
La madrugada del martes 3 de marzo fue dramática para Teresa Alfaro, una de las cientos de vecinas del complejo habitacional de Parque Patricios que debió evacuar su departamento tras el colpaso de una losa que generó peligro de derrumbe en todo el lugar. “Estaba durmiendo, sentí un estruendo y me levanté. Afuera se escuchaban gritos que decían ‘salgan de sus casas’, ‘se cae la torre’, ‘auxilio’ y otros gritos y llanto”, es el primer recuerdo que tiene la mujer sobre el momento del siniestro.
La escena era tan desesperante como incierta. Estaba oscuro, todavía era de noche y nadie entendía ni qué ocurría ni cuál era la gravedad. Lo que estaba claro era que había que evacuar los departamentos y con urgencia. Para ella todo era un poco más complejo: vive con su hijo de 25 años, que tiene autismo y epilepsia.
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“Él estaba durmiendo bajo los efectos de su medicación regular tanto psiquiátrica como anticonvulsivante, por lo que no lo podía despertar, me costó mucho hacerlo. Además le tenía que hablar despacio y con calma para que él no se altere. Dentro de ese contexto hice lo más rápido que pude aunque tratando de mantener la calma. Mientras temblaba empecé a vestirlo", relató la mujer.
Teresa mide 1,50 y su hijo 1,90, por lo que las tareas diarias que en general le demandan esfuerzo, en este contexto de nervios era peor. “Él no puede entender y tuve que tratar de que todo sea lo más normal posible a cómo el esta acostumbrado porque sino se altera y no coopera para hacer las cosas”, contextualizó.
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“Yo salí con lo que tenía puesto, la bandolera que fue lo que tenía a mano con los documentos y como mi hijo no quería salir sin su mochila y su celular, le deje que lo agarre, guardó en la mochila el celular y la tablet que usa para mirar dibujitos. Una vecina me golpeaba la puerta y me decia que salga, que se caía el edificio. Salí y no me di cuenta de agarrar la medicación de mi hijo", contó.
Teresa se autoevacuó. Para cuando salió de su departamento sus vecinos ya no estaban. Los siete pisos que tuvo que bajar por escalera para salir del complejo los definió luego como aterradores.
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“Mi hijo se encontraba aún bajo los efectos de la medicación, adormecido. Empezamos a bajar la escalera desde el septimo piso a donde vivimos, me di cuenta que me temblaban mucho las piernas y tuve miedo de no poder bajar. En ese momento mi hijo trastabillo un escalón y me dijo “perdón mamá”, por lo que me di cuenta que se había golpeado", recordó la mujer.
Y continuó: “No podía verle la cara bien, pero me di cuenta porque se tocaba la cabeza. De todas maneras era tal mi conmoción que lo único que pensaba era en lograr salir. Fueron aterradores los 7 pisos en escalera, sin luz, temiendo por la vida de mi hijo".
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Cuando llegaron a planta baja, la escena era de vidrios rotos desparramados por el piso, gente a los gritos, oscuridad y la sirena de los bomberos: “Fui a la esquina de enfrente a donde estuvimos hasta que amaneció, cerca de las 6:30 de la mañana. Mi hijo me decía que tenía frio, le había puesto un buzo pero era poco. Mientras esperaban me pidió dibujitos y me di cuenta que la mochila estaba abierta y no había nada, no sé en que momento se le cayeron las cosas”.
Una vecina se ofreció a llevar a Teresa y a su hijo a la casa de su hermana, donde calmaron al joven. “Mi hermana se quedó al cuidado de él y yo volví caminando hasta el barrio. Al llegar pedí hablar con algún responsable, no me dejaron acercar a mi casa, les rogué que me dejen sacar la medicación de mi hijo, ya que todo quedó ahi y el toma su medicación a las 7 y no la había tomado aún. Luego de gritar y llorar desesperada finalmente me derivaron a un médico que me hizo recetas para que compre medicación”, continuó su relato.
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A las 13, ocho horas después del colapso, la dejaron subir hasta su departamento brevemente. “Subí junto a una vecina que me ayudó ya que me fue muy difícil subir 7 pisos en ese estado de conmoción y sin haber dormido. Me costaba respirar pero seguí subiendo porque los bomberos iban muy rápido y apurándonos. Logré llegar y agarrar la medicación y la ropa de mi hijo, no llegué a agarrar nada mío. Me ayudaron a bajar el bolsos y me asistió un vecino, ya que me descompuse al bajar”, concluyó sobre el día de la evacuación.
A una semana del hecho, Teresa está alojada en un hotel porteño al que la derivaron, pero pide tanto a las autoridades porteñas como a los responsables de la constructora COSUD que la lleven a un lugar con funciones básicas (heladera, pava eléctrica), la medicación que necesita y se extravió, y transporte para ir a la terapia de su hijo y a buscar comida a la casa de su hermana porque el joven no puede ingerir lo que le dan en el hotel.
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“Debido a las patologías de mi hijo es contraproducente para él estar viajando todos los días y cambiando de lugar continuemente. Nosotros necesitamos un espacio físico a donde el pueda adaptarse y tener una continuidad, ver el mismo lugar todos los días, es decir que me puedan asegurar una continuidad en el lugar asignado, de ser necesario puedo respaldarlo con documentación de los profesionales que lo atienden regularmente”, pidió desesperadamente.
Y concluyó: “Me sucede que mi hijo me pregunta continuamente cuando vamos a casa, y me encuentro viajando todos los días, gastando en taxi del hotel a la casa de mi hermana, al barrio Estación Buenos Aires a buscar cosas, nuevamente a la casa de mi hermana a ver a mi hijo y así continuamente. Necesito que me paguen la próxima consulta del neurólogo particular, ya que gasté mucho dinero esta semana y era dinero que tenia guardado para pagar esa consulta en el mes de abril”.
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