
“Me mandé una cagada, me busca la Policía”. Con esa frase, Rodrigo López le explicó a su primo, a quien no veía hace más de una década, porque había aparecido intempestivamente en el patio de su casa mientras cenaba con su familia. Cuando llegaron los agentes de la Federal que, efectivamente, estaban tras sus pasos por el crimen de Candela Santa María, el sospechoso apuntó la Taurus 9 milímetros contra ellos. En la propiedad había una nena de 7 años y, en ese instante, todos temieron una masacre. Pero el fugitivo dirigió la pistola a su cabeza y se disparó.
Ese fue el acto final de una secuencia que había comenzado en la madrugada de este sábado, cuando Candela, una joven chofer de aplicación de viajes, recibió un tiro que ingresó por su mejilla derecha y salió por su oído izquierdo.
El autor del crimen estaba sentado en el asiento del acompañante del Fiat Cronos que la víctima usaba para trabajar. Solo que esta vez, según quedó acreditado en la causa, no había acudido a esa dirección en busca de un pasajero: la conductora había dejado el celular que utilizaba para los viajes en su casa y, en cambio, tomó su iPhone personal.
Cuando los investigadores llegaron a la escena, primero sospecharon que se había tratado de un suicidio, luego, de un robo: el asesino se había llevado su billetera y su teléfono. Para hacerlo, primero se bajó del vehículo, abrió la puerta del conductor y empujó a la víctima herida hacia al asiento del acompañante.

El cuerpo quedó dispuesto de tal manera que tapaba uno de los principales indicios que llevaron al esclarecimiento del caso: la caja de una Tauros calibre 9 mm, la misma con la que pensaron que López se habría quitado la vida. Claro que el arma no estaba allí, lo que llevó rápidamente a descartar el suicidio. Cuando los peritos retiraron a la víctima descubrieron el envoltorio, sin la pistola.
Para identificar al sospechoso fueron claves dos testimonios. El primero, el de un hombre en situación de calle que presenció la secuencia en su totalidad: vio cuando el Fiat Cronos se estacionó en Coronel Ramos y La Bastilla, en la puerta de una propiedad en la que vivía López y lo observó subir al auto. Luego, escuchó el disparo. Inmediatamente, notó que el acompañante fue sobre la puerta del conductor para, finalmente, escapar corriendo con un arma en dirección a Calderón de la Barca.
El segundo testigo es la actual pareja de la ex cuñada de López, quien reside en la misma propiedad, pero en el piso superior. El hombre, al escuchar una detonación, se asomó por la ventana y vio al acusado escapar armado.
Otro indicio importante fue la existencia de un posteo en redes sociales en el que López ofrecía el arma con la que, posteriormente, habría matado a Candela. Los investigadores creen que la chica había ido a ese lugar para comprar la pistola, pero que algo sucedió en el medio.
Una sospecha que es pudo haber una discusión, aunque un investigador consultado por este medio cree que a López se le pudo haber escapado el tiro cuando le mostraba la Taurus a su posible compradora. Eso surge de la trayectoria del disparo. Lo cierto es que ambos se conocían.
Esta hipótesis se refuerza con posteos realizados por el sospechoso poco después del crimen. “Todos dicen que fui yo el que mató a Candela. Candela era mi amiga”, escribió en su perfil de Facebook.
“Quiero que sepan que yo no tuve nada que ver con lo de Cande”, agregó. “Todos mis vecinos saben que yo trabajaba todos los días, que me iba a las 6 de la madrugada y venía a las 8 de la noche. Con qué necesidad voy a hacer eso que me acusan”, argumentó e insistió: “No me hacía falta robar ni matar a nadie, porque yo tenía lo mío y me lo gané trabajando”.
Todas estas explicaciones se esfumaron con él cuando la Policía apareció en el patio de la casa de su primo y decidió quitarse la vida.
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