
Para un médico forense, acostumbrado a la muerte, pocos cuerpos sobre una mesa de autopsia pueden provocarle un nudo en el estómago. La excepción siempre son los chicos y habrá sido difícil no sentir congoja ante el cuerpo de Jeremías Monzón, un adolescente de 15 años cruelmente asesinado a puñaladas en Santa Fe. Un escenario estremecedor y casi indescriptible que fue registrado por la cámara de un celular.
Los investigadores todavía no lo sabían: los homicidas también eran menores.
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El trágico fin de la vida de Jeremías comenzó a escribirse el 18 de diciembre del 2025. Fue un jueves. Ese día salió de su casa en Santo Tomé, cerca de las 14.30, en bicicleta. Cruzó el puente carretero hacia la ciudad de Santa Fe y, apenas atravesó la Avenida de Circunvalación, bajó a la altura del barrio Chalet y tomó el túnel hacia los monoblocks del Fonavi. Iba directo a una emboscada.
M., una chica de 16 años a la que había conocido en la escuela, lo recibió en la vivienda de su abuela. El reloj ya marcaba las 14.50.
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“Jere” dejó allí su bicicleta, pensando en regresar por ella, y ambos se fueron a pie en dirección a una casilla o galpón abandonado ubicado frente a la cancha de Colón, dentro del predio de una vieja fábrica de gases y revestimientos.
A las 15.06, las cámaras de seguridad los tomaron por la calle Pietranera hacia J. J. Paso, a pocos metros del lugar que se convertiría en la escena de un crimen atroz.
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Sucede que, unos 10 minutos antes, un dispositivo de vigilancia captó a los dos verdugos -en el sentido más crudo de la palabra-, de 14 años, caminando en esa misma dirección.

Los menores también cruzaron por el túnel que conecta barrio Chalet y el Fonavi, un paso que, según dicen los vecinos, se convirtió en un sitio extremadamente peligroso y que los asesinos conocen muy bien.
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A las 15.53, los investigadores encontraron otro registro fílmico vital para la causa de los tres adolescentes implicados, cuando regresaban a la casa de la abuela de M.. Jeremías ya no estaba con ellos.
En esa propiedad, se higienizaron y descartaron la bicicleta de la víctima. Repitieron el camino desde el Fonavi hasta la calle J. J. Paso por Pietranera y fueron captados por la misma cámara. El plan macabro todavía no había finalizado.
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A 16.55, se encontraron con la madre de M., en Rodríguez Peña al 700, quien caminaba en dirección opuesta. De acuerdo con las imágenes que constan en el expediente. “Estaban efusivos, contentos. El clima era de celebración”, reveló una fuente de la investigación.
Incluso, al ver a la mujer, M. corrió para abrazarla. El grupo le mostró el contenido de una mochila y le hizo ver, en uno de sus celulares, un video que tiene una duración de unos 4 minutos, los mismos minutos que tiene la grabación que se viralizó -y fue prohibida su reproducción- y expuso las torturas a las que fue sometido Jeremías, antes de la estocada final en el corazón. Le dieron 22 puntazos más.
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En las imágenes, en manos del fiscal Francisco Cecchini, también puede percibirse que la madre de M. señaló una dirección y dio directivas al grupo. El próximo destino fue Parque Sur, donde se deshicieron de la ropa que le sacaron al chico asesinado. Porque, además, lo desnudaron.

Como cierre de la atrocidad que habían cometido, convirtieron una baldosa del parque en una lápida, al escribirle en uno de sus extremos y con un corrector: “Jere 18/12/2025″.
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La familia de la víctima buscó a Jeremías por cuatro días hasta que, el 22 de diciembre, un llamado alertó sobre el hallazgo de un cuerpo.
Por el crimen, M. fue detenida y alojada en un centro de menores para mujeres en Rosario: está acusada del homicidio triplemente agravado, por concurso premeditado de dos o más personas, alevosía y ensañamiento.
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Sus dos cómplices y ejecutores del homicidio son inimputables: están libres, pero se dispuso una medida de seguridad para ambos en una audiencia confidencial.
En cuanto a la madre de M., fue detenida e imputada por, al menos, su participación secundaria en la trama. Los investigadores no descartan que haya sido la ideóloga del asesinato.
Las cámaras de seguridad, la mayoría aportada por el club Colón de Santa Fe, son la principal evidencia que demuestra la premeditación de los homicidas.
La baja de la edad de imputabilidad
El caso empujó el proyecto del oficialismo en el Congreso que plantea bajar la edad de imputabilidad a los 14 años.
De hecho, Patricia Bullrich, una de sus impulsoras, recibió en su despacho a la mamá de la víctima, Romina Monzón, y a su abogado, Bruno Rugna.
El gesto anticipó el debate que puede darse en Diputados el próximo 12 de febrero sobre la Ley Penal Juvenil que busca derogar la Ley 22.278, de 1980, y establecer un nuevo marco jurídico a la problemática de los menores en Argentina.

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