consolidó el acuerdo entre el grupo y sus seguidores. Los conciertos pasaron a catalogarse como misas en las que todo valía y pronto, abandonaron el under y pasaron a la masividad.

El Indio solo se comunicaba con los medios y sus fans por cartas escritas de puño y letra, tal como ahora lo hace desde sus redes sociales. Dio una sola conferencia de prensa en toda su vida, para reclamar por un show que le habían cancelado y si bien ahora da algunas entrevistas muy esporádicas, en el auge de su carrera paradójicamente no se le conocía la voz si no era para cantar.

Ese perfil bajo y el ostracismo, también se hizo extensivo a la relación con las compañías discográficas, de las que tanto él como su ladero eligieron mantenerse alejados. La mecánica era siempre la misma: el Indio escribía, Skay musicalizaba sus palabras y los recitales eran el fondo de financiamiento de los discos: con el dinero que se recaudaba se grababan y distribuían sus álbumes. Y ahí tampoco existían estrategias de prensa, entrevistas explicando el origen de cada letra ni videoclips ostentosos en canales de música de moda: que cada uno interpretara lo que le sirva y que haga suyo el tema.

El público que los seguía creció a niveles exponenciales y cada vez se hacia más difícil encontrar un lugar donde tocar. También la violencia que enlutaba cada una de sus presentaciones, que siempre terminaban con heridos, decenas de detenidos y denuncias. Fue así que los conciertos comenzaron a espaciarse, el desgaste generó internas y la banda se separó, abriendo camino al cantante en su faceta solista.

La última misa

El Indio en una de sus últimas apariciones públicas
El Indio en una de sus últimas apariciones públicas

Su última presentación en vivo fue el 11 de marzo de 2017 en Olavarría, recital que tuvo el saldo trágico de dos muertos y decenas de heridos. Desde entonces, el músico ha trabajado en estudio y publicado libros. En abril de 2021, sorprendió a todos cuando liberó un show vendido por streaming en el que participó de manera virtual mediante técnicas holográficas. Allí, en un sitio inesperado para un concierto -en las ruinas de ser Villa Epecuen, un pueblo turístico en el sur de la provincia de Buenos Aires que quedó en ruinas tras las inundaciones de 1985- presentó un nuevo tema que, para muchos, oficia de despedida.

Alguna vez dijo que había que entender al rock así, lejos de los protocolos y la prolijidad. Y sus seguidores también lo entienden del mismo modo: viajan kilómetros para verlos aún sin entradas, colapsan cada ciudad a la que se movilizan, acampan días en plazas cuando no encuentran alojamiento, improvisan parrillas y asados en los lugares más diversos y muchos, siquiera entran al estadio en el que se desarrollará el show, sino que tan solo quieren ser parte de la experiencia ricotera.

Estadios llenos, fanáticos incondicionales con impronta propia, letras pretenciosas y autogestión, parecen ser la garantía de una identidad y libertad única para crear una marca indestructible y triunfar pese a todo. Y por supuesto, y nada menor, el tesoro más preciado que se puede ostentar: el pogo más grande del mundo.

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