
Desde el primer día del juicio por la muerte de Diego Maradona, la jueza Julieta Makintach tuvo una presencia preponderante que la hizo distinguirse del resto de los magistrados que integran el Tribunal Oral en lo Criminal Nº3 de San Isidro. Ella denotaba poder en sí misma. Y su carácter fuerte, además, la ayudaba a sostener esta idea firme sobre su figura. Sin embargo, nada de esto supo transmitir en la audiencia de este martes, cuando definieron suspender el debate oral por un escándalo que la tiene como protagonista y bajo la estricta mira de la Justicia.
Durante toda la jornada, Makintach estuvo con la cabeza baja. Se la vio como avergonzada, apagada, vulnerable. No hizo contacto visual con casi nadie y solo habló una vez, al final de la jornada: “Entiendo la zozobra de todos. Estoy convencida de imparcialidad y no hay sospechas que puedan comprometer mi honor ni prestigio".
La jueza está siendo investigada desde el jueves pasado por romper las reglas del juicio y, presuntamente, autorizar sin el consentimiento de las partes a que dos personas de una productora audiovisual ingresen a las jornadas y graben material para un documental sobre el Diez. Algo que no está permitido: las cámaras y los fotógrafos de los medios sólo a veces pueden entrar a la sala antes de que arranque la audiencia y, luego, deben retirarse para que inicie el debate.
El tema escaló entre el viernes pasado y este lunes con dos testigos que declararon en el expediente que investiga la fiscal Carolina Asprella del área Criminal de San Isidro y que acreditaron parte de las sospechas. A eso se le suma que ya se recabaron algunas pruebas que “no son alentadoras”, según afirmó el fiscal general adjunto Patricio Ferrari, a cargo de la acusación en la causa por la muerte de Maradona.

En este contexto, era sabido que la audiencia de este 20 de mayo sería fundamental tanto para la continuidad de Makintach en el tribunal como del proceso en sí mismo. Y toda esa presión, preocupación e incertidumbre se notó en la cara de la magistrada desde que puso un pie en la sala de debate, donde todos la esperaban parados y de frente al estrado, como indica el protocolo.
La secretaria del tribunal le abrió la puerta a los jueces pasadas las 11 y Makintach entró primera. Automáticamente, todos los presentes posaron sus ojos sobre ella, la verdadera protagonista de esta jornada. Gianinna Maradona la siguió atentamente con la mirada hasta que se sentó. Jana hizo lo mismo.
Sin embargo, a diferencia de todas las veces anteriores, la magistrada que siempre había entrado al salón erguida, con la vista hacia el frente y una sonrisa, esta vez lo hizo seria y mirando al suelo.
Hasta casi el final, nunca levantó la cabeza. Y todo lo que ocurrió de ahí en más lo escuchó con sus ojos puestos en su escritorio. En contraparte, se notaba cómo sus colegas de tribunal, los jueces Maximiliano Savarino y Verónica Di Tomasso, sí miraban a cada uno que pedía la palabra para formular sus planteos.

Para quienes la ven en el marco de este juicio dos veces por semana, Makintach estaba claramente apagada. Además de su actitud, este martes también se notó que eligió vestirse de una forma mucho más sencilla que el resto de las audiencias, en las que siempre lucía trajes llamativos y elegantes. Bajó el perfil.
La jueza investigada parecía avergonzada, tímida. Evitaba llamar la atención. Lo que sí era evidente era que no quería hacer contacto visual con ninguno de los presentes porque, probablemente, se sentía juzgada.
En una metáfora se podría decir que la jueza por un rato “invirtió los roles” con los verdaderamente juzgados en esta causa. Como la imputada Agustina Cosachov, quien estaba sentada en la primera fila, justo frente a ella. Makintach evitó mirarla a la cara, a pesar de que hace dos semanas la interrogó de una manera que le valió un pedido de recusación, cuando la psiquiatra había pedido voluntariamente ampliar su declaración.
Ese interrogatorio a Cosachov fue un precedente que alertó a las partes sobre el desempeño de la jueza, ya que varios defensores, abogados querellantes e incluso la Fiscalía percibieron que la magistrada la había acorralado con sus preguntas, como si ya tuviera un preconcepto de ella.

Por qué levantó la cabeza sonriente
Makintach solamente levantó la cabeza una vez y fue para asentir cuando uno de los abogados defensores deslizó que no podía pedir la recusación porque aún no había elementos suficientes para probar la acusación contra ella.
“Coincido que es un hecho de gravedad institucional. Lo de la audiencia (del jueves) ha resquebrajado los cimientos de este debate, pero no me puedo expedir sobre una recusación en base a rumores", dijo el defensor Nicolás D’Albora, representante de la coordinadora de la prepaga.
Makintach quizás lo leyó como una suerte de apoyo. Y por eso, en ese momento, levantó la cabeza sonriente, miró todo en un paneo general mientras asentía y volvió a poner sus ojos en el piso. Antes de finalizar, la jueza pidió hablar ante los presentes: “Voy a dar las explicaciones del caso. Para denunciar a un juez hay que tener motivos fundados”, dijo.
Luego agregó: “Ojalá alcance a dar las razones del caso. En caso de que haya algo que esté en peligro, quizá sea yo la que me aparte. Necesitan las pruebas y las razones para fundar”.
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