
En múltiples empresas de distintos sectores, las oficinas de recursos humanos registran una situación cada vez más frecuente: postulantes que firman contratos, pero nunca se presentan a trabajar.
En otros casos, directamente no asisten a entrevistas, no contestan llamadas o dejan de responder mensajes tras avanzar en el proceso de selección.
Este comportamiento, aunque desconcertante para muchos empleadores, responde a una dinámica que está tomando forma entre los nacidos entre 1990 y 2010, identificados como Generación Z.
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El “ghosting” como nueva forma de desvinculación
El fenómeno se conoce como “ghosting”, un término que originalmente se utilizaba en el ámbito sentimental para describir la desaparición sin aviso de una persona que decide cortar todo tipo de contacto sin avisar.
En el entorno laboral, la práctica adopta una forma similar: el candidato interrumpe el vínculo sin previo aviso, dejando vacantes abiertas, agendas sin cumplir y expectativas frustradas.
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Un artículo publicado en la revista Fortune por la periodista Orianna Rosa Royle destacó que el 93% de los jóvenes encuestados admitió haber ignorado a entrevistadores, mientras que el 87% confesó no haberse presentado al primer día de trabajo, a pesar de haber sido contratados.
Estos datos reflejan una conducta que ya no puede considerarse excepcional y que plantea interrogantes sobre los métodos de contratación y las expectativas intergeneracionales en el ámbito profesional.
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La respuesta a una práctica extendida entre empresas
Una interpretación de este fenómeno, aportada por el especialista en recursos humanos Josh Drean, apunta a que no se trata de una falta de responsabilidad individual, sino de una forma de respuesta.
Desde su cuenta en TikTok, Drean ha expresado que para muchos jóvenes “las compañías son como una mala cita”. Su argumento es que las empresas también practican el ghosting cuando dejan postulaciones sin respuesta, no brindan retroalimentación tras entrevistas y rechazan candidatos mediante mensajes genéricos o automáticos.
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Drean sostiene que la Generación Z responde de manera simétrica ante esa falta de consideración: “Miles de candidaturas quedan sin comentarios sobre cómo mejorar, ni una simple carta de rechazo”. En este marco, el ghosting laboral sería un reflejo de las propias dinámicas impuestas por el sistema de selección empresarial.

Una encuesta elaborada por el portal de empleo Indeed, que recogió opiniones de más de 9.000 participantes entre empleadores y buscadores de empleo, respalda esta percepción. El estudio concluye que este comportamiento no debe entenderse como una falta de compromiso, sino como una reacción ante la falta de reciprocidad en los procesos de contratación.
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Obstáculos económicos que dificultan el ingreso
A esta perspectiva se suma un elemento económico que complica aún más el panorama. De acuerdo con información citada por Drean, algunos jóvenes de la Generación Z no cuentan con los recursos necesarios para iniciar una etapa laboral.
Los costos asociados al primer día de trabajo —como transporte, vestimenta o capacitaciones no remuneradas— pueden convertirse en barreras reales para quienes no poseen redes de apoyo ni ahorros.
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Firmar un contrato, en estos casos, no garantiza que se pueda asistir al lugar de trabajo. La imposibilidad de cubrir los gastos básicos asociados al empleo lleva a que el silencio sea la única forma de rechazo disponible.

Condiciones mínimas como factor de decisión
La misma encuesta de Indeed muestra que los jóvenes no demandan beneficios extraordinarios. Ante la pregunta sobre qué condiciones motivarían una incorporación efectiva, las respuestas apuntaron principalmente a salarios más altos y beneficios básicos, como cobertura médica o jornadas predecibles.
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Este conjunto de factores evidencia un desajuste entre las prácticas empresariales actuales y las expectativas de quienes hoy ingresan al mercado laboral. La Generación Z no interpreta la ausencia como una falta de profesionalismo, sino como un modo de comunicar desacuerdos con sistemas que perciben como unilaterales.
La ruptura del vínculo no siempre se verbaliza, pero el silencio se convierte en un mensaje sobre lo que se considera justo o viable.

En este contexto, la ausencia al primer día de trabajo no puede analizarse de manera aislada. Más que un acto individual, se trata de una señal que marca el inicio de una reconfiguración en las formas de establecer vínculos laborales.
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