
Eduardo Héctor Chantada, un abogado de 55 años militante de La Cámpora, fue ejecutado de un tiro en la nuca en febrero de 2021 en una casa de la zona platense de Villa Elisa. El crimen despertó una serie de sospechas en base los vínculos políticos de la víctima, incluso, se pensó en la posibilidad de que haya sido un ataque sicario. Y, entonces, hubo llamadas de figuras políticas a los tribunales de la capital provincial. Sin embargo, esa hipótesis perdió fuerza en el escritorio del fiscal Juan Cruz Condomí Alcorta: entendió, rápidamente, que se trataba de un robo fallido, aunque matar en un asalto de un disparo en la nuca es, al menos, infrecuente.
Del relevo de cámaras de seguridad en la zona, el fiscal obtuvo una prueba clave: un video que mostraba a dos sospechosos a bordo de una moto en la esquina de las calles 28 y 409, a poca distancia de la casa que ocupaba Chantada. Ni siquiera era suya, sino de un amigo. Al llegar para pasar el fin de semana, el abogado dejó abierto el portón. Por allí, precisamente, pasaron los delincuentes.
Tiempo después, Condomí Alcorta logró arrestar al primer sospechoso. El miércoles pasado, más de cuatro años después del crimen, cayó el segundo.
La División Investigación Federal Fugitivos y Extradiciones, el área de Interpol de la Policía Federal Argentina, notificó al fiscal que John Williams Andreolo Espíndola, nacido en 1988 en Uruguay, fue capturado en Montevideo por el asesinato criminis causa del abogado. Según la acusación en su contra, asesinó a Chantada para encubrir el robo.
Los detectives uruguayos sabían que Andreolo Espíndola había cruzado a bordo de un ferry de vuelta hacia su país, donde tenía antecedentes menores por robo y daños. Una publicación zonal delató su presencia en el departamento de Maldonado. Así, le siguieron el rastro. Y lo capturaron. Su extradición fue requerida por el fiscal platense en un plazo de 40 días.
Sin embargo, para Condomí Alcorta, confirmar el nombre real del acusado de matar de un tiro en la cabeza al abogado fue lo más difícil de todo.
¿Cómo se llama el asesino?
En el país, Andreolo se movía con al menos tres alias: “Diego González”, “Diego Espíndola” y “Ariel T.”, una identidad usurpada, que corresponde a un docente universitario porteño de 37 años.
La prueba en el expediente es notable, con seguimientos de cámaras y la declaración de una veintena de testigos, entre ellos uno de identidad reservada, que marcó a Luis Benítez, el cómplice del hampón uruguayo.

Otra mujer mencionó a “Diego González” junto a Benítez. Ese tal “González” tenía una pareja, una mujer platense. La Policía Bonaerense allanó la pieza donde vivía. Allí estaba, en un cajón, una fotocopia del DNI del docente de Ariel T., pero con la cara de Andreolo.
La novia platense de Andreolo declaró en la causa. Para ese entonces, se había separado hacía 10 meses del acusado, tras varias situaciones de violencia de género.
“Yo lo conocí como Diego Espíndola”, aseguró. Incluso, dijo haberlo visitado cuando estuvo detenido en la Alcaidía N°9 de la zona, “porque estaba preso por robar para comprar droga”.
“Me llamó la atención que me dijo que me anuncie que iba a visitar a John Williams”, reveló por ese entonces. El tal John Williams resultó tener una ficha a su nombre en el Servicio Penitenciario Bonaerense. Ese desliz era todo lo que el fiscal necesitaba.
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