
Fabio Gerez (29) era un padre trabajador, pero tenía mala junta. En su barrio, Villa Fiorito, lo conocían como “Peluche”. Lo asesinaron el 9 de abril de 2023 y su caso es un misterio, por varias razones: nadie sabe quiénes y por qué lo mataron, ni tampoco qué hay detrás del pacto de silencio que hicieron sus amigos, principales testigos del crimen.
Ese domingo fatídico de otoño, “Peluche” le había dicho a su esposa que se iba a tomar una cerveza. Se juntó con otros cuatro hombres en la esquina de Plumerillo al 1400, a unas 10 cuadras de la casa donde nació Diego Armando Maradona.
La ranchada de esa tarde también incluyó cocaína. La familia de “Peluche” no sabía que era adicto. Fue un dato que se conoció recién en diciembre de 2024, con los resultados de la pericia química que le practicaron a su cuerpo.
Todo era risas hasta que en la esquina donde paraba el grupo de amigos frenó un Toyota Etios de color blanco, y empezaron los balazos. El único testigo que tiene la causa judicial llegó a contar siete detonaciones. A Gerez lo alcanzaron dos disparos.

Este testigo es un hombre que vive a pocos metros de la escena del crimen. Al escuchar el tiroteo salió de su casa y vio a dos sicarios. Según describió ante la Justicia, alcanzó a observar el momento en el que se subían al auto y escapaban. No logró aportar ningún dato que permita identificar a los criminales, ni tampoco al modelo del vehículo, que se esclareció más tarde con cámaras de seguridad.
Este mismo vecino es quien subió a Gerez a su auto y lo trasladó al hospital donde finalmente falleció.
“Tuvo mala suerte”
Los peritajes posteriores permitieron determinar más detalles de la balacera. El par de sicarios habría bajado del Toyota Etios para disparar a quemarropa contra todo el grupo.
“La víctima tuvo mala suerte, todos salieron corriendo y él se quedó atrás”, describió una fuente del caso a Infobae.
Es que “Peluche” no tenía antecedentes penales, grandes deudas, o enemigos. En los casi dos años que lleva la investigación no se encontró ninguna motivación sólida para explicar el homicidio. Todo apunta a que lo mataron por error.
La fiscal Carla Furingo, titular de la UFI N°1 de Lomas de Zamora, citó a declarar a familiares y testigos del hecho. Ninguno de los cuatro amigos que estaban en aquella esquina de la calle Plumerillo se presentó ante la Justicia. Fueron convocados varias veces, pero jamás colaboraron.
Ese pacto de silencio encendió las alarmas de los investigadores. Revisaron sus antecedentes y encontraron que al menos tres de ellos tienen imputaciones por robos y hurtos. Ninguno posee un perfil de “delincuente pesado”, pero no se descarta que el verdadero destinatario de las balas que mataron a “Peluche” fuera, en realidad, uno de sus amigos.
¿Se metieron con alguna banda de la zona para conseguir droga? ¿Recibieron cocaína a cambio de algo y no cumplieron? ¿Fue un ajuste de cuentas narco? Son preguntas que orbitan alrededor de la investigación, pero que no encontraron respuestas aún.
Las sospechas sobre el entorno de “Peluche” crecieron aún más cuando la Policía Bonaerense los buscó en el barrio y no pudo encontrarlos. Los vecinos dicen que tampoco los volvieron a ver desde el día del crimen.
Sin sospechosos identificados -ni siquiera se pudo distinguir la patente del auto de los sicarios-, la investigación parece haberse enfriado.
El esclarecimiento del crimen de “Peluche” hoy depende de las tareas de inteligencia que llevan adelante los agentes de la DDI de Lomas de Zamora. Por ahora, su caso sigue siendo un misterio absoluto.
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