Reshma Saujani, fundadora de la ONG Girls who code
Reshma Saujani, fundadora de la ONG Girls who code

Las mujeres son minoría en el mundo IT: apenas conforman el 20% de los trabajadores en las áreas de ingeniería y computación en Estados Unidos. La situación es similar en Argentina así como en otras partes del mundo. Incluso en Suecia, meca del feminismo, menos del 30% se anota para estudiar Sistemas o Informática en la universidad.

Y esta ausencia de diversidad no es casual. Desde la publicidad, las películas, en las escuelas y en los hogares no se promueve, en términos generales, la participación de mujeres en la tecnología. Los estereotipos visibles e invisibles están presentes en todos lados, sólo basta con mirar de cerca.

"Difícilmente uno pueda convertirse en algo que no ve", sentenció Reshma Saujani, fundadora de la ONG Girls who code (Chicas que programan), en el marco del evento IBM Interconnect que se realizó en Las Vegas. Así, en tan solo una frase, resumió uno de los motivos detrás de la brecha digital entre hombres y mujeres.

"Apenas el 18% de los graduados de Ciencias de la Computación en Estados Unidos son mujeres, en una industria en la cual cada año se generan 5.000 nuevos puestos de empleo y se puede ganar 120 mil dólares al año. Ésta es la disciplina del futuro", detalló.

Hasta los años 80 la balanza estaba equilibrada pero luego se empezó a notar una disminución de las mujeres en el mundo de la tecnología. Fue por esa época que nacieron las primeras computadoras personales. En la publicidad de aquel entonces esos equipos se promocionaban como productos destinados a complacer al género masculino.

Ya se capacitaron 40 mil jóvenes en la institución Girls who code, que se fundó en 2012.
Ya se capacitaron 40 mil jóvenes en la institución Girls who code, que se fundó en 2012.

El mensaje estaba presente en imágenes, que suelen ser instrumentos más poderosos que las palabras: los protagonistas de los avisos eran siempre hombres. Las computadoras se convertían así en dispositivos de trabajo, entretenimiento o estudio, pero sólo para ellos.

La publicidad instaló un estereotipo que también se reprodujo en las escuelas, en las casas, en las calles. Incluso desde la más temprana edad: los niños juegan con computadoras y las niñas con las barbies. Cuando uno piensa en un experto en sistemas se imagina un varón, con auriculares gigantes, totalmente obnubilado por una computadora, y eso no es casual.

"Hay una Barbie que dice que odia matemática, y una remera en Forever 21 con una inscripción que dice 'odio álgebra'. Estamos criando a las niñas para que sean lindas y a los niños para que sean valientes. A las mujeres se les enseña a sonreír y se les dice que no tienen que mancharse el vestido", analizó Saujani.

Girls who code nació en 2012 con apenas 20 alumnas y hoy ya pasaron 40 mil jóvenes por estos cursos que se ofrecen en unas 80 ciudades de Estados Unidos.

Saujani recordó que entre aquellas primeras estudiantes hubo una adolescente que desarrolló un algoritmo para detectar síntomas de cáncer, otra que creó una app para combatir el bullying y otra más que ideó un sistema para ayudar a niños con autismo.

"Son mujeres que están preocupadas por el mundo en el que viven y son generadoras de cambios", subrayó. Como los hechos pesan más que las palabras, al final de la charla presentó a tres jóvenes de 16 años que aprendieron a codificar en la institución para que compartieran sus testimonios. Pequeñas gigantes, que sueñan con programar un mundo mejor.

"Estoy interesada en la biología y quiero codificar para mejorar la salud pública y hacerla más accesible para los refugiados, contó Michelle, una de las jóvenes programadoras.

"En una industria dominada por hombres, las mujeres necesitan un empujón extra para animarse, yo ahora me siento motivada para estudiar computación en la universidad", reveló Karen.

Por su parte, Madison reflexionó sobre lo mucho que disfrutó la capacitación y el contacto con sus mentoras. "Disfruté conocer a mujeres que codifican y pedirles consejos", contó.

"Les tenemos que enseñar a las mujeres a ensuciarse, usar su voz, ser valiente y descubrir cómo funcionan las cosas", concluyó Saujani.

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