
En noviembre de 2001, Diego Armando Maradona viajó desde La Habana a Buenos Aires con la intención de salir a la cancha por última vez. En rigor, su último partido de fútbol oficial había sido en octubre de 1997: un superclásico en el Monumental en el que Boca Juniors venció a River Plate por 2 a 1 del que Diego disputó solamente los primeros cuarenta y cinco minutos. Al llegar al vestuario, el 10 le pidió el cambio al técnico xeneize de ese momento, Héctor Bambino Veira, y el DT dispuso que lo reemplazara el 20, un joven Juan Román Riquelme quien llevaba menos de un año como futbolista profesional.
Diego anunció su retirada del deporte en el que fue Dios un par de días después y a través de los medios. No hubo ni una despedida formal ni una fiesta que le diera relieve a su arte aplicado a la pelota. Por eso, que viajara desde Cuba a su país natal para despedirse en su querida Bombonera era todo un hito. Días antes de que se disputara un amistoso entre la Selección Argentina -dirigida por Marcelo Bielsa- y un combinado con estrellas de todo el mundo, que el Diez coronaría con la indeleble “la pelota no se mancha”, Maradona se alojó en el Hotel Hilton de Buenos Aires.
De su estancia en el cinco estrellas se habló mucho y en reiteradas oportunidades. Por estos días, apareció el testimonio de un tal Eduardo Gallego, quien asegura haber sido testigo de esos agitados días del Diego en Buenos Aires. “Me tocó compartir con Diego Maradona su despedida del fútbol. Había estado en otras oportunidades con él, pero esa vez, los herederos del dueño del (hotel) Hilton de Buenos Aires, me consultaron sobre la posibilidad de que se despidiera en el hotel”, dijo Gallego en diálogo con Mario Penton, periodista cubano afincado en Miami.
“Lo alojaron en el hotel y la primera noche, él y su entorno pretendían que les abrieran el gimnasio a las 3 de la mañana, cosa que el Hilton decidió no hacer. Y ahí me piden que me instalen en el hotel porque Maradona ya estaba desbordado”, siguió Gallego con su relato, quien además contó que en esa semana conoció al entorno de Maradona, pero también “a sus médicos y a esta chica, que yo ni sabía que era... pensé que era la hija de una amiga de él”, dijo en referencia a Mavys Álvarez.
Una de las cosas que le llamaron la atención a Gallego fue el trato que recibió Diego de parte de sus médicos. “Estaba con el doctor Cahe y también con un doctor colombiano, que le estaba dando unas inyecciones subcutáneas. Yo le pregunté qué le estaba dando y me dijo que eran hormonas”, contó.
Además, Gallego habló de una “cantidad de anormalidades que se produjeron en esa semana” y dijo que Maradona “estaba con una máscara de Bin Laden, una ballesta y dos guardaespaldas. Él jugaba con la ballesta dentro de la habitación 506 del Hilton de Buenos Aires. Deshizo la habitación. Andaba con la ballesta tirándole a cuánta cosa se le cruzara”, describió.
En su relato, Gallego cargó las tintas contra el entorno de Maradona. “Estaba rodeado de gente que no ayudaba, empezando por (Guillermo) Coppola, parte de su familia, había un tal Yayo Cozza, que estaba dando vueltas (...). Todo era de un descontrol total. Desde la fiesta de despedida, a la noche, en el hotel, hasta el consumo de droga. Estaban Pelé, (Davor) Suker, (Enzo) Francescoli... Estaban todos los astros del fútbol. Diego era inimputable, pero el entorno sabía muy bien lo que estaban haciendo. Estaban usando a Maradona”, cerró.

De alguna manera, el testimonio de Gallego es congruente con uno que Guillermo Coppola dio en 2018 acerca de las noches de Diego en el Hilton. “Tenemos una noche intensa previa al partido. A las dos de la mañana me golpean la puerta de la habitación las hermanas Hilton pidiéndome que me vaya. ‘A usted y Maradona lo queremos fuera del hotel’, me dijeron. Le pregunto por qué, salgo al pasillo en toallón y estaba todo el hotel pintado. Era por el paintball. Diego tenía esa manía”.
“El mozo estaba con la cara azul al lado de las hermanitas Hilton. Me mira y me dice: ‘Perdón, yo soy maradoniano pero me pegó un balazo de pintura’. Me disculpo, me arrodillo e imploro para que nos dejen estar hasta el día siguiente”.

“Voy hasta donde estaba Diego. Estaba agazapado con el paintball. Le digo: ‘Soy yo, Diego, ¿qué te pasa? ¿estás loco? Nos quieren echar del hotel’. Me pregunta qué hizo y le digo que hay un mozo con toda la cara azul y las paredes pintadas. Me pidió perdón y me dijo que estaba mal de puntería, le erro a las paredes. Me acuerdo que pedí, imploré, di una tarjeta americana platino para cubrir los gastos, que eran importantísimos”, cerró Guillote.
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